domingo, junio 29, 2008

La felicidad

Felicidad
1.
f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo.
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad

Uno de los dolores de cabeza de Detocho es la comprensión de algunos términos que mucha gente considera invariables, pero que al ser intangibles, resultan 100% subjetivos y por ende, tienen un valor variable de una a otra persona.

Valientes sin duda son los editores de diccionarios, incluidos los de la Real Academia Española que se aventuran con todos los riesgos de error a buscar definición de todo unilateralmente.
Términos como moral, bueno, malo tristeza o felicidad son abanicos llenos de matices que les damos valores dependiendo cómo nos va en la feria. Definirlos resulta más que imposible, aunque en la generalidad, es obvia la explicación de cada palabra.

Ahora mismo, Detocho admite una "felicidad" desbordada. Explicarla resulta sumamente difícil porque tiene un montón de características llenas de colores, sonidos y sensaciones físicas y emocionales que pocos la entenderían, salvo la persona con la cual Detocho comparte esa felicidad. La definición de la RAE queda corta.
Es curioso cómo la felicidad pone de cabeza al mundo y hace al tiempo elástico (ver post anterior).
Pero, a fin de cuentas, la confusión sigue ahí, en la definición de felicidad. Que no es un término absoluto (aunque en las condiciones de Detocho, basta con levantar el teléfono, marcar el número definido y escuchar entre muchas, una razón de felicidad como puede ser una voz).
Bienestar, sí, es una palabra parecida a lo que se quiere definir como felicidad, una situación de amplio bienestar que incluye sonrisas al por mayor, tranquilidad, despreocupación, y nos metemos al mundo insondable de los suspiros que se rebelan y toman rumbo a un lugar preciso...
Cómo definir felicidad cuando habría que explicar una gracia que enamora, una sonrisa que alegra o unos ojos que transmiten paz...
La felicidad como concepto a definir acarrea, como se ve, varios dolores de cabeza sin duda, y esta observación debería estar incluida en una definición más precisa.

Nota personal: Vivi... una pregunta importante... ¿y la Cheyenne apá?

domingo, junio 15, 2008

Agenda personal









No es mentira, vean ustedes cómo pasa el tiempo...



No cabe duda que es todo un fenómeno emocional.

miércoles, junio 11, 2008

Otros tiempos

De aquellas glorias no queda nada.

Es la extinción de una época. Si quedaba un rasgo de la televisión abierta inteligente, se acabó con la salida de José Ramón Fernández de la tv gratuita.

A propósito de la Eurocopa, y ese apasionante sabor futbolero, el periodista poblano comparte crédito con otros colegas latinoamericanos en la señal continental de ESPN. Es el mismo.

Pero todo viene para preguntar, ¿rumbo a China 2008... qué puede ofrecer TV Azteca, qué puede ofrecer Televisa?

Es lamentable la caída libre de ambas televisoras. Los hablantines a cuadro están muy lejos de ser voces autorizadas y la cultura que exponen se acerca más al humor ramplón de Eugenio Derbez o Daniel Bisogno.

Será toda una tarea del televidente encontrar opciones satisfactorias que igualen a Los Protagonistas (De Tocho se pregunta si será tanta la desfachatez de TV Azteca por mantener ese concepto como descaradamente han mantenido DeporTV) o la reconocidad capacidad de los especialistas de Televisa de hace 20 años.

¿Con quiénes se quedan en la televisión abierta?¿Con el insípido Javier Alarcón?¿Con el infumable André Marín?¿Qué crítica o análisis pueden aportar Martinoli o Rosique? (es útil para el aficionado escuchar una pregunta de salón de secundaria como "¿qué-le-pa-só-a-jua-ni-to?")


José Ramón Fernández y Kike Wolff en un pequeño duelo de cultura general en ESPN.

Con la Eurocopa se está evidenciando la calidad ausente en las televisoras abiertas. Las televisoras van por la fácil, la exigencia está fuera, se quedan con el estudio espectacular, la "tecnología" inútil (¿han visto las ridículas animaciones de Televisa y TV Azteca?), la presunta improvisación de sus cómicos "estrellas", la modelito de moda con playera entallada en espera de aparecer en Maxim, H o Playboy.

Triste panorama para el televidente exigente.

