jueves, abril 23, 2020

La muerte de Mundstock, un acto fuera de programa

Sí, me despedí, pero no dije adiós, dije: "au revoir" 
Mundstock en El regreso de Carlitos

No se preocupen por la extensión del texto, sólo les llevará leerlo cuarenta y cinco... horas.

Marcos Mundstock.
Con la barba cana, como nos tenía acostumbrados, o sin ella en los principios de Les Luthiers, Marcos Mundstock tenía la capacidad de hacer reír con un movimiento de cuello, con una distracción en la lectura, con una corrección, con una absurda pronunciación del inglés, con una disertación caótica con Daniel Rabinovich, bailando con su sobrino Yoghurtu y detonaba el aplauso sólo con mencionar el nombre del insigne Johann Sebastian Mastriopiero.

Hoy se fue el tipo que se paraba frente al atril para captar la atención del “respetable” y que más de 50 años nos condenó a ser fans de los Luthiers por tener esa enorme virtud de pocos, hacer reír… y peor, pareciera que sin querer.

Pero qué se puede decir de Mundstock que no se haya dicho ya, o que sí se haya dicho, era un humorista del tipo cara de palo, un poco Buster Keaton, un poco Benny Hill, un poco John Cleese, pero no puede evitar exhibir que había copiado todo el estilo de Günther Frager.

Su capacidad de dicción era asombrosa, hablaba constantemente, como si no pudiera dejar de hablar; y uno se preguntaba: ¿no podría dejar de hablar?
Como Escipión.

Mundstock abría en el escenario la puerta de un humor irrefrenable en cuanto empezaba el show de Les Luthiers, bastaba su primer palabra para saber que vendría una mezcla de inteligencia, mezclada con música y una torre de locuras creativas, sorpresivas, llenas de juegos de palabras.

Era de todo en el grupo y su polifacética labor le permitía ser un cronista de la historia del adelantado Domingo Díaz de Carreras, el contramaestre rebelde de un bergantín lleno de piratas, un vampiro redimido, Escipión tratando de encontrar paz a la liviandad de su hija o el vocero de una secta cuyo pastor está detenido por el FBI.

Interpretando al doctor Heriberto Tchwok.
Quisiera creer que marcos Mundstock no ha muerto, que desde hoy vive en el lujoso hotel Normandie de Miami, rodeado por el aprecio de los suyos y el cariño de las suyas, como Huesito Williams, pero la nota no la desmienten ni los Luthiers.

La muerte de Mundstock nos lleva de una primera sensación desconcierto a una segunda sensación de desconcierto.

El vampiro redimido.
Su voz inconfundible (sólo la podemos confundir cuando la hace el doctor Heriberto Tchwok en La Gallina dijo Eureka) es el eje de las obras de Les Luthiers, casi todas creadas por el creado Mastropiero, ya no estará más entre nosotros, sólo en YouTube, archivos mp4, DVDs y algunos CDs y casetes que anden perdidos por ahí.

Era para los fans de Les Luthirpers un profesor superior de música, de armonía, composición y contrapunto; premiado, condecorado... o sin decorado.

Marcos y Daniel Rabinovich.
Ya no sabremos si es uno de los dos padres de Manuel Darío, tampoco su voz nos dirá quién mató a Tom McCoffee ni nos dirá las noticias en Radio Tertulia como Murena... bueno, tampoco lo hará Ramírez porque ambos ya transmiten desde una frecuencia que no escuchamos, ni terminaremos de oír esa interesante historia del mayordomo de Mastropiero.

Sus lecturas quedan inconclusas, como alguna obra de Johann Sebastián y a su vez Mastropiero pierde la voz perfecta para confundir nombre polacos o checos, también se va el mejor villano del grupo.

Nos deja Marcos Mundstock, una de las bases del Les Luthiers desde su origen en I Musicisti, y se une a Gerardo Masana, Roberto “Negro” Fontanarrosa y Daniel Rabinovich, los otros tres ingratos que ya se divierten en sus nubes diseñando actos lejos de este pandemónium terrenal. Nos deja en un momento en que el humor, al menos en español, está en crisis.

Y aunque no era el mejor cantante, ni el mejor bailarín, ni el mejor músico, era la esencia de los Luthiers y se va dejando a miles con un nudo en la garganta recordando el mar de carcajadas que nos hizo liberar... nos deja con una sensación inenarrable...

A Mundstock le sobreviven Carlos Núñez Cortés, Jorge Maronna y Carlos López Puccio, además de Ernesto Acher y millones de fans en todo el mundo hispanoparlante.


Para más información de Marcos Mundstock ver la Wikipedia o el libro Les Luthiers de la L a la S de Daniel Samper Pizano.

miércoles, abril 15, 2020

Tomás Setién, el mar de pláticas

Tomás Setién en imagen del 14 de marzo de 2020. 
Platicar con Tomás Setién era sumergirse en un mar de detalles que si te descuidabas, te veías anotando datos, no para verificarlos (bueno, a veces sí), sino para buscar el contexto completo de algo tan rico que en media hora, era como leer un libro.

Tenía una pasión infantil por los datos, por la escritura, pero particularmente por el disfrutar del momento, además era una fuente obligada para salir de dudas en el tiempo sobre deportes, el cine, la ciudad, la política y cualquier dato de cultura general.

No había un “chavo” Sub-40 que lo abordara para preguntarle sobre la jornada futbolera. “¿Cómo ve al Chivas don Tommy?”, “Volvió a perder el América ¿Qué opina?”, “Ahí van sus Pumas Tomás”. Y él se daba sus 5 a 10 minutos para tener un análisis que cualquier Fox Sports o ESPN aprovecharían.

Y cuando escribí que sus pláticas eran un mar, es porque era cierto y cualquiera que lo conoció no me dejará mentir. Pongo un ejemplo:

Un día me contó que fue a ver uno de estos programas triples que se daban en los cines, en particular en la Ciudad de México.

Me dijo algo así y está grabado: “fui al cine Gloria a ver las películas Los Vikingos de Kirk Douglas, El Jardín del mal con Gary Cooper y Susan Hayward que la filmaron en México y una en blanco y negro Jet sobre el Atlántico, a la mitad de Los Vikingos que dura dos horas y media, oí ruidos en la parte trasera del cine, al encenderse la luz vi a una familia completa, mamá, papá, los hijos, la abuela con una canasta gigantesca que estaban comiendo, muy amable me compartieron el menú que habían desgastado: sopa de tortilla, arroz con frijoles, mole y de postre chongos zamoranos”.

Yo me quedé admirado, no de la curiosa anécdota, no… sino que en un minuto, me había dado una clase de cine estadounidense de los 50s, recordó el cine donde las vio y de paso reveló su vena periodística porque le gustaba preguntar, aún antes de entrar a los diarios y sólo así pudo traer su memoria el curioso menú degustado ese día en aquel cine de la Colonia Roma.

Tomás, el cine y los Pumas.
Para él, los hechos reales casi todos tenían referencias cinematográficas y podían leerse en sus textos y en los detalles que había colocado en su memoria desde mucho antes que IMDB (Internet Movie Database).

En su trabajo, Tomás fue un periodista natural, aún a la antigüita cuyas herramientas eran su bolígrafo y papel y ahí lo veíamos con su periódico bajo el brazo y en él, hojas y hojas con sus apuntes.

Su amplio espectro de intereses no dejaba escapar más que lo contemporáneo y no del todo.

Era un bohemio… si se hablaba de boleros, tangos, rancheras o rocanrolitos no habían quien lo parara recordando intérpretes, compositores, frases y si se emocionaba, ya estaba cantando y lo seguía haciendo después de la charla.

Bastó un día preguntarle sobre el extinto Ron Batey para que su mente viajara a los tiempos de Paco Malgasto y trajera a su voz el jingle: “Córdoba, tierra del ron, del ron, del ron Batey, lo demás es lo de menos, lo que importa es ron Batey ¡Batey!”

