sábado, octubre 02, 2004

Sabritas, 100 por ciento gringas

Globalizas o globalizas

Mira a todo el mundo
comiendo sus Sabritas
son las papas fresquecitas
las papas con sabor sin igual,
sensacional.
Ricas doraditas,
crujientes saladitas,
las papas de Sabritas
se comen con placer sin igual
y sin parar.
A que no puedes comer solo una,
a que no puedes comer solo una,
Sabritas papas Sabritas,
a que no puedes comer solo una


El jingle fue popular en la década de los setentas y era un llamado a comer botanas, que en mi caso, no era común cuando niño, era si acaso, un gusto dominguero o finsemanal que invariablemente estaba asociado con una visita a la tienda de "doña Lencha" con mi abuelo, que a su vez traía algunas copas o cervezas de más, cervezas es lo correcto.



Admito que era un verdadero placer seleccionar, o Ruffles o Sabritas, mis preferidos eran los Ruffles, que la bolsa, muy pequeña respecto a los megatamaños que ha obligado la mercadotecnia de hoy en día, era de un azul que me llamaba la atención.

Después los productos de Sabritas fueron muy comunes para mí, tomando en cuenta que en casa se mantuvo una tienda de la cual fui "empleado de confianza".

El caso, es que a raíz de ese detalle, la mercadotecnia "empírica" fue una materia que veía pasar día a día, en el cambio mínimo de una envoltura, en los nombres de empresas que aparecían como fabricantes de los productos, en los nuevos sabores y en la presentación u ofertas a nosotros, los pequeños expendedores.

Vi la expansión de Barcel a principios de los ochentas y a su vez la de Ricolino en la zona del Golfo, como brazo salado y dulce de la empresa Bimbo, vi cuando Sabritas se sacó de la manga a Sonric's y su desagradable mascota, el maguito del mismo nombre en 1986.

Fui testigo del discreto cambio de la cara sonriente de Sabritas y cuando abiertamente se declararon propiedad de la trasnacional Pepsico Inc, dueños de la Pepsi Cola, de los cambios de colores, de cómo multiplicaron los productos con nombres extraños como "Crujitos", "Cheetos", "Nachos", "Pizzerolas", lejanos a los conocidos "Ruffles", "Doritos", "Fritos" y "Sabritones".

Todo desde un mostrador y curioseando atentamente en los empaques, en los colores y en lo que los niños poco entienden, la despiadada competencia que existe entre las empresas de botanas y refrescos.



(También fui, como muchos, testigo de la campaña publicitaria a principio de los noventa que puso al cantante puertorriqueño Luis Miguel enamorar a una papa -para aborrecerlo- y a la asquerosa promoción que mezcló las frituras con la fe de la gente durante una de las visitas del papa Juan Pablo II a México)

Sabritas, de acuerdo con su página institucional, nació hace 63 años ideada por el señor Pedro Marcos Noriega, quien comenzó en negocio de las frituras, saladas y dulces.

La empresa, con nombre sustraído de la combinación "sabrosas botanitas" dejó de ser, estrictamente mexicana cuando Pepsico la compró en 1966, y se mantuvo como Sabritas pese a que la tendencia fuera llamarse Frito Lay, como sus hermanas del norte.

Hasta hace poco, Sabritas se hacía llamar una empresa 100 por ciento mexicana, y hoy sentí una sensación desagradable al ver que las papas fritas que comía, a propósito de acompañar a una cuba, eran importadas de Estados Unidos.

El vicio de ver marcas y textos de las bolsas y envases ha disminuido a razón de la multiplicación de productos, pero fue decepcionante, por razones que desconozco, saber que estaba comiendo unas Sabritas gringas.



Me pregunté, si, como decenas de empresas lo hacen, Frito Lay, Pepsico o la misma Sabritas, envían dotación de frituras a los soldados estaodunidenses que invaden diversos territorios en el mundo, pensé por un momento, que quizás la Sabritas "mexicana" hace raciones para los gringos también y para las empresas que distribuyen alimentos a los miembros del US Army. No había razón para pensarlo, pero... la cuba, el nacionalismo, acaba de terminar septiembre, la nostalgia de adquirir unas Sabritas con dinero de mi abuelo... qué se yo.

Dura conclusión la que debo tener y admitir para aceptar la globalización insensible y la invasión de productos gringos. Quizás en el futuro, no muy lejano, los refrescos Pascual estén fabricados también en Estados Unidos... o los Jarritos.
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