El blog de José Ramón Fernández en ESPN
Sitio de TV Azteca para Beijing
Sitio de Televisa Deportes

lunes, mayo 26, 2008

El doctor Suavecito

De Tocho se considera un beatlémano mesurado. No es fan a ultranza aunque distingue las piezas oficiales de las que circulan desautorizadas en un mercado donde la sacralización de los cuatro de Liverpool es extrema con toda razón, explotada con sus medias tintas y bestialmente disputada como si el recuerdo del grupo y sus grabaciones fuera propiedad de un fan o varios, con todo y derechos de autor... (un verdadero tema el de los fans mexicanos que De Tocho promete opinar al respecto)

De Tocho, siempre objetivo, bullanguero y tropical, jarana en mano ataca intentando tocar las armonías de Blackbird (¿con jarana?... sí, con jarana)... y declara a Paul McCartney como "el Suavecito", a propósito de que le fue anunciado un premio más, quizás uno de los más relevantes que ha obtenido en su vida: el premio Honoris Causa por parte de la Universidad de Yale.

Mientras muchos de los fans del hombre cara de niño, digamos casi Chabelo, que tiene un singular parecido con Kevin Arnold (no, perdón, es alrevés Fred Savage se pareció a Macca) comienzan a ponerse verdes y a abrir desmesuradamente los ojos De Tocho también dice... Paul, el "Suavecito", además es un genio (alto a las amenazas contra este pobre globbero).

Este globbero de niño, como dije hace apenas ocho palabras, recuerda que en sus mocedades, Paul McCartney llegó a sus oídos con dos piezas que a la fecha son de enorme valor musical, y en lo que toca al tema, históricas porque marca antes y después de cómo las rolas, tenían una estructura diferente a las conocidas, al menos si sonaban pop. Una era Band on the run y la otra era Uncle Albert (Admiral Helsey).

Prestado una y otra vez por el primo Gregorio, más tropical que De Tocho, un caset Sony giraba incansablemente con esas dos piezas dentro de la grabadora Panasonic de papá.
McCartney entraba a los oidos con las ya grandes ligas conseguidas dentro de Los Beatles pero, además, con esas piezas que bailoteaban en mi cabeza y apaciguaban una conciencia que se alimentaba de arte.

Poco a poco McCartney se volvía una pieza fuerte frente a John Lennon que trascendía a finales de los 70 con piezas que se forzaban al rock y a una experimentación que no siempre resultaba y, más aún, con su muerte, Paul, que alzaba la cabeza como nunca, se vio opacado salvo para sus fans y el peso de "fundador de los Beatles" a la fecha pesa mucho a favor de Lennon, en aquel tiempo más. Hoy su frase Carry that way tiene mucho sentido en su biografía frente a John Lennon nomás por no morir antes que el intérprete de Imagine.

En la historia de Los Beatles, sin embargo, talento musical y de mercadotecnia de Paul es indudable, ahí está, es tangible ya convertida a papel moneda.

Del grupo, las armonías más estimulantes son las de Paul, pero, para su desgracia, quienes adoran a los Beatles y al rock a la vez, ven en McCartney al hombre cómodo del grupo, destila una felicidad pese a que algunas letras son dolorosas. Será el aspecto físico o su no tan dramática biografía. Dirían otros, el compromiso musical era menor, la búsqueda parece que era muy retro para los sesentas.
Estigmatizado por clásicas como Yesterday, Paul es el romántico del grupo, el bonito, pero además, y poco a poco se confirma, es quien resultó más inteligente para el manejo de la imagen y las finanzas. Pero ojo, también es el más incoherente, y qué se le puede pedir a un humano, igual habla de los amores inconclusos (For no one) que a los de toda la vida (My Love).

A sus 65 años, rebasada ya la fiebre beatlemaniaca de When I'm sixty four, Paul es la parte amable de los cuatro y en su historia como solista, es el más "popero" de todos, no evidencia la dudosa espiritualidad de George Harrison, la sospechosa responsabilidad social de Lennon, ni la cómoda ingenuidad de Ringo. En este aspecto, sí se pasa de honesto y hasta se da el lujo de pagar millonadas para dejar de batallar con su, al parecer latosa, ex Heather (quién no).

Ahí están las grabaciones con una admirable creatividad, sin mayores intenciones que agradar al público fan beatle, que ávido espera la salida de una rola más que dé prueba del talento "paulesco" (es mejor que Paulano o Pauleño).

Y sobre lo popero, está de más ahondar sobre sus dos colaboraciones con el rey del género Michael Jackson en plena efervescencia de Thriller (si Paul ha sabido dónde está el dinero) y otras ligas a la música pop, hasta su desgraciada aparición junto a Jay Z para cantar Yesterday al ritmo de rap en la entrega de los Grammys en 2006 (el último rap de McCartney, sin duda).