Antes de llegar a los diarios, como estudiante en los 60s, entrevistaba gente, así como los comensales del cine a quienes les sacó el menú, fue entrevistador de novios en Chapultepec nomás por gusto y se iba a reportear a los campos de los Pumas donde hizo su primer entrevista que no le publicó nadie al DT de UNAM Alfonso “Pescado” Portugal.

En esos tiempos y de ahí el reforzamiento de su memoria, hacía críticas y crónicas que anotaba de las películas en los programas triples y si no veía las películas, estudiaba la cartelera en diarios como el extinto Novedades y estudiaba los repartos, los directores y los cines. Fue una esponja.

Un día desayunando comentó que al no poder dormir, hizo un ejercicio de memoria y recordó todas las películas de Luis Aguilar para sorprenderse y rematar con un “y sabes una cosa, las he visto todas”.

Lo asombroso es que ante la amenaza del recuerdo de una vieja cinta, era capaz de recordar el cine donde la vio y detalles del ambiente.

Su afición por Pumas lo hacían recordar las alineaciones por temporada, pero no sólo el futbol era el blanco de sus gustos deportivos, tenía también decenas de digas de memoria para el beisbol y los Diablos Rojos del México, que era su equipo por encima de Cafeteros y también muy metido en sus gustos, quizás la única discrepancia que tuve con Tomás, los toros.
Tomás, los Diablos fue su equipo de la LMB, claro, Cafeteros también.

Lo curioso es que, pese a que su padre buscaba en Tomás el talento de la mercadotecnia, él superó esto y se puso como objetivo ser periodista venciendo un reto que su mismo padre le puso.

“Ok, dedícate al periodismo, hazme una crónica de un juego que pase en la televisión”, lo retó.

Y Tomás lo hizo y contó: “le hice la crónica de un partido Pumas-Toluca que terminó en empate 1-1 con goles de Pereda y Enrique Borja”.

Recordaría un motivo fuerte, su mismo padre Domingo Setién Muñoz había sido colaborador en El Mundo de Córdoba con una columna titulada “Desde afuera del área” firmada por el pseudónimo Dosemú.

Ya entrado en el trabajo periodístico no hay forma de sintetizar la cantidad de personas a las que entrevistó entre estrellas deportivas y famosos del show business, tampoco la cantidad de tinta que se invirtió en sus columnas y notas diarias que igual abordaban las ligas locales que el análisis mundialista.

Disfrutó del cine hasta la última oportunidad, aunque fuera por Youtube.
Se negó a la edición, porque consideraba que “El amor al periodismo para mi es escribir”.

A horas de su muerte, Tomás falleció la madrugada de este martes 14 de abril, todo esto es una carga nostálgica muy fuerte sabiendo que ya no habrá más desayunos con Tomás, con quien pasé en estos últimos tres años muchas mañanas compartiendo el café, que no mostrará más su generosidad de hombre bueno, que no tendremos de él una pieza de pan más ni regalará la fortaleza de su voz para saludar con emoción.

Veinte días antes de su muerte lo vi emocionado viendo en YouTube la película Los Platillos Voladores de Adalberto Martínez “Resortes”, a quien entrevistó en una cafetería de la ciudad de México, donde el comediante le actuó una escena de Los Albañiles.

En esa última cita, dejando a un lado los temores al Covid-19, tuve la oportunidad de compartir un último abrazo y la alegría de ver a un gran amigo, excelente fuente informativa, un gran humano, un emocionado niño que quería seguir platicando lo que vio ejerciendo naturalmente su vocación de periodista.

Pero ya no está más y es muy triste saberlo.


Tomás Setién nació el 16 de noviembre de 1947.

sábado, diciembre 07, 2019

Niño perdido... tiempo perdido...

Como muchas personas que hoy tienden a pensar y cuestionar y que decantan de inmediato creencias de hechos, soy un escéptico de religiones y pseudociencias, luego entonces, cualquier cosa que viene del cielo, a no ser que sea uno de esos meteoritos que caen en la cabeza de vez en cuando, pasa de largo para mi.

Sin embargo y como a muchas personas también, nos tocó formarnos en una infancia llena de rituales que casi todos tienen que ver con la religión y dioses.

Todo esto viene a raíz que hoy, 7 de diciembre, me cayó en la cabeza un meteorito de recuerdos que tienen que ver con el festejo del Día del Niño Perdido.

Velas para el Niño Perdido.


En Poza Rica, tierra guapachosa y tropical despojada ya de la riqueza petrolera y de la paz, se acostumbraba en este día iluminar la noche en sus calles para que el "niño perdido" encontrara su camino y regresara a casa.

Miles de niños, entre ellos yo, hace poco más de 40 años, salían a sus portales, puertas, banquetas o barandales mientras el sol otoñal se metía.

Había un entusiasmo de fiesta que era simple diversión por salir de la rutina y que de alguna manera, inauguraban las emociones todo diciembre.

El ritual era muy básico, había que llenar con velas la entrada de las casas, a falta de llenarla de velas enteras, las partíamos en tres o más fragmentos y comenzaba la oportunidad de jugar con fuego.

Para mi, algunas primas, mi hermana y amigos, nos quedaba muy lejano el pasaje bíblico que hablaba del puberto Jesús que se había perdido en calles de la ahora disputada Jerusalén ni de las habilidades orales del pequeño futuro mesías.
La tradición en ciudades del Norte del estado de Veracruz.

Nosotros nos conformábamos con hacer arder los cerillos, suavizar la cera para poder pegarla al concreto y hacer filas de luz y quizás probar con alguna prenda o vegetal el poder del fuego... y estar viendo cómo se consumían las velas mientras platicábamos de nuestras ocurrencias infantiles.

Era muy emocionante mirar hacia las casas altas o sobre algún cerro como hileras de luz modificaban nuestro panorama... sí, era emocionante... de esas emociones que van matando los años.

Luego nos enteramos que por alguna razón extraña, esto se festejaba sólo en el Norte de Veracruz en particular en Tuxpan desde principios del Siglo XX... y que poco a poco se contagió hacia el centro del estado.

Para nosotros, en Poza Rica, en particular en la zona de la colonia Laredo, lo de Niño Perdido era además del festejo del 7 de diciembre, algo de todos los días, cerca de casa había un callejón llamado así y más que dato bíblico, al menos para mí, era un punto de referencia en el camino para ir por las tortillas.

viernes, febrero 08, 2019

La gran L

El 50 romano... 

Se dice que los romanos usaron letras parecidas a los símbolos etruscos para representar los valores y ya saben, de ahí viene todo lo demás, el Superbowl V, Siglo XX, el registro del año de las películas MCMLVIII, Rocky III y las carátulas de infinidad de relojes. Así es esto de los “número marranos”, diría Tres Patines.

El caso del 50, que es representada por una evolución de signos etruscos ( Ψ     → L) me hace pensar muchas cosas…

Supongan que cumplen 50 años como yo… hoy… y ven una L para designar su edad…

Parece que no dice nada, pero si toman en cuenta que la esperanza de vida promedio del mexicano es de 72 años, veo esa L y pienso que la linea larga es lo recorrido y la linea corta, a ras de piso, es el resto, o sea que lo que viene es más corto a lo que ya viví.
Si no quieres leerlo... escúchalo...

Aunque lo siguiente tampoco tiene que ver con el futbol americano, los números romanos, los etruscos y la esperanza de vida en México, reflexionar los 50 años, mis 50 años, me hacen ver que pertenezco a una generación afortunada.

Soy producto de una buena educación colectiva, ni la radio ni la TV me ofendían, aún aprendimos con miles de los libros, sino toda esa información sintetizaba que me llegó… inconscientemente viví la llegada a la Luna, los últimos meses de vida de Los Beatles aún juntos, me ha tocado usar y disfrutar de varios dispositivos de almacenamiento para escuchar música, LP, Cassette, diskettes, CD, USB y la nube.

