domingo, mayo 01, 2016

Les Luthiers, homicidas en potencia

Les Luthiers, otro triunfo del humor musical.

Fueron cuatro presentaciones las de Les Luthiers en su última visita a México y el saldo no puede dudarse, hubo muchos muertos de risa que registrados en las butacas llenas del Auditorio Nacional de la CdMx y el Auditorio Telmex de Guadalajara.

Ahí, los fans y quienes apenas los descubren, sufríeron de ese rictus de no soportar más las carcajadas en la garganta, que luego de la risa general obliga a algunos a cubrirse el rostro para no exhibirse mientras más de una lágrima se desborda, síndrome inequívoco de la agonía por exceso de gracia.

Desde su aparición en el escenario que desata la emoción hasta el llanto disimulado de los Lesluthierófilos hasta el ya clásico número "fuera de programa", los seis actores, cantantes, músicos, poetas y locos dominan el escenario para divertir sin límites.

No es necesario conocer a profundidad la obra de Les Luthiers para disfrutar de la inteligencia, la maestría y el humor de los argentinos.

Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés, Martín O’Connor y Horacio "Tato" Turano mantienen la esencia inalterable del grupo creado por Gerardo Masana en 1968, música de altos vuelos, dominio de los géneros, un manejo incomparable del idioma y una actuación impecable.

El contenido

Manuel Darío sin Daniel Rabinovich no es tan estúpido, pero sí salva su pellejo en Martín O’Connor que nos hace olvidar al extinto Daniel con una voz de tenor que arrebata el aplauso del público.

"Nosotros somos los padres de Manuel Darío",
dice Mundstock abrazando a Marona,
mientras la madre, Núñez Cortés, espera por su diálogo.
Pero, el eje de "¡Chist!", título del programa que trajeron a México, es "La comisión (Himnovaciones)", un número dividido en cuatro actos que sintetiza actuar de los gobiernos latinoamericanos a través de dos políticos que encargan a un músico popular la actualización del himno nacional, no dicen qué país, pero sí evidencian que se trata de uno sudamericano (los noruegos (arriba), nosotros (abajo).

"- Sr. presidente, nos sentimos honrados.
- ¿Honrados?
- Es cierto, qué sensación tan rara". 

Pasan por "La bella y graciosa moza" donde Mundstock pierde todo el orden de una historia medieval pasada por agua y trepada en un abedul y por "Solo necesitamos", un reclamo ecológico desorientado cantado en un árbol convertido en guitarra.

Detonador de "genios", "maestros", "bravos" y muchos aplausos es "La hija de Escipión", donde Turano levanta la voz en honor al desaparecido Daniel, que es extrañado en "El bolero de los celos".

Con música barroca y "religiosa" desarrollan el "dubidubidú" de la "Educación sexual moderna" dedicada a Santa Frígida, que es invocada por un atormentado Carlos Nuñez y en "La redención del vampiro salvan a un chupasangre viudo lleno de luces LED con una exquisita pieza dedicada a Transilvania, versión cumbia.

"- ¿Sois músicos?
- Sí, somos musicois
- ¿De qué grupo?
- De Les Luthiers
- No, de qué grupo sanguíneo."

El "Encuentro en el restaurant" regresa "Tato" Turano a platicar con una silla vacía y finalizan con los dos más serios del grupo, el experto en cuerdas Jorge Maronna y el director de orquesta Carlos López Pucció cantando un rip al rap titulado "Los jóvenes de hoy en día", donde exhiben que aún queda vitalidad por encima de los 67 años.

El remate fuera de programa es "Rhapsody in balls" donde el virtuoso piano de Núñez Cortés reta a Maronna a seguirlo en el "bolarmonio", un estrambótico instrumento compuesto de 18 pelotas de volibol a manera de teclado que al ser oprimidas hacen sonar lengüetas de armónica.

Merece mención aparte un personaje cuyo nombre levantaba la ovación del público y el grito de más de un admirador. Cada que Mundstock pronunciaba a "el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, era necesaria la pausa para el desahogo del "respetable", hasta que el relator tenía que reiniciar la lectura diciendo "el célebre compositor… antes mencionado"… entonces podía continuar el show.

