viernes, enero 06, 2012

Bisquets con mantequilla...

El bisquet derrama la mantequilla derretida antes de entrar a la bolsa de papel y en su breve viaje desde la charola esparce un aroma inconfundible mientras los clientes disfrutan de un café caliente, una torta de pierna o huevo o esperan sus pedidos "para llevar".

Los bisquets con mantequilla que se venden en Poza Rica ya han alcanzado el grado de tradicionales, no solo para los habitantes de esta, en otro momento importante ciudad petrolera, sino para los visitantes que invariablemente regresarán por ellos, como hacen con el zacahuil, la barbacoa, los bocoles, los molotes o el Escuís de Hierro, ninguno originario de ahí, pero arraigado en una mezcla de alimentos que hallaron acomodo en este punto del norte veracruzano.

Los pequeños cafés de la ciudad, algunos ya desaparecidos, se saturan por las mañanas y noches entre el ruido de vasos de cristal recibiendo chorros de leche y café y el bullanguero hablar de meseros y clientes. Son como muchas Parroquias en pequeño.

"¿Cómo lo va a querer papi? ¿Mamacita con mantequilla o solos? ¿Mai', de qué es su torta? ¡Órale m'ijo este café es pa'l señor!, en tres minutitos salen los bisquets don"

Nombres como el Roma, Capri, el Mante, Tampico y El Petrolero son algunos de los cafés que sirven y sirvieron ese manjar matutino, vespertino y nocturno que se hornean y hornearon en el mismo local, convirtiendolo en una de las especialidades más consumidas entre obreros, comerciantes y oficinistas que llevan el bísquet para acompañar la bebida en el desayuno, comida o cena. El bísquet con mantequilla no tiene hora.

Dentro y fuera de los pequeños locales se arremolina la gente soportando calores propios y ajenos, recibiendo el aroma del pan recién horneado que se adereza con la mantequilla que se desprende de bloques y va directamente al pan.

En las mesas, el café hace espuma seguido de la leche y al terminar el servicio cae un plato de plástico con un barra enorme de mantequilla. Ahí está para que uno se sirva con la cuchara grande, aunque en realidad uno se sirve con un tenedor mediano, lo único que se debe soportar es la temperatura del pan que aún humea.

El bisquet caliente y mal dividido en dos partes derrite en un momento el trozo de mantequilla y la derrama por las orillas, si son para llevar, la bolsa de papel estará marcada por una huella inconfundible de grasa aromática.

"Deme dos para comer aquí, a mi deme seis, yo quiero 16 para llevar..."

La premura y demanda ocasiona que más de una vez el pan se vaya crudo y que haga una mezcla chiclosa y desagradable, pero igual aromática, ese es un inconveniente que padecerá el cliente si el azar juega la mala pasada y los panaderos quieran sacar la chamba sin exigencia.

Y no es por justificar el mal resultado con un bísquet crudo, pero en el café, todo es actividad. En un pequeño espacio de 4x1.5, media docena de personas (algunos con mandil blanco) hacen las labores de panaderos, meseros, cocineros y cajeros.

Todo es bulla. Mientras unos deshebran la pierna ahumada, otros amasan, otros más cobran y los demás, pasean entra la muchedumbre y mesas llevando las cafeteras de peltre, las tortas o los chescos.

Los protagonistas, en este caso, son los camareros que hacen rápidos malabares en el mostrador abriendo y cerrando bisquets bien calientes con un tenedor, desgastando las barras de mantequilla y llenando bolsas con pan que se van de inmediato mientras se acumulan más pedidos.

Poza Rica se ha vuelto famosa por los olores, algunos la distinguen por el olor de la refinería o petroquímica, otros por los arroyos de desagües que la atraviesan o por los basureros, a estos puntos negativos, agreguemos uno agradable, el de los bisquets con mantequilla.

Terminado el servicio, el cliente se retira mientras el escándalo de voces, vasos, cubiertos y calor de hornos y parrillas se quedan en esos pequeños espacios donde el café y el pan no son motivo de reunión, sino de antojo.

Foto del bísquet del sitio oficial de PR
Fotos del café Roma del bloguero
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