miércoles, febrero 27, 2013

Sonó la campana, "maestra"...

Elba Esther, tras las rejas.
Si fuera marcador futbolero, este sería: México 1- Gobernantes 11, o 12... o 70...

La detención de Elba Esther Gordillo Morales no es realmente un triunfo de la justicia, no. Se trata de un ajuste de cuentas del actual gobierno priista.

Es su modus operandi, ocurrió en los ochentas con la Quina, se tiñó de sangre con Colosio y Ruiz Massieu, se han seguido con Lankenau y con otras figuras que vienen a la mente con la detención de la "maestra".

Elba Esther, que se llenaba la boca de hablar de los derechos de los maestros y de reiterarles que "poder es poder", nunca dejó de ser priista, usó para ellos todo el poder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), era un botín de votos, pero, fue más ambiciosa que priista y cuando hubo que cambiar las velas porque el aire tomó otra dirección, no dudó en teñirse de color.

Esa, entre otras razones, el levantar al magisterio contra el PRI, el armar un partido a manera de franquicia para ir contra el tricolor, entre otros motivos, fueron las razones.

¿Cuántos reportajes, cuántos libros, cuántas anécdotas existen sobre la maestra y el uso de recursos de los trabajadores para fines personales? ¿Por qué no se actuó en los noventas, cuando ya existían las muestras de corrupción?

Las hummers, los viajes, los bonos, las casas en el extrajero, el uso de brujos africanos, las operaciones plásticas, son un buen argumento con facturas, pero hubo daños que no usó de papeles para su registro.

Ni el humano acto de donar un riñón a su marido, ya fallecido, salvan a la "maestra" de un juicio social.

Y por otro lado, pocos creen que la aplicación de la medida judicial realmente vaya en franco alineamiento con uno o muchos delitos.

Nadie le quita el aroma de que Elba Esther era un estorbo para el dinosaurio priista que comenzó a dar coletazos luego de retomar el poder. La "maestra" es un claro obstáculo para la reforma educativa que promueve el gobierno del PRI.

Ahora, en función de la lógica, la población vía redes sociales, reclama otras cabezas, en primer lugar, la de Carlos Romero Deschamps, líder del sindicato petrolero y de ahí, la lista crece como para que las autoridades digan que ese caso no es tan claro como el de Elba Esther. Ahí no ha pesado el Pemexgate priista, tampoco el préstamo millonario o la exhibición de los hijos de Romero paseando por el mundo o adquiriendo un auto Ferrari, inalcanzable (en todos los sentidos) para un obrero de Pemex.

Queda para el anecdotario nacional esa imagen del diagrama de transacciones que realizó Elba Esther según los investigadores de Hacienda, un ejercicio que difícilmente veremos para casos como el Monexgate o los gastos de campaña de Enrique Peña Nieto.
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