LesLu con el bolarmonio.
Cientos de los muertos de risa se recuperaron al final con un aplauso que, aunque dentro del cliché, hizo que auditorio se viniera abajo mientras los artistas salían una y otra vez con la humilde caravana de quien se sabe gran artista.

Les Luthiers vino nuevamente a México para confirmar que han elevado el virtuosismo del humor a una escala inalcanzable y que no hay nada mejor para acompañarla que mucho conocimiento musical y seis comediantes, si no es que payasos, pasados de maduros envueltos en un frac.

Publicado en el diario El Mundo el 13 de abril de 2016

miércoles, marzo 02, 2016

100 yardas de película (actualizado al 2021)

Aquí, 90 cintas relacionadas con el deporte de las tacleadas, todas bajo apuntes frente a la pantalla... le sumamos casi 40 películas desde 2015... y si no deseas leer, puedes ver EL VIDEO... 


Mucho antes del primer Super Bowl, desde los tiempos del cine mudo, la pantalla grande ha mostrado esa particular cultura alrededor del futbol americano… 

PRIMERA MITAD

Si usted se imagina que un jugador corre con el ovoide en las manos a toda velocidad, pero en cámara lenta para hacer un touchdown, estará dándole vida a una de las escenas más recurrentes en las películas sobre futbol americano. Un cliché que termina con un héroe o un villano.
Haz click para ampliar las fotos.
El deporte de las tacleadas se ha vuelto un género con el paso del tiempo y explica mucho de la cultura que hay alrededor del balón ovalado; hay violencia, fe, esfuerzo, competencia, lluvia, amarguras, dolor, amor, logro, sudor, camaradería, trabajo de equipo, nieve, espectáculo y muchos stunts…  

Todas las cintas que se enumeran a continuación están disponibles para verse en internet, en servicios de paga y extraoficiales y como otro cliché, muchas de ellas advierten que se trata de una película “basada en hechos reales”.

Las damas primero

Todo parece que empezó en los ochentas, cuando Helen Hunt se vuelve el activo principal de su equipo los Grizzlies (Quaterback princess,1983) y Goldie Hawn como Molly McGrath se enfrenta a su propio equipo, los Wildcats, comandado por un joven Wesley Snipes (Wildcats, 1986).

La fuerza femenil se transformó en poder ejecutivo con Cameron Díaz cuestionando a Al Pacino como el coach de los Miami Sharks en la cinta de Oliver Stone (Any given sunday, 1999) y se volvió cosa de niñas en el nuevo siglo; primero cuando la pequeña Peyton modifica la vida del estrella de los Boston Rebels Joe Kingman, encarnado por Dwayne “The Rock” Johnson (The game plan, 2007) y después cuando Keke Palmer, haciéndola de la puberta Jasmine es la mariscal de campo de un equipo varonil mientras es dirigida por Ice Cube (The Longshots, 2008).

Con esto cruzamos la yarda 10, para pasar a las cintas donde el futbol lo desplaza el miedo.

En plena revolución sexual, el profesor Michael “Tiger” McDrew (Rock Hudson) enamora a cuanta chica se topa mientras entrena al equipo de futbol de la ficticia Oceanfront High School (Pretty maids all in a row, 1971). Las labores en la escuela se complican cuando comienzan a ocurrir una serie de asesinatos que no detienen la actividad en las canchas.

Un enjambre de abejas asesinas hacen una escala en el Superdome de los Santos luego de apanicar a la ciudad de Nueva Orleans durante el Mardi Grass (The Savage Bees, 1976). La cinta para televisión se hizo acreedora a un Emmy.

Nada mejor que un campo de futbol americano para causar psicosis a miles de aficionados. Un francotirador se trepa al pebetero del Memorial Coliseum de Los Angeles mientras juegan Baltimore vs  Los Angeles, su intención es eliminar aficionados de uno por uno. (Two minute warning, 1976). Algo muy parecido ocurre cuando a los terroristas van a Miami mientras en el campo los Pittsburgh Steelers y Dallas Cowboys se disputan el Super Bowl X (Black Sunday, 1977). Nada mejor que ver como cae el dirigible de la Goodyear en el Orange Bowl al ritmo de la música de John Williams.
También un desquiciado abre fuego en el Coliseum de LA lleno mientras Bruce Willis (con cabello) busca malosos (The last boyscout, 1991).