He sido un suertudo, me toca participar en un brinco gigantesco de la tecnología, pasamos del bulbo al bit saltando sobre transistores y aunque no la desarrollemos, la aplicamos para hacer girar más a prisa a este mundo que poco a poco se deshace de sus playas gracias al calentamiento global.

Vi la TV en blanco y negro, disfruté del cine sin parafernalias, he vivido el desconcierto con internet por casi 25 años y no dudo estar inmerso en el rango humano que aún disfruta la última etapa de la buena música en la historia de la humanidad.

Tuvimos la mejor y la peor programación de la TV y entendimos con los memes la razón por la que la barra cómica de Televisa desapareció.

Me tocó ver, con mucha alegría como finalmente cayó el PRI y dos veces (aunque la primera solo fue para aparentar) y me tocó un zangoloteo brutal a México y ver cómo el país lo soportó…. porque vi de cerca la crisis económica y no sé como mis papás nos sacaron de ella… Vi sucumbir a este país y veo como hay oportunidad de huir de la corrupción en verdad, no con luchas simuladas y veo, pese a que parece que el mundo no sabe qué hacer consigo mismo en las próximas décadas, que aún hay esperanzas para el ser humano.

Vi, obviamente que en noticias, sacudidas espectaculares e históricas en el planeta, aún aprendí que Yugoslavia, Checoslovaquia, la Unión Soviética eran países complejos, me tocó ver dos Alemanias, no he dejado de sentir una punzada en el corazón cuando veo las hambrunas que no cesan en Africa y por ello, también disfruté de ese momento histórico que detonó Bob Geldof y su activismo por el llamado continente “negro”.  Supimos lo que era el miedo a la guerra fría, miedo, no las bravuconadas de Trump.

Tenemos en la memoria inmediata las revoluciones y sus consecuencias musicales…. hoy escuchar toda esa trova nostálgica y aspiracional de paz, justicia, yolandas y rabos de nubes no me permiten imaginar a una Cuba sin Fidel, pero estoy seguro de que todos “la lucha” de esa juventud con grabadoras Sony, Sanyo y Panasonic no ha sido en vano. 

He visto cómo el ser humano ha evolucionado en sus proezas físicas, desde Ben Johnson empastillado al provocador Usaín Bolt, igual pudimos ver las últimas horas de juego de Pelé, Beckenbauer y en plenitud a Platiní, Maradona, al “Ruso” Brailovsky y a Carlos Antonio Santos y también hemos visto al Brasil del RoRoRo, a Cristiano y a Messi (ya denle una Copa del Mundo).

Vimos héroes de la lucha libre que nadie nos quita que eran dioses caídos a los rings y poco podemos agregar a las emociones disfrutadas por los goles, ponches, punches y reveses de Hugo Sánchez, Fernando Valenzuela, Julio César Chávez y hasta Raúl Ramírez (el tenista, no al otro que se esforzaba por hacer cine).

Somos generación que aprecia el papel para leer, para pegar en paredes como póster o para que sean recortado en fotos de Bradshaw, Montana, Marino, “El Refrigerador” Perry… y también en wallpaper al “Bus” Bettis, los Manning, Cam Newton y Tom Brady.

Fui de los que anunciaba ir al cine sin decir qué película sería con tal de descubrir algo más en las cintas de Sasha, Lyn May, Grace Renat, la Chaín, Zayas, Inclán, “El Caballo”, “Lalo El Mimo” y Luis de Alba.

Y soy de la generación que pudimos amar y odiar a Star Wars por lo bueno de su principio y lo malo de explotar una idea que se extinguió como supernova hace décadas y vimos y amamos la ciencia gracias a entender las diferencias entre Carl Sagan, la Biblia y la revista Duda.

Y todo esto en menos de 50 años… en lo que tardé de peinarme con brillantina a preocuparme por la caída del pelo, en menos de que mi preocupación por las rodillas fuera más por un raspón que por una artritis, en menos de lo que dura un chicloso o se altera la glucosa. ¡Qué rápido pasa el tiempo!.

Ah y sobre el número romano 50… sí la gran L… bueno, ese era simplemente el pretexto para decirles que cumplo 50 años.

sábado, septiembre 17, 2016

Dos días con “El Divo de la Avenida Juárez”


De sus canciones sacan el adiós

  • Dan miles de fans una despedida con "Amor eterno" a Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes que se convierte así en el escenario mayor de su obra y en un mausoleo temporal


Ciudad de México.- Parecía que todo sería fiesta, más que el casi novenario, era un jolgorio sin forma que duraba horas a un costado de lo que es temporalmente un enorme mausoleo de mármol, sin embargo, las primeras notas de "Amor eterno" tocadas por el mariachi “De mi tierra” y luego la voz del tenor Fernando de la Mora, voltearon las sonrisas y apachurró los corazones de miles de personas que esperaban entrar al Palacio de Bellas Artes. El mismo Juan Gabriel había escrito el "adiós" preferido de sus fans.

Aunque las cenizas fueron depositadas en el vestíbulo principal del recinto cultural, el afecto, admiración y homenaje está y estuvo afuera, donde la gente desbordó las principales calles del centro de la capital mexicana.

Por el centro de la Alameda no hubo orden musical en lo que era fiesta durante las horas previas a la llegada de las cenizas, los temas del Divo de Juárez iban de los años 2000 a los ochentas, paseaban por los temas noventeros de telenovela y regresaban a los setentas. De "Querida" a "Abrázame muy fuerte", de "No tengo dinero" a "Hasta que te conocí"; sonó el mariachi, la balada, el rock, el country y cuando la gente más alegre estaba recordaban la muerte del Divo con "Amor eterno" y más de uno o una soltaba el llanto.

La popular manifestación estuvo vigilada por más de 2 mil policías, protegida por kilómetros de vallas metálicas y narrada por unos 300 medios nacionales y extranjeros acreditados.

Había gente de McAllen, de San Diego, de Guadalajara, Mérida, Toluca, Veracruz, de todo su "México querido" formando dos prolongadas filas, cargando flores, discos viejos y nuevos, fotografías vi más y nuevas, mensajes improvisados, poesías, canciones dedicadas y hasta una serie de Lotería Nacional dedicada a Juanga que en sí ya era un premio.

No faltó la vendimia pañoletas con fotos del hombre de Parácuaro, Michoacán, periódicos, revistas, pósters, discos piratas con más de 130 canciones y USBs de 30 pesos con toda la discografía de Juanga.

El Palacio de Bellas Artes, que más que bellas eran vallas, fue un fuerte impenetrable con filtros policiacos innecesarios que sólo atestiguaban a hombres y mujeres entre los 30 a 40 años en promedio, que no dejaban de presumir haber ido a un concierto, a 20 conciertos, a tener un disco autografiado, a haber dialogado con él o incluso haber cantado con él.

Entre fans "comunes", aparecían repentinamente imitadores que hacían nudo las filas y se daban vuelo arrastrando las notas de clásicas como "El Noa Noa", "Yo no nací para amar", "Siempre en mi mente" o "La Farsante" sin importar el ronroneo de los helicópteros que daban vueltas incansablemente a la Alameda.

Hubo un último momento de alegría aún sin tocar, cuando llegaron las cenizas en una carroza manejada por un Eje Central completamente bloqueado, dentro los restos de Juan Gabriel recibíeron aplausos, vivas y porras antes de ingresar por uno de los accesos a Bellas Artes.

Entonces apareció el mariachi, la voz de De la Mora, "Amor eterno" y comenzó la nostalgia y a entender conscientemente que Juan Gabriel está muerto y que esto lleva a la tristeza a la que tanto le cantó; y luego, Aída Cuevas con la voz quebrada interpretó "Te lo pido por favor" y contagió su ánimo causando el enrojecimiento de ojos o el llanto inocultable de aquellos hombres y mujeres atrapados en el cancionero de Juanga.

