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domingo, mayo 01, 2016

Les Luthiers, homicidas en potencia

Les Luthiers, otro triunfo del humor musical.

Fueron cuatro presentaciones las de Les Luthiers en su última visita a México y el saldo no puede dudarse, hubo muchos muertos de risa que registrados en las butacas llenas del Auditorio Nacional de la CdMx y el Auditorio Telmex de Guadalajara.

Ahí, los fans y quienes apenas los descubren, sufríeron de ese rictus de no soportar más las carcajadas en la garganta, que luego de la risa general obliga a algunos a cubrirse el rostro para no exhibirse mientras más de una lágrima se desborda, síndrome inequívoco de la agonía por exceso de gracia.

Desde su aparición en el escenario que desata la emoción hasta el llanto disimulado de los Lesluthierófilos hasta el ya clásico número "fuera de programa", los seis actores, cantantes, músicos, poetas y locos dominan el escenario para divertir sin límites.

No es necesario conocer a profundidad la obra de Les Luthiers para disfrutar de la inteligencia, la maestría y el humor de los argentinos.

Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés, Martín O’Connor y Horacio "Tato" Turano mantienen la esencia inalterable del grupo creado por Gerardo Masana en 1968, música de altos vuelos, dominio de los géneros, un manejo incomparable del idioma y una actuación impecable.

El contenido

Manuel Darío sin Daniel Rabinovich no es tan estúpido, pero sí salva su pellejo en Martín O’Connor que nos hace olvidar al extinto Daniel con una voz de tenor que arrebata el aplauso del público.

"Nosotros somos los padres de Manuel Darío",
dice Mundstock abrazando a Marona,
mientras la madre, Núñez Cortés, espera por su diálogo.
Pero, el eje de "¡Chist!", título del programa que trajeron a México, es "La comisión (Himnovaciones)", un número dividido en cuatro actos que sintetiza actuar de los gobiernos latinoamericanos a través de dos políticos que encargan a un músico popular la actualización del himno nacional, no dicen qué país, pero sí evidencian que se trata de uno sudamericano (los noruegos (arriba), nosotros (abajo).

"- Sr. presidente, nos sentimos honrados.
- ¿Honrados?
- Es cierto, qué sensación tan rara". 

Pasan por "La bella y graciosa moza" donde Mundstock pierde todo el orden de una historia medieval pasada por agua y trepada en un abedul y por "Solo necesitamos", un reclamo ecológico desorientado cantado en un árbol convertido en guitarra.

Detonador de "genios", "maestros", "bravos" y muchos aplausos es "La hija de Escipión", donde Turano levanta la voz en honor al desaparecido Daniel, que es extrañado en "El bolero de los celos".

Con música barroca y "religiosa" desarrollan el "dubidubidú" de la "Educación sexual moderna" dedicada a Santa Frígida, que es invocada por un atormentado Carlos Nuñez y en "La redención del vampiro salvan a un chupasangre viudo lleno de luces LED con una exquisita pieza dedicada a Transilvania, versión cumbia.

"- ¿Sois músicos?
- Sí, somos musicois
- ¿De qué grupo?
- De Les Luthiers
- No, de qué grupo sanguíneo."

El "Encuentro en el restaurant" regresa "Tato" Turano a platicar con una silla vacía y finalizan con los dos más serios del grupo, el experto en cuerdas Jorge Maronna y el director de orquesta Carlos López Pucció cantando un rip al rap titulado "Los jóvenes de hoy en día", donde exhiben que aún queda vitalidad por encima de los 67 años.

El remate fuera de programa es "Rhapsody in balls" donde el virtuoso piano de Núñez Cortés reta a Maronna a seguirlo en el "bolarmonio", un estrambótico instrumento compuesto de 18 pelotas de volibol a manera de teclado que al ser oprimidas hacen sonar lengüetas de armónica.

Merece mención aparte un personaje cuyo nombre levantaba la ovación del público y el grito de más de un admirador. Cada que Mundstock pronunciaba a "el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, era necesaria la pausa para el desahogo del "respetable", hasta que el relator tenía que reiniciar la lectura diciendo "el célebre compositor… antes mencionado"… entonces podía continuar el show.

