sábado, septiembre 17, 2016

Dos días con “El Divo de la Avenida Juárez”


De sus canciones sacan el adiós

  • Dan miles de fans una despedida con "Amor eterno" a Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes que se convierte así en el escenario mayor de su obra y en un mausoleo temporal


Ciudad de México.- Parecía que todo sería fiesta, más que el casi novenario, era un jolgorio sin forma que duraba horas a un costado de lo que es temporalmente un enorme mausoleo de mármol, sin embargo, las primeras notas de "Amor eterno" tocadas por el mariachi “De mi tierra” y luego la voz del tenor Fernando de la Mora, voltearon las sonrisas y apachurró los corazones de miles de personas que esperaban entrar al Palacio de Bellas Artes. El mismo Juan Gabriel había escrito el "adiós" preferido de sus fans.

Aunque las cenizas fueron depositadas en el vestíbulo principal del recinto cultural, el afecto, admiración y homenaje está y estuvo afuera, donde la gente desbordó las principales calles del centro de la capital mexicana.

Por el centro de la Alameda no hubo orden musical en lo que era fiesta durante las horas previas a la llegada de las cenizas, los temas del Divo de Juárez iban de los años 2000 a los ochentas, paseaban por los temas noventeros de telenovela y regresaban a los setentas. De "Querida" a "Abrázame muy fuerte", de "No tengo dinero" a "Hasta que te conocí"; sonó el mariachi, la balada, el rock, el country y cuando la gente más alegre estaba recordaban la muerte del Divo con "Amor eterno" y más de uno o una soltaba el llanto.

La popular manifestación estuvo vigilada por más de 2 mil policías, protegida por kilómetros de vallas metálicas y narrada por unos 300 medios nacionales y extranjeros acreditados.

Había gente de McAllen, de San Diego, de Guadalajara, Mérida, Toluca, Veracruz, de todo su "México querido" formando dos prolongadas filas, cargando flores, discos viejos y nuevos, fotografías vi más y nuevas, mensajes improvisados, poesías, canciones dedicadas y hasta una serie de Lotería Nacional dedicada a Juanga que en sí ya era un premio.

No faltó la vendimia pañoletas con fotos del hombre de Parácuaro, Michoacán, periódicos, revistas, pósters, discos piratas con más de 130 canciones y USBs de 30 pesos con toda la discografía de Juanga.

El Palacio de Bellas Artes, que más que bellas eran vallas, fue un fuerte impenetrable con filtros policiacos innecesarios que sólo atestiguaban a hombres y mujeres entre los 30 a 40 años en promedio, que no dejaban de presumir haber ido a un concierto, a 20 conciertos, a tener un disco autografiado, a haber dialogado con él o incluso haber cantado con él.

Entre fans "comunes", aparecían repentinamente imitadores que hacían nudo las filas y se daban vuelo arrastrando las notas de clásicas como "El Noa Noa", "Yo no nací para amar", "Siempre en mi mente" o "La Farsante" sin importar el ronroneo de los helicópteros que daban vueltas incansablemente a la Alameda.

Hubo un último momento de alegría aún sin tocar, cuando llegaron las cenizas en una carroza manejada por un Eje Central completamente bloqueado, dentro los restos de Juan Gabriel recibíeron aplausos, vivas y porras antes de ingresar por uno de los accesos a Bellas Artes.

Entonces apareció el mariachi, la voz de De la Mora, "Amor eterno" y comenzó la nostalgia y a entender conscientemente que Juan Gabriel está muerto y que esto lleva a la tristeza a la que tanto le cantó; y luego, Aída Cuevas con la voz quebrada interpretó "Te lo pido por favor" y contagió su ánimo causando el enrojecimiento de ojos o el llanto inocultable de aquellos hombres y mujeres atrapados en el cancionero de Juanga.

Y luego la fila se movió y dentro del Bellas Artes, que lo había recibido con llenos totales en 1990 y 1997, nuevamente se abría para él y su música, pero sin su presencia y voz, convirtiéndose temporalmente en una urna ardiente que recibirá a sus fans hasta este martes,

Ahí, al centro del vestíbulo principal sobre una columna de piedra negra fue depositada la urna de madera que luce una Virgen de Guadalupe,  las siglas de su nombre A. A. V. y un par de cifras: 1950 2016.