Y luego la fila se movió y dentro del Bellas Artes, que lo había recibido con llenos totales en 1990 y 1997, nuevamente se abría para él y su música, pero sin su presencia y voz, convirtiéndose temporalmente en una urna ardiente que recibirá a sus fans hasta este martes,

Ahí, al centro del vestíbulo principal sobre una columna de piedra negra fue depositada la urna de madera que luce una Virgen de Guadalupe,  las siglas de su nombre A. A. V. y un par de cifras: 1950 2016.

Sobre la alfombra roja sus amigos y colegas hicieron guardias de honor mientras la gente, calculada en unas 500 mil personas, comenzaba a desfilar lanzando una pequeña oración apenas audible, un beso o una despedida.

Afuera, el show continuaba, un mar de personas caminaba por la Avenida Juárez y se marchaban, pero su gente, sus miles de fans, extraían los trozos más tristes de las canciones de Juan Gabriel para decirle "adiós".


Homenaje eterno

  • La música de Juan Gabriel volvió a estremecer a sus fan que no dejan de mostrar su admiración y afecto en un desfile interminable; esperan horas para rendirse al Divo por unos segundos


Ciudad de México.- Detrás de la urna de Alberto Aguilera Valadez el vestíbulo se parte en dos en una “Y” que por un momento se convierte en un pedestal de mariachis, inicia así el segundo día del homenaje que arrancó la tarde del lunes y que parece que no tiene fin.

Han pasado unas 18 horas desde los primeros homenaje espontáneos y la fila de fans ha esperado de madrugada, bajo el frío de la noche entre las calles del centro capitalino y entre los árboles de la Alameda.

El desfile de admiradores continúa acompasado por grabaciones de la música y actuaciones que suenan en bocinas oficiales y no oficiales, pero ahora regresa la música "en vivo".

El Mariachi Gama 1000 aparece vestido de negro y plata sobre las escalinatas y sus cantantes bajan a la alfombra roja frente a las flores que ha mandado la Presidencia.

Seis violines rompen el rumor del Palacio de Bellas Artes con las notas iniciales de "La muerte del Palomo", cantan de abandono, de llanto y de muerte y después una versión ranchera de "Abrázame muy fuerte".

La frase "que nunca volverás" de "Se me olvidó otra vez" los músicos vuelven a mover sentimientos de los fans que no sólo están pasando frente a las cenizas de Juanga, afuera también se puede ver en pantallas gigantes lo que ocurre en el enorme palacio.

"Yo me estaría toda la vida, siempre a tu lado", el Gama 100 convierte el bolero "Si quieres" en una melancólica súplica para después hacer una pause y los violines vuelven a estremecer con el arranque de "La diferencia".

Terminan el primer lote de temas de Juan Gabriel tocando y cantando "Amor eterno", que se ha convertido en el himno de la ceremonia y la pieza preferida para decirle "adiós"al Divo de Juárez y otra favorita de los fans: "Te sigo amando".

Así, con el mariachi que le dio múltiples éxitos al michoacano comenzó otra maratónica jornada en el segundo día de un homenaje pocas veces visto en México.

"¡Viva Juan Gabriel!", "¡Nunca vas a morir Juan Gabriel!", "¡Adiós Juan Gabriel!", le gritan voces femeninas en el vestíbulo y su eco retumba en la gran bóveda de mármol. Ha valido la pena la espera de horas para esos segundos que pasan frente a la urna y que en varias ocasiones son rotos por las voces de oficiales de la Policía Federal que les ordenan "¡Avancen por favor!".

Afuera, en el templete metálico instalado frente al Palacio, la Orquesta Sinfónica del Estado de México afinaba instrumentos, mismo lugar donde la noche del lunes, estrellas como Lucía Méndez, Pablo Montero, Aída Cuevas y Fernando de la Mora habían hecho recordar los temas del creador de "Querida", igual que los músicos y coros de Juan Gabriel y el Mariachi "De mi Tierra" que acompañaban al cantautor en sus shows.


Se previó que el homenaje concluyera a las 19:00 horas podría extenderse hasta que el último fan salude las cenizas del Divo.

Crónicas publicadas por Diario El Mundo los días 6 y 7 de septiembre de 2016

domingo, mayo 01, 2016

Les Luthiers, homicidas en potencia

Les Luthiers, otro triunfo del humor musical.

Fueron cuatro presentaciones las de Les Luthiers en su última visita a México y el saldo no puede dudarse, hubo muchos muertos de risa que registrados en las butacas llenas del Auditorio Nacional de la CdMx y el Auditorio Telmex de Guadalajara.

Ahí, los fans y quienes apenas los descubren, sufríeron de ese rictus de no soportar más las carcajadas en la garganta, que luego de la risa general obliga a algunos a cubrirse el rostro para no exhibirse mientras más de una lágrima se desborda, síndrome inequívoco de la agonía por exceso de gracia.

Desde su aparición en el escenario que desata la emoción hasta el llanto disimulado de los Lesluthierófilos hasta el ya clásico número "fuera de programa", los seis actores, cantantes, músicos, poetas y locos dominan el escenario para divertir sin límites.

No es necesario conocer a profundidad la obra de Les Luthiers para disfrutar de la inteligencia, la maestría y el humor de los argentinos.

Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés, Martín O’Connor y Horacio "Tato" Turano mantienen la esencia inalterable del grupo creado por Gerardo Masana en 1968, música de altos vuelos, dominio de los géneros, un manejo incomparable del idioma y una actuación impecable.

El contenido

Manuel Darío sin Daniel Rabinovich no es tan estúpido, pero sí salva su pellejo en Martín O’Connor que nos hace olvidar al extinto Daniel con una voz de tenor que arrebata el aplauso del público.

"Nosotros somos los padres de Manuel Darío",
dice Mundstock abrazando a Marona,
mientras la madre, Núñez Cortés, espera por su diálogo.
Pero, el eje de "¡Chist!", título del programa que trajeron a México, es "La comisión (Himnovaciones)", un número dividido en cuatro actos que sintetiza actuar de los gobiernos latinoamericanos a través de dos políticos que encargan a un músico popular la actualización del himno nacional, no dicen qué país, pero sí evidencian que se trata de uno sudamericano (los noruegos (arriba), nosotros (abajo).

"- Sr. presidente, nos sentimos honrados.
- ¿Honrados?
- Es cierto, qué sensación tan rara". 

Pasan por "La bella y graciosa moza" donde Mundstock pierde todo el orden de una historia medieval pasada por agua y trepada en un abedul y por "Solo necesitamos", un reclamo ecológico desorientado cantado en un árbol convertido en guitarra.

Detonador de "genios", "maestros", "bravos" y muchos aplausos es "La hija de Escipión", donde Turano levanta la voz en honor al desaparecido Daniel, que es extrañado en "El bolero de los celos".

Con música barroca y "religiosa" desarrollan el "dubidubidú" de la "Educación sexual moderna" dedicada a Santa Frígida, que es invocada por un atormentado Carlos Nuñez y en "La redención del vampiro salvan a un chupasangre viudo lleno de luces LED con una exquisita pieza dedicada a Transilvania, versión cumbia.

"- ¿Sois músicos?
- Sí, somos musicois
- ¿De qué grupo?
- De Les Luthiers
- No, de qué grupo sanguíneo."

El "Encuentro en el restaurant" regresa "Tato" Turano a platicar con una silla vacía y finalizan con los dos más serios del grupo, el experto en cuerdas Jorge Maronna y el director de orquesta Carlos López Pucció cantando un rip al rap titulado "Los jóvenes de hoy en día", donde exhiben que aún queda vitalidad por encima de los 67 años.

El remate fuera de programa es "Rhapsody in balls" donde el virtuoso piano de Núñez Cortés reta a Maronna a seguirlo en el "bolarmonio", un estrambótico instrumento compuesto de 18 pelotas de volibol a manera de teclado que al ser oprimidas hacen sonar lengüetas de armónica.

Merece mención aparte un personaje cuyo nombre levantaba la ovación del público y el grito de más de un admirador. Cada que Mundstock pronunciaba a "el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, era necesaria la pausa para el desahogo del "respetable", hasta que el relator tenía que reiniciar la lectura diciendo "el célebre compositor… antes mencionado"… entonces podía continuar el show.