Con una obra dentro de Los Beatles que sonaban a valses, charlestones, rumbas y hasta boleros (no mencionemos aquellos toques a Mendelssohn, Bach y Beethoven), Paul fincó las bases para que hoy se le considere genio indiscutible, adjetivo multiplicado con las piezas que ya son clásicas y se encuentran en su repertorio de solista, donde entre baladas y mezclas con otros géneros mantienen a sus fans contentos y siguiéndolo en cuánta aparición tenga, así no sepan en qué movimiento se durmieron de un Liverpool Oratorio o un Ecce cor Meum.

Pero, si en el fondo es un genio, en la forma es el cuate diplomático, el de la foto. Su incansable activismo le da una apariencia de mojigatería que nadie cree en alguien que se relacione con la música "rebelde" de los sesentas. De igual forma, la revolución beatlera nada tiene que ver con una figura que pasea dentro del jet set y de ahí que muchos estigmaticen a McCartney.

¿Cuál honesta rebeldía habría en el bajista si fue a darse besitos con el presidente ruso Vladimir Putin en pleno Kremlin?, pensarán muchos. Es cosa de imagen, porque el logro para la historia social y musical es enorme en aquel acontecimiento ocurrido en la Plaza Roja de Moscú en 2005 (sí sí, Lennon y Lenin también tienen cola que pisarles).

Porque la pasión de Paul por la música viva es evidente, De Tocho fue testigo del actuar natural del ex beatle en el Palacio de los Deportes del DF en la apertura de sus tres conciertos en 2002, y constató que ese es el lugar del músico, además del estudio compartido con genios.

Las apariciencias ahí están y los reconocimientos también, así sean de agrupaciones que sólo quieren el logro de darle la mano ... luego entonces, genio y todo, con un talento que hace que las armonías apacigüen conciencias ahí están, en Paul McCartney, que seguramente sobrará tiempo para que se olviden sus piezas como beatle y como solista, pero que, de que hay argumentos para decirle "el Suavecito", los hay.

Y recuerden... Let it be

Biografía de Paul McCartney en Wikipedia
Yale University
Descripción de la Universidad de Yale en Wikipedia
Sitio de Paul McCartney
Sitio de The Beatles

jueves, mayo 22, 2008

Indiana Jones y las terribles historias forzadas

En resumen, la película tiene un 7.8.

Las expectativas, como siempre en estos casos, superaron la película. Sin embargo, mucho de la historia se salva, por encima del sorpresivo final (como que la escena de comedia romántica no va de acuerdo con el personaje) y las pistas que dejan Steven Spielberg y George Lucas para un evidente futuro de la saga.

Qué la salva: el manejo de las escenas de acción, los escenarios reales y ficticios, el timing y el desenlace.

Qué la hunde: el exceso de patiños, el tema, los diálogos de chiste barato (esta vez Indiana habló mucho) y la historia forzada (que fue lo peor de todo).

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es una parodia de El Templo de la Perdición. La temática se dispara por encima de lo "natural".

Sin duda, el mejor plano, a cuatro películas que lleva el personaje, es aquel de la búsqueda de un tesoro que toca algo humano, en este caso, Indiana Jones es un personaje para ponerle historias que contengan fe, ese factor humano que mueve montañas sea motivado por seres inexistentes y por la creatividad.

Ahí es donde se queda corta la nueva de Indiana. La historia de marcianos y fuerzas que no tienen nada que ver con humanos no la cree nadie. Así le ocurrió a El Templo de la Perdición, donde un montón de piedras "recuperan" el bienestar de una sociedad (no deja de ser la peor de las cuatro).

En general, cualquier fan o no fan del personaje la va a disfrutar, se agradecen esos motivos que dan Spielber y Lucas al rememorar las películas antecedentes (como esa caja rota que deja ver el Arca de la Alianza)...

Obvio, Indy se ve viejo, Marion está muy lejos de aquella candorosa mujer que se peleaba con los nazis y... bueno, el exceso de patiños que lo evalúen los asistentes a la película. También queda ese sinsabor de boca de ver que Spielberg y Lucas optaron por la fórmula de la persecusión con golpizas, tanto como lo hicieron en las tres películas anteriores.

La película tiene un 8, sin duda, pero redondeado de la calificación original: 7.8 y no se pierdan la escena donde Indiana (mejor dicho, el doble de Ford), es jalado de una moto para meterlo a un auto en movimiento y luego este regresa a la moto).