Sobre la alfombra roja sus amigos y colegas hicieron guardias de honor mientras la gente, calculada en unas 500 mil personas, comenzaba a desfilar lanzando una pequeña oración apenas audible, un beso o una despedida.

Afuera, el show continuaba, un mar de personas caminaba por la Avenida Juárez y se marchaban, pero su gente, sus miles de fans, extraían los trozos más tristes de las canciones de Juan Gabriel para decirle "adiós".


Homenaje eterno

  • La música de Juan Gabriel volvió a estremecer a sus fan que no dejan de mostrar su admiración y afecto en un desfile interminable; esperan horas para rendirse al Divo por unos segundos


Ciudad de México.- Detrás de la urna de Alberto Aguilera Valadez el vestíbulo se parte en dos en una “Y” que por un momento se convierte en un pedestal de mariachis, inicia así el segundo día del homenaje que arrancó la tarde del lunes y que parece que no tiene fin.

Han pasado unas 18 horas desde los primeros homenaje espontáneos y la fila de fans ha esperado de madrugada, bajo el frío de la noche entre las calles del centro capitalino y entre los árboles de la Alameda.

El desfile de admiradores continúa acompasado por grabaciones de la música y actuaciones que suenan en bocinas oficiales y no oficiales, pero ahora regresa la música "en vivo".

El Mariachi Gama 1000 aparece vestido de negro y plata sobre las escalinatas y sus cantantes bajan a la alfombra roja frente a las flores que ha mandado la Presidencia.

Seis violines rompen el rumor del Palacio de Bellas Artes con las notas iniciales de "La muerte del Palomo", cantan de abandono, de llanto y de muerte y después una versión ranchera de "Abrázame muy fuerte".

La frase "que nunca volverás" de "Se me olvidó otra vez" los músicos vuelven a mover sentimientos de los fans que no sólo están pasando frente a las cenizas de Juanga, afuera también se puede ver en pantallas gigantes lo que ocurre en el enorme palacio.

"Yo me estaría toda la vida, siempre a tu lado", el Gama 100 convierte el bolero "Si quieres" en una melancólica súplica para después hacer una pause y los violines vuelven a estremecer con el arranque de "La diferencia".

Terminan el primer lote de temas de Juan Gabriel tocando y cantando "Amor eterno", que se ha convertido en el himno de la ceremonia y la pieza preferida para decirle "adiós"al Divo de Juárez y otra favorita de los fans: "Te sigo amando".

Así, con el mariachi que le dio múltiples éxitos al michoacano comenzó otra maratónica jornada en el segundo día de un homenaje pocas veces visto en México.

"¡Viva Juan Gabriel!", "¡Nunca vas a morir Juan Gabriel!", "¡Adiós Juan Gabriel!", le gritan voces femeninas en el vestíbulo y su eco retumba en la gran bóveda de mármol. Ha valido la pena la espera de horas para esos segundos que pasan frente a la urna y que en varias ocasiones son rotos por las voces de oficiales de la Policía Federal que les ordenan "¡Avancen por favor!".

Afuera, en el templete metálico instalado frente al Palacio, la Orquesta Sinfónica del Estado de México afinaba instrumentos, mismo lugar donde la noche del lunes, estrellas como Lucía Méndez, Pablo Montero, Aída Cuevas y Fernando de la Mora habían hecho recordar los temas del creador de "Querida", igual que los músicos y coros de Juan Gabriel y el Mariachi "De mi Tierra" que acompañaban al cantautor en sus shows.


Se previó que el homenaje concluyera a las 19:00 horas podría extenderse hasta que el último fan salude las cenizas del Divo.

Crónicas publicadas por Diario El Mundo los días 6 y 7 de septiembre de 2016

domingo, mayo 01, 2016

Les Luthiers, homicidas en potencia

Les Luthiers, otro triunfo del humor musical.

Fueron cuatro presentaciones las de Les Luthiers en su última visita a México y el saldo no puede dudarse, hubo muchos muertos de risa que registrados en las butacas llenas del Auditorio Nacional de la CdMx y el Auditorio Telmex de Guadalajara.

Ahí, los fans y quienes apenas los descubren, sufríeron de ese rictus de no soportar más las carcajadas en la garganta, que luego de la risa general obliga a algunos a cubrirse el rostro para no exhibirse mientras más de una lágrima se desborda, síndrome inequívoco de la agonía por exceso de gracia.