John Travolta, Morgan Freeman y Brendan Fraser no logran levantar este thriller policiaco (The Poison Rose ,2019) donde el bailarín Travolta (Carson Phillips) es un tramposo ex jugador de futbol americano que trabaja como detective en Los Ángeles y que al final se ocupa de investigar la muerte del quarterback de su ex equipo de Galveston, Texas.


No Falta Lana (NFL)

Si por algo se caracteriza la National Football League (NFL) es por demostrar su poder económico, sea en las nóminas de los equipos o el costo de los derechos de transmisión por TV, en el cine se exhibe igual: Kevin Costner mueve mar y cielo para los Cleveland Browns en la modernizada esclavitud que representa el draft, la compra-venta de jugadores (Draftday, 2014), en el mismo sentido de negocio Tom Cruise cuida de su representado Cuba Gooding Jr. (Jerry Maguire, 1996).

La mercadotecnia ya la refleja de alguna manera George Clooney y Reneé Zellweger en los principios del siglo XX (Leatherheads, 2008) y ni dudarlo en cómo se construye ese ritual de la TV que son los “Lunes por la noche” (Monday Night Mayhem, 2002) que es la última oportunidad para los apostadores como Al Pacino y su alumno Matthew McConaughey (Two for the money, 2005).
Pero, sin dudas, donde el dinero es factor de polémica por sobre la salud de los jugadores es en la cinta protagonizada por Will Smith (Concussion, 2015) donde representando al neurólogo nigeriano Dr. Bennet Omalu hace tambalear el sistema de la NFL.

Pasamos a los partidos de risa mientras cruzamos la yarda 30 del terreno.

A la captura de carcajadas
 
Desde los inicios del cine, el futbol americano es motivo para hacer comedias y pocos como Harold Lloyd corriendo el balón (u olvidándolo) en pleno emparrillado, con más ganas que talento que incluye, quizás, ese cliché donde un jugador avanza hasta la zona de anotación para volverse héroe, sin decir una palabra (The freshman, 1925).
El futbol también puede ser motivo para historias hilarantes. Groucho, Harpo, Chico y Zeppo, los geniales hermanos Marx hacen ganar un juego al Colegio Huxley entre escenas absurdas que incluyen un touchdown sobre un carro jalado por caballos (Horse Feathers, 1932).

En la antesala de lo que sería el primer Superbowl se muestra un poco de periodismo de inmersión (
Paper Lion, 1968). El reportero George Plimpton, encarnado por Alan Alda, tiene que transmitir a sus lectores la intensidad de un deporte y elige el futbol americano. Los Leones de Detroit aceptan al periodista a experimentar lo que es estar en el roster del equipo. En la cinta participa el legendario Vince Lombardi.

Curiosa comedia ítalo-alemana es la que protagoniza el actor de origen italiano Bud Spencer (Lo chiamavano Bulldozer, 1978). El robusto barbón representa a un ex jugador de futbol americano que decide residir en un pueblo costero italiano y no puede evitar enredarse con el ovoide al coachear a un grupo de delincuentes juveniles que son retados por el equipo de una base estadounidense. Clásico en Spencer, la película está llena de puñetazos.

Burt Reynolds y Kris Kristofferson son dos famosos futbolistas de Miami que comparten muchas cosas, incluida la cercanísima amistad con una chica encarnada por Jill Clayburgh (Semi tough, 1977). la libertad sexual no se antepone al deporte de las tecleadas ni impide llegar a un ficticio Superbowl. 

¿La muerte puede ser divertida? Sí. Warren Beauty interpreta a un quaterback de LA Rams que muere, pero la burocracia celestial le permite regresar y buscar un cuerpo que le permita estar en el Super Bowl (Heaven can wait, 1978), no tan divertido, pero con muchos fans, Adam Sandler deja las garrafas y se pone el casco de los Mug Dogs para volverse héroe (The Waterboy, 1998), tan héroe como los pequeños Giants de Urbania dirigidos por Rick Moranis, siempre opacado por su “hermano” Ed O’neil (Little Giants, 1994), una historia al estilo Disney que no es de Disney.