LesLu con el bolarmonio.
Cientos de los muertos de risa se recuperaron al final con un aplauso que, aunque dentro del cliché, hizo que auditorio se viniera abajo mientras los artistas salían una y otra vez con la humilde caravana de quien se sabe gran artista.

Les Luthiers vino nuevamente a México para confirmar que han elevado el virtuosismo del humor a una escala inalcanzable y que no hay nada mejor para acompañarla que mucho conocimiento musical y seis comediantes, si no es que payasos, pasados de maduros envueltos en un frac.

Publicado en el diario El Mundo el 13 de abril de 2016

miércoles, marzo 02, 2016

100 yardas de película (actualizado al 2021)

Aquí, 90 cintas relacionadas con el deporte de las tacleadas, todas bajo apuntes frente a la pantalla... le sumamos casi 40 películas desde 2015... y si no deseas leer, puedes ver EL VIDEO... 


Mucho antes del primer Super Bowl, desde los tiempos del cine mudo, la pantalla grande ha mostrado esa particular cultura alrededor del futbol americano… 

PRIMERA MITAD

Si usted se imagina que un jugador corre con el ovoide en las manos a toda velocidad, pero en cámara lenta para hacer un touchdown, estará dándole vida a una de las escenas más recurrentes en las películas sobre futbol americano. Un cliché que termina con un héroe o un villano.
Haz click para ampliar las fotos.
El deporte de las tacleadas se ha vuelto un género con el paso del tiempo y explica mucho de la cultura que hay alrededor del balón ovalado; hay violencia, fe, esfuerzo, competencia, lluvia, amarguras, dolor, amor, logro, sudor, camaradería, trabajo de equipo, nieve, espectáculo y muchos stunts…  

Todas las cintas que se enumeran a continuación están disponibles para verse en internet, en servicios de paga y extraoficiales y como otro cliché, muchas de ellas advierten que se trata de una película “basada en hechos reales”.

Las damas primero

Todo parece que empezó en los ochentas, cuando Helen Hunt se vuelve el activo principal de su equipo los Grizzlies (Quaterback princess,1983) y Goldie Hawn como Molly McGrath se enfrenta a su propio equipo, los Wildcats, comandado por un joven Wesley Snipes (Wildcats, 1986).

La fuerza femenil se transformó en poder ejecutivo con Cameron Díaz cuestionando a Al Pacino como el coach de los Miami Sharks en la cinta de Oliver Stone (Any given sunday, 1999) y se volvió cosa de niñas en el nuevo siglo; primero cuando la pequeña Peyton modifica la vida del estrella de los Boston Rebels Joe Kingman, encarnado por Dwayne “The Rock” Johnson (The game plan, 2007) y después cuando Keke Palmer, haciéndola de la puberta Jasmine es la mariscal de campo de un equipo varonil mientras es dirigida por Ice Cube (The Longshots, 2008).

Con esto cruzamos la yarda 10, para pasar a las cintas donde el futbol lo desplaza el miedo.

En plena revolución sexual, el profesor Michael “Tiger” McDrew (Rock Hudson) enamora a cuanta chica se topa mientras entrena al equipo de futbol de la ficticia Oceanfront High School (Pretty maids all in a row, 1971). Las labores en la escuela se complican cuando comienzan a ocurrir una serie de asesinatos que no detienen la actividad en las canchas.

Un enjambre de abejas asesinas hacen una escala en el Superdome de los Santos luego de apanicar a la ciudad de Nueva Orleans durante el Mardi Grass (The Savage Bees, 1976). La cinta para televisión se hizo acreedora a un Emmy.

Nada mejor que un campo de futbol americano para causar psicosis a miles de aficionados. Un francotirador se trepa al pebetero del Memorial Coliseum de Los Angeles mientras juegan Baltimore vs  Los Angeles, su intención es eliminar aficionados de uno por uno. (Two minute warning, 1976). Algo muy parecido ocurre cuando a los terroristas van a Miami mientras en el campo los Pittsburgh Steelers y Dallas Cowboys se disputan el Super Bowl X (Black Sunday, 1977). Nada mejor que ver como cae el dirigible de la Goodyear en el Orange Bowl al ritmo de la música de John Williams.
También un desquiciado abre fuego en el Coliseum de LA lleno mientras Bruce Willis (con cabello) busca malosos (The last boyscout, 1991).

John Travolta, Morgan Freeman y Brendan Fraser no logran levantar este thriller policiaco (The Poison Rose ,2019) donde el bailarín Travolta (Carson Phillips) es un tramposo ex jugador de futbol americano que trabaja como detective en Los Ángeles y que al final se ocupa de investigar la muerte del quarterback de su ex equipo de Galveston, Texas.


No Falta Lana (NFL)

Si por algo se caracteriza la National Football League (NFL) es por demostrar su poder económico, sea en las nóminas de los equipos o el costo de los derechos de transmisión por TV, en el cine se exhibe igual: Kevin Costner mueve mar y cielo para los Cleveland Browns en la modernizada esclavitud que representa el draft, la compra-venta de jugadores (Draftday, 2014), en el mismo sentido de negocio Tom Cruise cuida de su representado Cuba Gooding Jr. (Jerry Maguire, 1996).

La mercadotecnia ya la refleja de alguna manera George Clooney y Reneé Zellweger en los principios del siglo XX (Leatherheads, 2008) y ni dudarlo en cómo se construye ese ritual de la TV que son los “Lunes por la noche” (Monday Night Mayhem, 2002) que es la última oportunidad para los apostadores como Al Pacino y su alumno Matthew McConaughey (Two for the money, 2005).
Pero, sin dudas, donde el dinero es factor de polémica por sobre la salud de los jugadores es en la cinta protagonizada por Will Smith (Concussion, 2015) donde representando al neurólogo nigeriano Dr. Bennet Omalu hace tambalear el sistema de la NFL.

Pasamos a los partidos de risa mientras cruzamos la yarda 30 del terreno.

A la captura de carcajadas
 
Desde los inicios del cine, el futbol americano es motivo para hacer comedias y pocos como Harold Lloyd corriendo el balón (u olvidándolo) en pleno emparrillado, con más ganas que talento que incluye, quizás, ese cliché donde un jugador avanza hasta la zona de anotación para volverse héroe, sin decir una palabra (The freshman, 1925).
El futbol también puede ser motivo para historias hilarantes. Groucho, Harpo, Chico y Zeppo, los geniales hermanos Marx hacen ganar un juego al Colegio Huxley entre escenas absurdas que incluyen un touchdown sobre un carro jalado por caballos (Horse Feathers, 1932).

En la antesala de lo que sería el primer Superbowl se muestra un poco de periodismo de inmersión (
Paper Lion, 1968). El reportero George Plimpton, encarnado por Alan Alda, tiene que transmitir a sus lectores la intensidad de un deporte y elige el futbol americano. Los Leones de Detroit aceptan al periodista a experimentar lo que es estar en el roster del equipo. En la cinta participa el legendario Vince Lombardi.

Curiosa comedia ítalo-alemana es la que protagoniza el actor de origen italiano Bud Spencer (Lo chiamavano Bulldozer, 1978). El robusto barbón representa a un ex jugador de futbol americano que decide residir en un pueblo costero italiano y no puede evitar enredarse con el ovoide al coachear a un grupo de delincuentes juveniles que son retados por el equipo de una base estadounidense. Clásico en Spencer, la película está llena de puñetazos.

Burt Reynolds y Kris Kristofferson son dos famosos futbolistas de Miami que comparten muchas cosas, incluida la cercanísima amistad con una chica encarnada por Jill Clayburgh (Semi tough, 1977). la libertad sexual no se antepone al deporte de las tecleadas ni impide llegar a un ficticio Superbowl. 