Desde su aparición en el escenario que desata la emoción hasta el llanto disimulado de los Lesluthierófilos hasta el ya clásico número "fuera de programa", los seis actores, cantantes, músicos, poetas y locos dominan el escenario para divertir sin límites.

No es necesario conocer a profundidad la obra de Les Luthiers para disfrutar de la inteligencia, la maestría y el humor de los argentinos.

Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés, Martín O’Connor y Horacio "Tato" Turano mantienen la esencia inalterable del grupo creado por Gerardo Masana en 1968, música de altos vuelos, dominio de los géneros, un manejo incomparable del idioma y una actuación impecable.

El contenido

Manuel Darío sin Daniel Rabinovich no es tan estúpido, pero sí salva su pellejo en Martín O’Connor que nos hace olvidar al extinto Daniel con una voz de tenor que arrebata el aplauso del público.

"Nosotros somos los padres de Manuel Darío",
dice Mundstock abrazando a Marona,
mientras la madre, Núñez Cortés, espera por su diálogo.
Pero, el eje de "¡Chist!", título del programa que trajeron a México, es "La comisión (Himnovaciones)", un número dividido en cuatro actos que sintetiza actuar de los gobiernos latinoamericanos a través de dos políticos que encargan a un músico popular la actualización del himno nacional, no dicen qué país, pero sí evidencian que se trata de uno sudamericano (los noruegos (arriba), nosotros (abajo).

"- Sr. presidente, nos sentimos honrados.
- ¿Honrados?
- Es cierto, qué sensación tan rara". 

Pasan por "La bella y graciosa moza" donde Mundstock pierde todo el orden de una historia medieval pasada por agua y trepada en un abedul y por "Solo necesitamos", un reclamo ecológico desorientado cantado en un árbol convertido en guitarra.

Detonador de "genios", "maestros", "bravos" y muchos aplausos es "La hija de Escipión", donde Turano levanta la voz en honor al desaparecido Daniel, que es extrañado en "El bolero de los celos".

Con música barroca y "religiosa" desarrollan el "dubidubidú" de la "Educación sexual moderna" dedicada a Santa Frígida, que es invocada por un atormentado Carlos Nuñez y en "La redención del vampiro salvan a un chupasangre viudo lleno de luces LED con una exquisita pieza dedicada a Transilvania, versión cumbia.

"- ¿Sois músicos?
- Sí, somos musicois
- ¿De qué grupo?
- De Les Luthiers
- No, de qué grupo sanguíneo."

El "Encuentro en el restaurant" regresa "Tato" Turano a platicar con una silla vacía y finalizan con los dos más serios del grupo, el experto en cuerdas Jorge Maronna y el director de orquesta Carlos López Pucció cantando un rip al rap titulado "Los jóvenes de hoy en día", donde exhiben que aún queda vitalidad por encima de los 67 años.

El remate fuera de programa es "Rhapsody in balls" donde el virtuoso piano de Núñez Cortés reta a Maronna a seguirlo en el "bolarmonio", un estrambótico instrumento compuesto de 18 pelotas de volibol a manera de teclado que al ser oprimidas hacen sonar lengüetas de armónica.

Merece mención aparte un personaje cuyo nombre levantaba la ovación del público y el grito de más de un admirador. Cada que Mundstock pronunciaba a "el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, era necesaria la pausa para el desahogo del "respetable", hasta que el relator tenía que reiniciar la lectura diciendo "el célebre compositor… antes mencionado"… entonces podía continuar el show.

LesLu con el bolarmonio.
Cientos de los muertos de risa se recuperaron al final con un aplauso que, aunque dentro del cliché, hizo que auditorio se viniera abajo mientras los artistas salían una y otra vez con la humilde caravana de quien se sabe gran artista.

Les Luthiers vino nuevamente a México para confirmar que han elevado el virtuosismo del humor a una escala inalcanzable y que no hay nada mejor para acompañarla que mucho conocimiento musical y seis comediantes, si no es que payasos, pasados de maduros envueltos en un frac.

Publicado en el diario El Mundo el 13 de abril de 2016

miércoles, marzo 02, 2016

100 yardas de película

Aquí, poquito más de 50 cintas relacionadas con el deporte de las tacleadas, todas bajo apuntes frente a la pantalla...