Paul Blake, a sus casi 40, deja su rancho para reiniciar la universidad que dejó años atrás y encabezar junto a los Armadillos de la Texas State un intento por revivir glorias pasadas (Necessary Roughness, 1991). La cinta cuenta con un cameo de ex estrellas de la NFL como Hershel Walker, Tony Dorsett, Roger Craig, Randy White, Jerry Rice, Jim Kelly, Ed "Too Tall" Jones, Earl Campbells y Dick Butkus que la hacen de jugadores de una cárcel, además del ex campeón de pesos completos Evander Hollyfield.

El detective de mascotas, protagonizado por Jim Carrey, es el encargado de investigar el secuestro de Copo de Nieve, la mascota de los Delfines de Miami y de paso, le toca rescatar al legendario Dan Marino (Ace Ventura, Pet Detective, 1994). Un clásico entre la filmografía del comediante canadiense y de los fans de los Dolphins.

El equipo de los Angeles de Westfield se ven beneficiados por la bondad de un grupo de serafines comandados por Christopher Lloyd luego de la tragedia que sufren dos hermanos al perder a su padre (Angels in the endzone, 1997). Los ángeles hacen de un equipo perdedor, todo lo contrario entre jugadas fantásticas en una clásica comedia de Disney entre bizarra y sensibloide.

A quién no le gusta el futbol dice Bud, un receptor de oro (Air Bud, Golden Receiver, 1998) . Este canino, que es estrella en otros deportes, se concentra en ayudar a los Timberwolves ganar un campeonato en la segunda cinta de una saga dedicado, obvio, a los niños.

Pero no llega a la sátira encabezada por David Koechner como el extrovertido y espontáneo coach de los Heartland Comebacks Lambeau Fields quien le da otra dimensión al futbol americano (The comebacks, 2005).

Johnny Walker es un codiciado futbolista en una inexistente escuela de Ashcroft que no decide a qué universidad acudir mientras recibe generosas ofertas entre historias de relajo compartidas con su novia Uma Thurman y su amigo Leo, un chavísimo Robert Downing Jr “relegados* a un rol secundario (Johnny be good, 1988).

Con engaños, el ex quarterback de los Tejones de Putnam Patrick Hodge es llevado de Chicago a su pueblo en Oklahoma para jugar un partido pendiente con sus archirivales, los Caballeros de Noble (The Turkey Bowl, 2015). Pese a dejar plantada a su novia, el jugador es sacudido por la nostalgia mientras se prepara para el gran juego en Día de Acción de Gracias bautizado como El Tazón del Pavo.

Aunque absurda, por ratos tiene tintes de comedia inteligente, la historia de Caleb Fuller (Balls out, 2015), que luego de brillar en el futbol universitario intramuros (tochito de seis con bandera), abandona el juego para estudiar y ponerse en riesgo del matrimonio, y justo en esta disyuntiva, reúne a su viejo equipo, las Panteras, para ganar el campeonato.

En México también se cuecen habas. Las habilidades de Adalberto Martínez “Resortes” bailando a ritmo de Pablo Beltrán Ruiz y de Andy Russell cantando  cha cha chas se muestran con la excusa de ver a los Pumas y los Burros Blancos en Ciudad Universitaria (Viva la juventud!, 1956 - así, con un solo signo de admiración).
Poco después, el genial Germán Valdés “Tin Tán” es es metiche de Casimiro que disfruta el clásico Poli-UNAM al ritmo de la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz (Paso a la juventud, 1958).

Dios es el balón

Una constante en las cintas sobre futbol americano es la fe, hay una insistencia en llevar lo divino al emparrillado.

Uno de los introductores de este deporte a México fue Lambert J. Dehner interpretado por Joaquín Cordero haciendo jugar a Julio Alemán mientras narra Jorge “Sonny” Alarcón, Angel Fernández y Pedro “Mago” Septién (Juventud sin Dios / La vida del padre Lambert, 1961).

Como  el entrenador Grant Taylor, Alex Kendrick nomás no da una entrenando a las Aguilas de la Academia Cristiana de Shiloh, pero Dios mediante, consigue un campeonato y  un hijo (Facing the Giants, 2006). Igual ocurre con el equipo de la escuela Santo Tomás de Canton, Ohio, donde con fe se superan las crisis (Underdogs, 2013).