¿La muerte puede ser divertida? Sí. Warren Beauty interpreta a un quaterback de LA Rams que muere, pero la burocracia celestial le permite regresar y buscar un cuerpo que le permita estar en el Super Bowl (Heaven can wait, 1978), no tan divertido, pero con muchos fans, Adam Sandler deja las garrafas y se pone el casco de los Mug Dogs para volverse héroe (The Waterboy, 1998), tan héroe como los pequeños Giants de Urbania dirigidos por Rick Moranis, siempre opacado por su “hermano” Ed O’neil (Little Giants, 1994), una historia al estilo Disney que no es de Disney.


Paul Blake, a sus casi 40, deja su rancho para reiniciar la universidad que dejó años atrás y encabezar junto a los Armadillos de la Texas State un intento por revivir glorias pasadas (Necessary Roughness, 1991). La cinta cuenta con un cameo de ex estrellas de la NFL como Hershel Walker, Tony Dorsett, Roger Craig, Randy White, Jerry Rice, Jim Kelly, Ed "Too Tall" Jones, Earl Campbells y Dick Butkus que la hacen de jugadores de una cárcel, además del ex campeón de pesos completos Evander Hollyfield.

El detective de mascotas, protagonizado por Jim Carrey, es el encargado de investigar el secuestro de Copo de Nieve, la mascota de los Delfines de Miami y de paso, le toca rescatar al legendario Dan Marino (Ace Ventura, Pet Detective, 1994). Un clásico entre la filmografía del comediante canadiense y de los fans de los Dolphins.

El equipo de los Angeles de Westfield se ven beneficiados por la bondad de un grupo de serafines comandados por Christopher Lloyd luego de la tragedia que sufren dos hermanos al perder a su padre (Angels in the endzone, 1997). Los ángeles hacen de un equipo perdedor, todo lo contrario entre jugadas fantásticas en una clásica comedia de Disney entre bizarra y sensibloide.

A quién no le gusta el futbol dice Bud, un receptor de oro (Air Bud, Golden Receiver, 1998) . Este canino, que es estrella en otros deportes, se concentra en ayudar a los Timberwolves ganar un campeonato en la segunda cinta de una saga dedicado, obvio, a los niños.

Pero no llega a la sátira encabezada por David Koechner como el extrovertido y espontáneo coach de los Heartland Comebacks Lambeau Fields quien le da otra dimensión al futbol americano (The comebacks, 2005).

Johnny Walker es un codiciado futbolista en una inexistente escuela de Ashcroft que no decide a qué universidad acudir mientras recibe generosas ofertas entre historias de relajo compartidas con su novia Uma Thurman y su amigo Leo, un chavísimo Robert Downing Jr “relegados* a un rol secundario (Johnny be good, 1988).

Con engaños, el ex quarterback de los Tejones de Putnam Patrick Hodge es llevado de Chicago a su pueblo en Oklahoma para jugar un partido pendiente con sus archirivales, los Caballeros de Noble (The Turkey Bowl, 2015). Pese a dejar plantada a su novia, el jugador es sacudido por la nostalgia mientras se prepara para el gran juego en Día de Acción de Gracias bautizado como El Tazón del Pavo.

Aunque absurda, por ratos tiene tintes de comedia inteligente, la historia de Caleb Fuller (Balls out, 2015), que luego de brillar en el futbol universitario intramuros (tochito de seis con bandera), abandona el juego para estudiar y ponerse en riesgo del matrimonio, y justo en esta disyuntiva, reúne a su viejo equipo, las Panteras, para ganar el campeonato.

En México también se cuecen habas. Las habilidades de Adalberto Martínez “Resortes” bailando a ritmo de Pablo Beltrán Ruiz y de Andy Russell cantando  cha cha chas se muestran con la excusa de ver a los Pumas y los Burros Blancos en Ciudad Universitaria (Viva la juventud!, 1956 - así, con un solo signo de admiración).
Poco después, el genial Germán Valdés “Tin Tán” es es metiche de Casimiro que disfruta el clásico Poli-UNAM al ritmo de la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz (Paso a la juventud, 1958).

Dios es el balón

Una constante en las cintas sobre futbol americano es la fe, hay una insistencia en llevar lo divino al emparrillado.

Uno de los introductores de este deporte a México fue Lambert J. Dehner interpretado por Joaquín Cordero haciendo jugar a Julio Alemán mientras narra Jorge “Sonny” Alarcón, Angel Fernández y Pedro “Mago” Septién (Juventud sin Dios / La vida del padre Lambert, 1961).

Como  el entrenador Grant Taylor, Alex Kendrick nomás no da una entrenando a las Aguilas de la Academia Cristiana de Shiloh, pero Dios mediante, consigue un campeonato y  un hijo (Facing the Giants, 2006). Igual ocurre con el equipo de la escuela Santo Tomás de Canton, Ohio, donde con fe se superan las crisis (Underdogs, 2013).

La fe de Sean Astin, encarnada ahora en el predicador Hank Erwin lleva a hacer muchas conversiones para los Coroneles de Woodland y no en puntos, sino religiosas. (Woodlawn, 2015) y también la oración hace que la muerte de un joven haga que un jugador, el equipo y la afición de los Diáconos de Wake Forest lo adopten como ángel de la guarda  (The Fifth Quarter, 2010). 

También con tintes religiosos, el coach Royal (Aaron Eckhart) cuenta la biografía de Freddie Steinmark (Finn Wittrock) que tras ser campeón nacional universitario con los Texas Longhorn en los 60s sufre la amputación de su pierna derecha y con ello se frustran todos sus sueños de llegar a la NFL. (My all American, 2015)

Austin Smith es un estrella marginada del equipo los Piratas de Lumberton, Carolina del Norte, y tiene que mudarse de barrio y escuela para aspirar a una beca universitaria, pero tiene que enfrentar el bullying de sus nuevos compañeros (Shake off the World, 2015). La historia, vendida como de la vida real, al final cambia de tono y en lugar de tecleadas se reciben insistentes golpes de religión, sermones y una inusual asepsia juvenil.

Alexa es madre del estrella del equipo local a quien obliga a confesar que bebió cerveza aunque esto le acarree quedar fuera del roster de los Crush de Eau Claire en un juego de campeonato regional (Catching faith, 2018). Soporífero drama religioso que toma como justificante al futbol para poner en pantalla morales, culpas y pecados.

Zach Truett es un atleta de Alabama que tiene todo para llegar al futbol universitario con beca de los Gatos de Florida de por medio, pero, una lesión fuera de las canchas cambia todo, además de que la muerte de su hermano, con quien comparte vida, lo pone en una encrucijada, pero todo lo bueno y malo, en esta cinta anunciada como una película inspiradamente cristiana. (Run the Race, 2019). Cinta producida por Tim Tebow, ex quarterback de Broncos, Jets, Patriotas y Aguilas.


SEGUNDA MITAD


Del dolor al touchdown

El emparrillado es el espacio propicio para que la tragedia y la gloria se junten.

El futbol americano es uno de los deportes preferidos de los productores de cine para llevar el deporte a la pantalla grande; se puede decir que es un género que no se mide en 24 escenas por segundo, sino en un campo de 100 yardas durante dos horas.

En muchas ocasiones, las cuatro oportunidades de un down, reflejan la estructura de una película:  tienen introducción, desarrollo, clímax y desenlace… y un primero y diez…

Sangre, sudor y muchas lágrimas

Fracturas, raspones, contusiones, comas, agresiones fuera del campo, racismo y muertos es lo que deja como saldo un buen número de cintas, muchas de ellas "de la vida real".

La fama de Harold “Red” Grange en el futbol durante los años 20 lo llevan a la pantalla con una historia ficticia donde no cambia su nombre (The Galloping Ghost, 1931). El estrella, que en la vida real jugó para la Universidad de Illinois y los Osos de Chicago, filma una película serial de tres horas y media en 12 episodios donde es expulsado de su equipo por un mal entendido y logra recuperar su nombre y posición.