Dato relevante. De Tocho hizo el coraje de su vida en la sala y salió a reclamarle a los acomodadores. Señores de Cinemagic, ante un evento como estos, por ningún motivo deben poner las películas sin avisar que no les llegó la versión subtitulada o consigan todas las versiones posibles y hagan bien su trabajo. El doblaje no es del todo malo, pero estas películas se ven en su idioma original.

martes, mayo 20, 2008

Las aventuras de un dibujante

Y para antes del estreno mundial de la nueva película de Indiana Jones, el trabajo de Steven Maguire, un verdadero fan, del dibujo, las computadoras y el personaje interpretado por Harrison Ford...
Tómense cinco minutos para apreciar lo siguiente y súbanle a las bocinas para escuchar la pieza épica de John Williams.



Arte desde el ratón.

domingo, mayo 18, 2008

Quiero ser Indiana Jones

< La cuarta cinta del arqueólogo que protagoniza Harrison Ford desata nuevamente la fiebre de miles de cinéfilos aventureros.

Para Livier
Y los tesoros que están por descubrirse


Quiero vestir el sombrero de aventurero y el látigo de tino infalible, quiero poseer la chamarra negra de piel y los zapatos mineros, quiero hallar los tesoros incas que nadie ha visto, quiero entrar al Nepal sin pasaporte y hacerme héroe recogiendo piedras, quiero que mi papá me ayude a vencer a los nazis y a tener un autógrafo de Hitler, quiero darme tiempo para ligar mientras examino pergaminos sagrados, quiero hacerme el chistoso y vencer el miedo a las serpientes, quiero hacer que Cate Blanchet me odie... quiero ser Indiana Jones.

Dice una canción que interpreta Eric Clapton: "If I could reach the stars, pull one down for you" (Si pudiera alcanzar las estrellas, tomaría una para ti). En este sentido se entiende el afán de conseguir tesoros perdidos de Indiana Jones, el arqueólogo aventurero con nombre de perro (George Lucas tomó el nombre de su mascota para el personaje).

Esa es la máxima no escrita de Indy, alcanzar lo inalcanzable, llegar hasta donde nadie más y dirían los cómicos "poner la mano donde el humano nunca ha puesto el pie".

Indiana Jones es lo que muchos hombres quieren ser, un ser libre que consigue lo que quiere a costa de lo que sea, sin importar distancias, leyes, restricciones de saqueo arqueológico o se codee con seres celestiales.

¿Cuál es la magia de Indy?

El doctor Jones es la conjunción de una búsqueda de otros aventureros, al menos en el campo del cine como Lucas, Steven Spielberg y John Williams, entre otros, acostumbrados a poner talento para romper otras reglas y ganar millones de dólares.

Indiana es ese hombre que conquista tesoros y siempre encuentra una aliada a quien no deja nunca, la cuida hasta las últimas consecuencias, como hace también con su látigo y su sombrero.

El aventurero Jones es un amasijo de virtudes por las cuales se ha vuelto héroe de miles alrededor del mundo, Indiana no recula, va una y otra vez por el mismo tesoro que conseguirá tarde o temprano. No hay enemigo que le impida ir por las reliquias, no lo detienen los aborígenes, ni los nazis en los Cazadores del Arca Perdida, no lo hicieron los roba almas asiáticos en El Templo de la Perdición, ni el Tercer Reich en La última cruzada, mucho menos lo harán los soviéticos.

Para conseguir lo que quiere, Indy es capaz de arrastrarse bajo un camión en movimiento, pasear entre ratas e insectos sin mostrar un signo de asco o echarse unos rounds de sombra sobre un panzer. Pero no le muestren una víbora porque grita.

Quién no quiere ser Indiana Jones, si se pone del lado del bien y con cerrar los ojos se vuelve inmune a los juicios celestiales, si además, tiene entre sus éxitos haber tomado agua del Santo Grial.

Para los fans de Indy han encontrado al último héroe, no hay más, es preferible mugroso que tan tecnificado como James Bond.

Qué le falta a Indiana, si todo su perfil encuadra a la perfección. Si hasta la ropa está pensada para que el personaje no tenga fallas en ese papel exagerado que encabeza el sexagenario Harrison Ford. Si hasta parece que duerme con la misma ropa siempre. Qué le falta si consigue todo... hasta hijos de la nada (se dice que ya hay un Indiana Jr.).

Sin más antecedentes que el corto conocido, "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" ya corre hacia los récords de taquilla, va rumbo a los nuevos fans, esos que no habían nacido cuando se liberó La última cruzada en 1989, va que vuela sobre un caballo y como al arqueólogo, no se prevé que se le vaya a caer el sombrero por más aborígenes, nazis o soviéticos que lo persigan.

Yo cuando tenga 65 años, quiero ser como Indiana Jones.

Publicado en El Mundo de Córdoba el 18 de mayo de 2008