Mucho antes del primer Super Bowl, desde los tiempos del cine mudo, la pantalla grande ha mostrado esa particular cultura alrededor del futbol americano… 

PRIMERA MITAD

Si usted se imagina que un jugador corre con el ovoide en las manos a toda velocidad, pero en cámara lenta para hacer un touchdown, estará dándole vida a una de las escenas más recurrentes en las películas sobre futbol americano. Un cliché que termina con un héroe o un villano.
El deporte de las tacleadas se ha vuelto un género con el paso del tiempo y explica mucho de la cultura que hay alrededor del balón ovalado; hay violencia, fe, esfuerzo, competencia, lluvia, amarguras, dolor, amor, logro, sudor, camaradería, trabajo de equipo, nieve, espectáculo y muchos stunts…  
Todas las cintas que se enumeran a continuación están disponibles para verse en internet, en servicios de paga y extraoficiales y como otro cliché, muchas de ellas advierten que se trata de una película “basada en hechos reales”.

Jugada explosiva
Nada mejor que un campo de futbol americano para causar psicosis a miles de aficionados. Un francotirador se trepa al pebetero del Memorial Coliseum de Los Angeles mientras juegan Baltimore vs  Los Angeles, su intención es eliminar aficionados de uno por uno. (Two minute warning, 1976). Algo muy parecido ocurre cuando a los terroristas van a Miami mientras en el campo los Pittsburgh Steelers y Dallas Cowboys se disputan el Super Bowl X (Black Sunday, 1977). Nada mejor que ver como cae el dirigible de la Goodyear en el Orange Bowl al ritmo de la música de John Williams.
También un desquiciado abre fuego en el Coliseum de LA lleno mientras Bruce Willis (con cabello) busca malosos (The last boyscout, 1991).

Juego de niñas
Todo parece que empezó en los ochentas, cuando Helen Hunt se vuelve el activo principal de su equipo los Grizzlies (Quaterback princess,1983) y Goldie Hawn como Molly McGrath se enfrenta a su propio equipo, los Wildcats, comandado por un joven Wesley Snipes (Wildcats, 1986).
La fuerza femenil se transformó en poder ejecutivo con Cameron Díaz cuestionando a Al Pacino como el coach de los Miami Sharks en la cinta de Oliver Stone (Any given sunday, 1999) y se volvió cosa de niñas en el nuevo siglo; primero cuando la pequeña Peyton modifica la vida del estrella de los Boston Rebels Joe Kingman, encarnado por Dwayne “The Rock” Johnson (The game plan, 2007) y después cuando Keke Palmer, haciéndola de la puberta Jasmine es la mariscal de campo de un equipo varonil mientras es dirigida por Ice Cube (The Longshots, 2008).

No Falta Lana (NFL)
Si por algo se caracteriza la National Football League (NFL) es por demostrar su poder económico, sea en las nóminas de los equipos o el costo de los derechos de transmisión por TV, en el cine se exhibe igual: Kevin Costner mueve mar y cielo para los Cleveland Browns en la modernizada esclavitud que representa el draft, la compra-venta de jugadores (Draftday, 2014), en el mismo sentido de negocio Tom Cruise cuida de su representado Cuba Gooding Jr. (Jerry Maguire, 1996).
La mercadotecnia ya la refleja de alguna manera George Clooney y Reneé Zellweger en los principios del siglo XX (Leatherheads, 2008) y ni dudarlo en cómo se construye ese ritual de la TV que son los “Lunes por la noche” (Monday Night Mayhem, 2002) que es la última oportunidad para los apostadores como Al Pacino y su alumno Matthew McConaughey (Two for the money, 2005).
Pero, sin dudas, donde el dinero es factor de polémica por sobre la salud de los jugadores es en la cinta protagonizada por Will Smith (Concussion, 2015) donde representando al neurólogo nigeriano Dr. Bennet Omalu hace tambalear el sistema de la NFL.