Tony Curtis es el quarterback de Mid State Nick Bonelli (All American, 1953que abandona el futbol al perder a sus padres cuando se dirigían a ver uno de sus juegos, el hecho lo lleva a cambiar de Universidad donde todos reconocen su talento, pero él se resiste a jugar entre rivalidades y amoríos estudiantiles.

A veces, no todo el esfuerzo físico alcanza. En Odessa, Texas, donde todo se reduce al campo de 100 yardas , su equipo escolar, las Panteras de la escuela Permian dirigidas por Billy Bob Thornton (el coach Gaines) sufren de todo para llegar a una final escolar que se disputa en el Astrodome (Friday Night Lights, 2004). Todo queda en enseñanza, fracturas y reencuentros.

Pero, el drama puede ser social. Ambientada en los 60, como el entrenador Herman Boone, Denzel Washington supera las barreras raciales al hacerse cargo del equipo de Alexandría, Virginia. Con el patrón de Disney, la cinta pinta como los odios se transforman en amores entre jugadores y fans de distintas razas (Remember, the Titans, 2000).

El conflicto social también está presente en la vida de Ernie Davis (The Express, 2008), la dramática historia del joven que escapaba de los niños blancos en los años 40s para evitar que lo golpearan y se volvió golpeador profesional con el balón bajo el brazo en los años 60s. Pese a ser el primer jugador “de color” en obtener el trofeo Heisman y ser firmado por los Cleveland Browns su muerte por leucemia impidió que jugara un solo partido en la NFL.

El cáncer también evitó que Brian Píccolo interpretado por James Caan continuara su carrera en los Chicago Bears (The Brian song, 1971). En la cinta, Caan es acompañado de Billy Dee Williams, más famoso por su papel galáctico como Lando Calrissian). El rapero 50 Cent, como el talentoso corredor Deon del equipo colegial Lakers (All Things Fall Apart, 2011), también ve truncada su carrera de estrella por el cáncer.

Dennis Quaid pasa de los Tigres de Luisiana a los Pieles Rojas de Washington como Gavin "Gray Ghost" (Everybody's All American, 1988) en una cinta ambientada entre los 50s y 60s donde junto con Jessica Lange y John Goodman enfrentan una época racista entre juegos de futbol, conflictos económicos y el inevitable desgaste que deja el tiempo que los lleva a los Broncos de Denver.

Una mala jugada al corazón del coach Bob Ladouceur, interpretado por Jim Caviezel, es factor para que se interrumpa la racha de más de 150 triunfos de los Espartanos de Richmond, California (When the Game Stands Tall, 2014).

Pero ¿Qué peor tragedia puede ocurrir cuando cae el avión donde viaja el equipo, directivos y fans? Inspirada en el accidente ocurrido al Vuelo 932 de Southern Airways donde viajaban los Marshall Thundering Herd, el drama de la Universidad Marshall apenas se ve superado por un motivador Matthew McConaughey, como el coach Jack Lengyel, que rehace el equipo desde cero y revive el deporte en la institución ubicada en Virginia Occidental (We are Marshall, 2006).

El drama también lo viven los coach, todos los Coyotes de West Caan encabezado por James Van Der Beek (Jonathan “Mox” Moxon) renuncian a ser dirigidos por el dictatorial coach Jon Voight que insiste en seguir siendo leyenda. Ahí exhiben que en Texas, la única ley es el futbol (Varsity blues 1999).
Pero, las tragedias en el americano también son decisión personal.

Paul Aufiero es un encendido aficionado de los Gigantes de Nueva York, tanto que se topa con la encrucijada de demandar a una de las estrellas de su equipo luego que está le propinara una golpiza que lo manda al hospital (Big Fan, 2009). Es obtener millones de dólares o que los Giants vean disminuido su juego y sus aspiraciones a playoffs.

Pero, las tragedias en el americano también son decisión personal.

Una película que sirve de homenaje a la vida de Knute Rockne (Knute Rockne, All American, 1940) muestra con algunos toques religiosos a la estrella de la Universidad de Notre Dame, que transforma a principios del Siglo XX las estrategias y formas del futbol americano. Brevemente se toca la vida de la leyenda George Gipp, interpretado por Ronald Reagan, que fuera entrenado por Rockne.

También en los albores del deporte profesional, el indio Jim Thorpe rompe todos los esquemas en el atletismo, el beisbol, pero particularmente en el futbol americano donde consigue hacer brillar a los Indios de Carlise, pero el tiempo le cobra la factura (Jim Thorpe - All American, 1951). Destaca el papel de Burt Lancaster.

El cine también muestra la vida y del estrella del fútbol Elroy "Crazylegs" Hirsch interpretada por él mismo (CrazyLegs, 1953). La biografía se concentra en sus días universitarios en Wisconsin y Michigan aunque más tarde se enroló con Los Angeles Rams con quien fue campeón en 1951.

Emotiva es la película biográfica para la TV de la carrera de John Cappelletti, quien alcanza las mieles de la gloria universitaria al conseguir el Trofeo Heisman (Something for Joey, 1977). El corredor de Penn State se inspira en su hermano menor Joseph, quien padece leucemia. Cappelletti triunfó también en la NFL con los Rams de Los Angeles y los desaparecidos Chargers de San Diego. 


Nick Nolte, en el papel de Phil Elliott es un rebelde en el equipo North Dallas Bulls en el norte de Texas (North Dallas Forty, 1979). La perdición del jugador es la mariguana, las pastillas y una adicción a los analgésicos, un poco como le ocurre a David Morse, un atormentado entrenador de “six man football”, una variante del juego que pone en la cancha sólo a seis hombres, donde Ryan Gosling no ayuda mucho entre problemas familiares, alcoholismo, una actitud que lo trae siempre con moretones en la cara y viviendo en ambientes regularmente nevados del inexistente poblado de Blue Springs (The Slaughter rule, 2002).

También la historia del corredor de los Acereros de Pittsburgh Rocky Bleier es llevada a la pantalla interpretado por Robert Urich, se plasma en (Fighting Back, 1980). El jugador interrumpe su carrera con los Steelers para reclutarse en el Ejército e ir a Vietnam donde es herido de bala y con esquirlas de granada en una pierna. Pese al pronóstico de no volver a caminar, regresa apoyado por su familia y equipo para ganar cuatro Super Tazones.

Dos ejemplos de que la esperanza muere al último lo dan Brian Presley y Robin Williams.

Presley es Scott Murphy, un estrella local que no supera su vida tras una fractura que le impidió seguir jugando, pero que en un intento de suicidio revive lo que debió ser su vida en Cold Water, Ohio (Touchback, 2002), mientras que sin sueño de por medio, Robin Williams, como Jack Dundee, desea superar un pase incompleto que lo marcó de por vida en su pueblito de Taft, California en un drama coloreado con mucho humor (The best of times, 1986). En estas dos últimas juegan rol importante las interpretaciones de Kurt Russell.

Aunque de pasadita, un juego futbol americano es un buen lugar para salir de los problemas, como Will Smith que intenta vender un producto financiero a un empresario mientras observan un juego entre los Gigantes de Nueva York y los 49ers de San Francisco (The pursuit of happiness, 2006).

La victoria es lo único

Apelando a aquella frase casi bíblica de Vince Lombardi, que dice que Ganar no es lo importante, sino lo único, no pueden faltar los héroes de final feliz en las cintas de futbol americano, muchos de ellos, llevados a la pantalla desde la realidad.

Sean Astin, salió al emparrillado con problemas de talla (Rudy, 1993), sin embargo,  hace hasta lo imposible por conseguir un espacio en el equipo de la Universidad de Notre Dame.

La tragica historia de Brandon Burlsworth (Greater, 2016) refleja a un chico con sobrepeso y tímido que hace todo lo posible por llegar a los Razorbacks de Arkansas y no solo lo consigue mediante una beca, sino que alcanza la NFL con los Indianápolis Colts. Un accidente de carretera trunca la carrera del defensivo.