LesLu con el bolarmonio.
Cientos de los muertos de risa se recuperaron al final con un aplauso que, aunque dentro del cliché, hizo que auditorio se viniera abajo mientras los artistas salían una y otra vez con la humilde caravana de quien se sabe gran artista.

Les Luthiers vino nuevamente a México para confirmar que han elevado el virtuosismo del humor a una escala inalcanzable y que no hay nada mejor para acompañarla que mucho conocimiento musical y seis comediantes, si no es que payasos, pasados de maduros envueltos en un frac.

Publicado en el diario El Mundo el 13 de abril de 2016

sábado, agosto 22, 2015

Adiós al bobo de la tribu

>> Daniel Rabinovich era musico, humorista, actor y el bigote más distinguido de esos elegantes payasos que forman Les Luthiers 

Siempre que se va un grande del humor, queda un vacío complicado. Uno recuerda una y otra vez las actuaciones que nos doblaron de la risa, pero ese espacio consume todas las carcajadas como un gran hoyo negro y nos deja al final aplastados, deprimidos, casi llorando por la nueva ausencia.

Con Daniel Rabinovich pasa eso.

Era un prodigio con esos instrumentos poco convencionales de Les Luthiers, era un extraordinario humorista, pero sobretodo, era el mejor actor del grupo.

Era el "bobo de la tribu", no sólo por su disparatada participación en "Cartas de color" y pese a ello, era el más listo del, primero sexteto y luego quinteto de los "lutieres".

Era el único que le robaba escenario a Marcos Mundstock en la presentación de los números aunque no supiera leer las sinopsis de las obras ficción de ese enorme músico ficción que es Johan Sebastian Mastropiero (¿O eran de Günther Frager?).

Rabinovich aporta mucho de ese humor que pese a ser rebuscado, es fácil de asimilar cuando uno se deja sorprender. Pasa con el también desaparecido Roberto "El Negro" Fontanarrosa, también un grande del humor argentino y colaborador de Les Luthiers y en menor grado con Jorge Porcel, literalmente, un gigante que aportaba más humor de situación y picardía.

Quienes gustamos de Les Luthiers vamos a extrañar nuevas obras donde Daniel aporte el uso de su mirada para rematar un chiste, se extrañará su disparatado uso del lenguaje para enredarse inteligentemente en un juego de palabras que no es cantinflería, sino ingenio amalgamado con chispas culturales e ingenuidad infantil.

Se extrañará la laxitud y rigidez para cantarle a Ernesto Acher "La gallina dijo Eureka", su enorme aportación al bolero bufo y el toque histriónico que aportaba al quinteto de humoristas que aprovechaban la pose de pingüino para engañarnos que eran solemnes, cuando siempre han sido unos payasos geniales.

Se extrañaran sus notas graves de "bass-pipe a vara", un enorme trombón que para tocarlo requiere de llantitas, de su ritmo en la batería mientras se anuncia la llegada de Warren Sánchez y las notas de su latín, ese violín cuya caja de sonido es una lata de jamón.

Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, que era su verdadero nombre, puede ser el alumno más adelantado de Mastropiero, porque no alcanza la talla de concertista de Carlos Núñez Cortés al piano, la limpieza al violín de Carlos López Puccio o la virtuosidad de Jorge Maronna en la guitarra. Más era el elemento indispensable del chiste, la cara de risa, el negrito en el arroz, el bigote más distinguido del grupo, desde sus inicios en 1967 hasta hoy, cuando Rabinovich disfrutaba sus 71 años y padecía ya un par de infartos previos al desenlace.

Quedan al menos cuatro luthiers (quizás siete si contamos un ex y dos suplentes) y millones de fans en el desamparo, con la risa arrastrando esa mueca que la invierte y transforma en llanto.

Pero, como diría el propio Rabinovich: "Pero el tema todavía da para más. Esto es, todo esto... todo esto es ... todo es... Esto es, todo... todo, esto, ese, todo eso es. Éste todo, ¡Oh!, ¿qué es esto?, éste se, éste se, todo eso se, eso se tostó, se... ese seto es dos, dos tes, dos, eso es sed, esto es tos, tose tose toto, o se destetó teté o est ... ¡Ahh! ¡Esto es todo!".


@jccortes