Partidos de risa
Desde los inicios del cine, el futbol americano es motivo para hacer comedias y pocos como Harold Lloyd corriendo el balón (u olvidándolo) en pleno emparrillado, con más ganas que talento que incluye, quizás, ese cliché donde un jugador avanza hasta la zona de anotación para volverse héroe, sin decir una palabra (The freshman, 1925).
El futbol también puede ser motivo para historias hilarantes. Groucho, Harpo, Chico y Zeppo, los geniales hermanos Marx hacen ganar un juego al Colegio Huxley entre escenas absurdas que incluyen un touchdown sobre un carro jalado por caballos (Horse Feathers, 1932).
¿La muerte puede ser divertida? Sí. Warren Beauty interpreta a un quaterback de LA Rams que muere, pero la burocracia celestial le permite regresar y buscar un cuerpo que le permita estar en el Super Bowl (Heaven can wait, 1978), no tan divertido, pero con muchos fans, Adam Sandler deja las garrafas y se pone el casco de los Mug Dogs para volverse héroe (The Waterboy, 1998), tan héroe como los pequeños Giants de Urbania dirigidos por Rick Moranis, siempre opacado por su “hermano” Ed O’neil (Little Giants, 1994), una historia al estilo Disney que no es de Disney.
Pero no llega a la sátira encabezada por David Koechner como el extrovertido y espontáneo coach de los  Heartland Comebacks Lambeau Fields le da otra dimensión al futbol americano (The comebacks, 2005)
En México también se cuecen habas. Las habilidades de Adalberto Martínez “Resortes” bailando a ritmo de Pablo Beltrán Ruiz y de Andy Russell cantando  cha cha chas se muestran con la excusa de ver a los Pumas y los Burros Blancos en Ciudad Universitaria (Viva la juventud!, 1956 - así, con un solo signo de admiración).
Poco después, el genial Germán Valdés “Tin Tán” es es metiche de Casimiro que disfruta el clásico Poli-UNAM al ritmo de la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz (Paso a la juventud, 1958).

Dios es el balón
Una constante en las cintas sobre futbol americano es la fe, hay una insistecia constante en llevar a Dios al emparrillado.
Uno de los introductores de este deporte a México fue Lambert J. Dehner interpretado por Joaquín Cordero haciendo jugar a Julio Alemán mientras narra Jorge “Sonny” Alarcón, Angel Fernández y Pedro “Mago” Septién (Juventud sin Dios / La vida del padre Lambert, 1961).
Como  el entrenador Grant Taylor, Alex Kendrick nomás no da una entrenando a las Aguilas de la Academia Cristiana de Shiloh, pero Dios mediante, consigue un campeonato y  un hijo (Facing the Giants, 2006). Igual ocurre con el equipo de la escuela Santo Tomás de Canton, Ohio, donde con fe se superan las crisis (Underdogs, 2013).
La fe de Sean Astin, encarnada ahora en el predicador Hank Erwin lleva a hacer muchas conversiones para los Coroneles de Woodland y no en puntos, sino religiosas. (Woodlawn, 2015) y también la oración hace que la muerte de un joven haga que un jugador, el equipo y la afición de los Diáconos de Wake Forest lo adopten como ángel de la guarda  (The Fifth Quarter, 2010). 


SEGUNDA MITAD

Del dolor al touchdown

El emparrillado es el espacio propicio para que la tragedia y la gloria se junten.

El futbol americano es uno de los deportes preferidos de los productores de cine para llevar el deporte a la pantalla grande; se puede decir que es un género que no se mide en 24 escenas por segundo, sino en un campo de 100 yardas durante dos horas.
En muchas ocasiones, las cuatro oportunidades de un down, reflejan la estructura de una película:  tienen introducción, desarrollo, clímax y desenlace… y un primero y diez…