La vida de Joe Paterno también se ve en una cinta de HBO (Paterno, 2018). Son
 los últimos meses de vida del coach de Penn State University, que había conseguido 403 victorias para su equipo, pero que se ve involucrado indirectamente en un escándalo de pedofilia contra más de 40 niños. Al Pacino estelariza la cinta de en una historia real que valió un Premio Pulitzer para la periodista Sara Ganim del The Patriot News de Harrisburgh, Pennsilvanya.

Una dramática cinta autobiográfica muestra al estrella y héroe de los Santos de Nueva Orleans Stephen Gleason mientras sufre el deterioro de sus condiciones debido a la esclerosis (Gleason, 2018). El defensivo, cuyas expectativas de vida son escasas, ha quedado gradualmente inmóvil, documenta la historia y filma un diario para su hijo Rivers.

Los sueños juveniles de Brian Banks, estrella del Politécnico de Long Beach, California, se ven truncados por una falsa acusación de violación (Brian Banks, 2019). En la biografía cinematográfica, el atleta lucha por todos los medios para recuperar su libertad y carrera deportiva que tiene como objetivo jugar para un equipo de la NFL.

Dulcificada al estilo Disney, la biografía de Ray McElrathbey (Safety, 2020) pasea entre cursi y motivadora. Ray escapa a un conflictivo entorno familiar y social para alcanzar una beca con los Tigres de Clamson, salvar a su hermano y en el esfuerzo de conseguir sus objetivos, enfrenta a la poderosa liga universitaria National Collegiate Athletic Association (NCAA). 

Burt Reynold como Paul Crewe (The Longest Yard, 1974) escapa de los vicios gracias a ovoide, pero no de la cárcel. El bigotón, a quien le quitan el mostacho al ingresar al penal arma un equipo, los Mean Machine para servir de sparring al equipo de custodios de la Prisión Estatal de Citrus, Florida. La historia fue copiada para una versión de soccer en 2001 y la versión de Adam Sandler (The Longest Yard, 2005) que fue una calca, donde también participó Reynolds ahora como el interno Nate Scarborough.

De la cadena ESPN tenemos dos cintas sobre futbol americano: The Junction Boys (2002) y Code Breakers (2005).
La primera, La temporada del Oso, aborda a los sobrevivientes del campamento de Verano con el entrenador Paul “El Oso” Bryant que llevó al límite a una centena de jugadores de los cuales 38 alcanzarían un lugar para el equipo de la Universidad Texas A&M en los años 50s.

La segunda, de 2005, presenta el escándalo de unos 90 cadetes, entre ellos 37 jugadores del equipo de futbol del Ejército, involucrados en trampas y en romper el código de honor del Ejército. La cinta refleja hechos ocurridos en 1951.

La cárcel también fue el escenario donde Dwayne "The Rock" Johnson es custodio de una prisión juvenil de Los Angeles (Gridiron Gang, 2006), ahí, "La Roca" aplica el futbol para aplacar la agresividad de los internos ya integrados en el equipo Kilpatrick Mustangs que llegan a la final de una liga californiana.

En México, la realidad de la cárcel también se exhibe (La 4ta Compañía, 2016). Inspirada en hechos reales ocurridos en los 70s, la cinta se concentra en Los Perros del penal de Santa Marta Acatitla, que además de reos, son las estrellas de futbol americano de la cárcel, pero también el equipo que sale por las noches a delinquir para los jefes policiacos, entre ellos el tristemente célebre Arturo “El Negro” Durazo.

Otros héroes renacen. Como Quinton Aaron en el papel de Michael Oher, un discreto y tímido joven de Memphis con capacidades fisicoatléticas para el futbol americano (The blind side, 2009). El gigante de color es adoptado por una familia "blanca" que lo lleva al estrellato estudiantil en la Universidad de Mississippi. La película no cuenta que Oher juegó para los Cuervos de Baltimore y las Panteras de Carolina. Multicandidateada para varios premios y con un Oscar para Sandra Bullock.

Igual ocurre con la historia de Vince Papale, protagonizada por Mark Wahlberg (The invincible, 2006). Papale se vuelve la insignia de unas decaídas Philadelphia Eagles en una historia real y pasa de ser un desempleado que a veces ayuda en un bar a el corredor estrellas de un equipo con una racha perdedora.

Dramática resulta la historia de Travis Freeman, una promesa del futbol americano que en pleno ascenso en Corbin, Kentucky, sufre un ataque de meningitis que lo deja ciego (23 Blast, 2014). Pese a ello, Freeman, protagonizado por Mark Hapka, acompaña a su equipo y es incluído en algunos partidos desempeñando la posición de centro.

James Caan vuelve al emparrillado ahora encarnando al coach Sam Winters de la inexistente ESU Timberwolves para dirigirlos a un campeonato en medio de egos, fracturas y abuso de anfetaminas (The program, 1993), la historia de éxito se repite con Keanu Reeves que encabeza a un grupo de jugadores sustitutos (The replacements, 2000) Gene Hackman entra al quite como coach de los inexistentes Washington Sentinenls para que superen una huelga, que sí fue real en la NFL en 1987, para ello, contrata a un grupo de jugadores en transición, encabezados por Reeves.

Cuba Gooding Jr también tiene su historia de éxito (Radio, 2003) en compañía de Ed Harris en el papel del coach Harold Jones. El entrenador adopta a James "Radio" Kennedy, un chico con discapacidad cuya vida se transforma con el futbol de un vagabundo que sufría bullyng a un activo personaje del Instituto T.L. Hanna High School de Anderson, Carolina del Sur.

Triunfadores también los Manassas Tigers de Memphis que son mostrados en un documental como un equipo con poco presupuesto que puede tener grandes alcances (Undefeated, 2011).

Ëxito el de Tom Cruise, un estudiante preparatoriano con muy mala actitud, pero con la ambición de salir de su pueblecito de Pensylvania (All the right moves, 1983). Su comportamiento opaca su talento en el emparrillado que lo margina del equipo Ampipe Bulldogs, donde todo huele a Acereros de Pittsburgh.

Pero el mejor homenaje que puede verse en la pantalla grande es que hace todo el equipo de los Buffalo Bills dirigidos por Jon Voight como el coach Chuck Dichter (Second string, 2002). El entrenador consigue en un momento crítico a un nuevo QB, Dan Heller, interpretado por Gil Bellows, con él, los Bills consiguen el Super Bowl en el Super Dome… pero en la realidad es un homenaje a lo que no han hecho, los Bills nunca han ganado el campeonato de la NFL, pese a haber llegado cuatro veces al "súper domingo".

De pasadita, un héroe en toda la extensión de la palabra es Tom Hanks (Forrest Gump, 1994) que se vuelve un corredor imparable para el equipo universitario de Alabama. 

La 90 no es una película, sino el archivo filmográfico de la National Football League (NFL Films) que se encarga desde 1962 de tener puntualmente cintas de los juegos, además de programas de televisión y documentales sobre lo que ocurre alrededor de este espectacular deporte. NFL Films ha ganado 112 Premios Emmy.

Vale recordar que hoy, las plataformas también tienen material en serie que alcanza niveles cinematográficos. 

En la lista podemos incluir en Netflix a Roll Red Roll, En la mente de Aarón Hernández, QB1, Coach Snoopy, Last Chance U, y Somos los Brooklyn Saints; El Estado de juego; cultura de choque en HBO y All or Nothing con varios equipos de la NFL en Amazon Prime.

Regresando al principio

Y de  vuelta a ese cliché donde el clímax de la película se concentra en una jugada vez, pero en cámara lenta ¿Cómo termina la escena del final?

Al finalizar la jugada, los oficiales ven que el balón está dentro de la zona de anotación, levantan los brazos y dan el silbatazo final mientras el corredor se incorpora con la cara llena de cal y un poco de pasto en el casco… los héroes abrazan a sus novias, los papás de los héroes lloran y el coach regresa con su ex esposa...

Publicado en Diario El Mundo los días 5 y 6 de febrero de 2015, previo al Super Bowl 50 entre las Panteras de Carolina y los Broncos de Denver.