Sangre, sudor y muchas lágrimas
Fracturas, raspones, contusiones, comas, agresiones fuera del campo, racismo y muertos es lo que deja como saldo un buen número de cintas sobre futbol americano.
A veces, no todo el esfuerzo físico alcanza. En Odessa, Texas, donde todo se reduce al campo de 100 yardas , su equipo escolar, las Panteras de la escuela Permian dirigidas por Billy Bob Thornton (el coach Gaines) sufren de todo para llegar a una final escolar que se disputa en el Astrodome (Friday Night Lights, 2004). Todo queda en enseñanza, fracturas y reencuentros.
Pero, el drama puede ser social. Ambientada en los 60, como el entrenador Herman Boone, Denzel Washington supera las barreras raciales al hacerse cargo del equipo de Alexandría, Virginia. Con el patrón de Disney, la cinta pinta como los odios se transforman en amores entre jugadores y fans de distintas razas (Remember, the Titans, 2000).
El conflicto social también está presente en la vida de Ernie Davis (The Express, 2008), la dramática historia del joven que escapaba de los niños blancos en los años 40s para evitar que lo golpearan y se volvió golpeador profesional con el balón bajo el brazo en los años 60s. Pese a ser el primer jugador “de color” en obtener el trofeo Heisman y ser firmado por los Cleveland Browns su muerte por leucemia impidió que jugara un solo partido en la NFL.
El cáncer también evitó que Brian Píccolo interpretado por James Caan continuara su carrera en los Chicago Bears (The Brian song, 1971). En la cinta, Caan es acompañado de Billy Dee Williams, más famoso por su papel galáctico como Lando Calrissian). El rapero 50 Cent, como el talentoso corredor Deon del equipo colegial Lakers (All Things Fall Apart, 2011), también ve truncada su carrera de estrella por el cáncer.
Una mala jugada al corazón del coach Bob Ladouceur, interpretado por Jim Caviezel, es factor para que se interrumpa la racha de más de 150 triunfos de los Espartanos de Richmond, California (When the Game Stands Tall, 2014)
Pero ¿Qué peor tragedia puede ocurrir cuando cae el avión donde viaja el equipo, directivos y fans? Las secuelas.
Inspirada en el accidente ocurrido al Vuelo 932 de Southern Airways donde viajaban los Marshall Thundering Herd, el drama de la Universidad Marshall apenas se ve superado por un motivador Matthew McConaughey, como el coach Jack Lengyel, que rehace el equipo desde cero y revive el deporte en la institución ubicada en Virginia Occidental (We are Marshall, 2006).
El drama también lo viven los coach, todos los Coyotes de West Caan encabezado por James Van Der Beek (Jonathan “Mox” Moxon) renuncian a ser dirigidos por el dictatorial coach Jon Voight que insiste en seguir siendo leyenda. Ahí exhiben que en Texas, la única ley es el futbol (Varsity blues 1999).
Pero, las tragedias en el americano también son decisión personal.
Nick Nolte, en el papel de Phil Elliott es un rebelde en el equipo North Dallas Bulls en el norte de Texas (North Dallas Forty, 1979). La perdición del jugador es la mariguana, las pastillas y una adicción a los analgésicos, un poco como le ocurre a David Morse, un atormentado entrenador de “six man football”, una variante del juego que pone en la cancha sólo a seis hombres, donde Ryan Gosling no ayuda mucho entre problemas familiares, alcoholismo, una actitud que lo trae siempre con moretones en la cara y viviendo en ambientes regularmente nevados del inexistente poblado de Blue Springs (The Slaughter rule, 2002).
Dos ejemplos de que la esperanza muere al último lo dan Brian Presley y Robin Williams.
Presley es Scott Murphy, un estrella local que no supera su vida tras una fractura que le impidió seguir jugando, pero que en un intento de suicidio revive lo que debió ser su vida en Cold Water, Ohio (Touchback, 2002), mientras que sin sueño de por medio, Robin Williams, como Jack Dundee, desea superar un pase incompleto que lo marcó de por vida en su pueblito de Taft, California en un drama coloreado con mucho humor (The best of times, 1986). En estas dos últimas juegan rol importante las interpretaciones de Kurt Russell.
Aunque de pasadita, un juego futbol americano es un buen lugar para salir de los problemas, como Will Smith que intenta vender un producto financiero a un empresario mientras observan un juego entre los Gigantes de Nueva York y los 49ers de San Francisco (The pursuit of happiness, 2006).

La victoria es lo único
Apelando a aquella frase casi bíblica de Vince Lombardi, que dice que Ganar no es lo importante, sino lo único, no pueden faltar los héroes de final feliz en las cintas de futbol americano, muchos de ellos, llevados a la pantalla desde la realidad.
Sean Astin, salió al emparrillado con problemas de talla (Rudy, 1993), sin embargo,  hace hasta lo imposible por conseguir un espacio en el equipo de la Universidad de Notre Dame, igual hace la proeza Burt Reynold como Paul Crewe (The Longest Yard, 1974) que escapa de los vicios gracias a ovoide, pero no de la cárcel. El bigotón, a quien le quitan el mostacho al ingresar al penal arma un equipo, los Mean Machine para servir de sparring al equipo de custodios de la Prisión Estatal de Citrus, Florida. La historia fue copiada para una versión de soccer en 2001 y la versión de Adam Sandler (The Longest Yard, 2005) que fue una calca, donde también participó Reynolds ahora como el interno Nate Scarborough.
La cárcel también fue el escenario donde Dwayne "The Rock" Johnson es custodio de una cárcel juvenil de Los Angeles (Gridiron Gang, 2006), ahí, "La Roca" aplica el futbol para aplacar la agresividad de los internos ya integrados en el equipo Kilpatrick Mustangs que llegan a la final de una liga californiana.
Otros héroes renacen. Como Quinton Aaron en el papel de Michael Oher, un discreto y tímido joven de Memphis con capacidades fisicoatléticas para el futbol americano (The blind side, 2009). El gigante de color es adoptado por una familia "blanca" que lo lleva al estrellato estudiantil en la Universidad de Mississippi. La película no cuenta que Oher juegó para los Cuervos de Baltimore y las Panteras de Carolina. Multicandidateada para varios premios y con un Oscar para Sandra Bullock.
Igual ocurre con la historia de Vince Papale, protagonizada por Mark Wahlberg (The invincible, 2006). Papale se vuelve la insignia de unas decaídas Philadelphia Eagles en una historia real y pasa de ser un desempleado que a veces ayuda en un bar a el corredor estrellas de un equipo con una racha perdedora.
Dramática resulta la historia de Travis Freeman, una promesa del futbol americano que en pleno ascenso en Corbin, Kentucky, sufre un ataque de meningitis que lo deja ciego (23 Blast, 2014). Pese a ello, Freeman, protagonizado por Mark Hapka, acompaña a su equipo y es incluído en algunos partidos desempeñando la posición de centro.
James Caan vuelve al emparrillado ahora encarnando al coach Sam Winters de la inexistente ESU Timberwolves para dirigirlos a un campeonato en medio de egos, fracturas y abuso de anfetaminas (The program, 1993), la historia de éxito se repite con Keanu Reeves que encabeza a un grupo de jugadores sustitutos (The replacements, 2000) Gene Hackman entra al quite como coach de los inexistentes Washington Sentinenls para que superen una huelga, que sí fue real en la NFL en 1987, para ello, contrata a un grupo de jugadores en transición, encabezados por Reeves.
Cuba Gooding Jr también tiene su historia de éxito (Radio, 2003) en compañía de Ed Harris en el papel del coach Harold Jones. El entrenador adopta a James "Radio" Kennedy, un chico con discapacidad cuya vida se transforma con el futbol de un vagabundo que sufría bullyng a un activo personaje del Instituto T.L. Hanna High School de Anderson, Carolina del Sur.
Triunfadores también los Manassas Tigers de Memphis que son mostrados en un documental como un equipo con poco presupuesto que puede tener grandes alcances (Undefeated, 2011).
Ëxito el de Tom Cruise, un estudiante preparatoriano con muy mala actitud, pero con la ambición de salir de su pueblecito de Pensylvania (All the right moves, 1983). Su comportamiento opaca su talento en el emparrillado que lo margina del equipo Ampipe Bulldogs, donde todo huele a Acereros de Pittsburgh.
Pero el mejor homenaje que puede verse en la pantalla grande es que hace todo el equipo de los Buffalo Bills dirigidos por Jon Voight como el coach Chuck Dichter (Second string, 2002). El entrenador consigue en un momento crítico a un nuevo QB, Dan Heller, interpretado por Gil Bellows, con él, los Bills consiguen el Super Bowl en el Super Dome… pero en la realidad es un homenaje a lo que no han hecho, los Bills nunca han ganado el campeonato de la NFL, pese a haber llegado cuatro veces al "súper domingo".
De pasadita, un héroe en toda la extensión de la palabra es Tom Hanks (Forrest Gump, 1994) que se vuelve un corredor imparable para el equipo universitario de Alabama. 

Regresando al principio
Y de  vuelta a ese cliché donde el clímax de la película se concentra en una jugada vez, pero en cámara lenta ¿Cómo termina la escena del final?
Al terminar la jugada, los oficiales ven que el balón está dentro de la zona de anotación, levantan los brazos y dan el silbatazo final mientras el corredor se incorpora con la cara llena de cal y un poco de pasto en el casco… los héroes abrazan a sus novias, los papás de los héroes lloran y el coach regresa con su ex esposa...

Publicado en Diario El Mundo los días 5 y 6 de febrero de 2015, previo al Super Bowl 50 entre las Panteras de Carolina y los Broncos de Denver.