La fe de Sean Astin, encarnada ahora en el predicador Hank Erwin lleva a hacer muchas conversiones para los Coroneles de Woodland y no en puntos, sino religiosas. (Woodlawn, 2015) y también la oración hace que la muerte de un joven haga que un jugador, el equipo y la afición de los Diáconos de Wake Forest lo adopten como ángel de la guarda  (The Fifth Quarter, 2010). 

También con tintes religiosos, el coach Royal (Aaron Eckhart) cuenta la biografía de Freddie Steinmark (Finn Wittrock) que tras ser campeón nacional universitario con los Texas Longhorn en los 60s sufre la amputación de su pierna derecha y con ello se frustran todos sus sueños de llegar a la NFL. (My all American, 2015)

Austin Smith es un estrella marginada del equipo los Piratas de Lumberton, Carolina del Norte, y tiene que mudarse de barrio y escuela para aspirar a una beca universitaria, pero tiene que enfrentar el bullying de sus nuevos compañeros (Shake off the World, 2015). La historia, vendida como de la vida real, al final cambia de tono y en lugar de tecleadas se reciben insistentes golpes de religión, sermones y una inusual asepsia juvenil.

Alexa es madre del estrella del equipo local a quien obliga a confesar que bebió cerveza aunque esto le acarree quedar fuera del roster de los Crush de Eau Claire en un juego de campeonato regional (Catching faith, 2018). Soporífero drama religioso que toma como justificante al futbol para poner en pantalla morales, culpas y pecados.

Zach Truett es un atleta de Alabama que tiene todo para llegar al futbol universitario con beca de los Gatos de Florida de por medio, pero, una lesión fuera de las canchas cambia todo, además de que la muerte de su hermano, con quien comparte vida, lo pone en una encrucijada, pero todo lo bueno y malo, en esta cinta anunciada como una película inspiradamente cristiana. (Run the Race, 2019). Cinta producida por Tim Tebow, ex quarterback de Broncos, Jets, Patriotas y Aguilas.


SEGUNDA MITAD


Del dolor al touchdown

El emparrillado es el espacio propicio para que la tragedia y la gloria se junten.

El futbol americano es uno de los deportes preferidos de los productores de cine para llevar el deporte a la pantalla grande; se puede decir que es un género que no se mide en 24 escenas por segundo, sino en un campo de 100 yardas durante dos horas.

En muchas ocasiones, las cuatro oportunidades de un down, reflejan la estructura de una película:  tienen introducción, desarrollo, clímax y desenlace… y un primero y diez…

Sangre, sudor y muchas lágrimas

Fracturas, raspones, contusiones, comas, agresiones fuera del campo, racismo y muertos es lo que deja como saldo un buen número de cintas, muchas de ellas "de la vida real".

La fama de Harold “Red” Grange en el futbol durante los años 20 lo llevan a la pantalla con una historia ficticia donde no cambia su nombre (The Galloping Ghost, 1931). El estrella, que en la vida real jugó para la Universidad de Illinois y los Osos de Chicago, filma una película serial de tres horas y media en 12 episodios donde es expulsado de su equipo por un mal entendido y logra recuperar su nombre y posición.

Tony Curtis es el quarterback de Mid State Nick Bonelli (All American, 1953que abandona el futbol al perder a sus padres cuando se dirigían a ver uno de sus juegos, el hecho lo lleva a cambiar de Universidad donde todos reconocen su talento, pero él se resiste a jugar entre rivalidades y amoríos estudiantiles.

A veces, no todo el esfuerzo físico alcanza. En Odessa, Texas, donde todo se reduce al campo de 100 yardas , su equipo escolar, las Panteras de la escuela Permian dirigidas por Billy Bob Thornton (el coach Gaines) sufren de todo para llegar a una final escolar que se disputa en el Astrodome (Friday Night Lights, 2004). Todo queda en enseñanza, fracturas y reencuentros.

Pero, el drama puede ser social. Ambientada en los 60, como el entrenador Herman Boone, Denzel Washington supera las barreras raciales al hacerse cargo del equipo de Alexandría, Virginia. Con el patrón de Disney, la cinta pinta como los odios se transforman en amores entre jugadores y fans de distintas razas (Remember, the Titans, 2000).

El conflicto social también está presente en la vida de Ernie Davis (The Express, 2008), la dramática historia del joven que escapaba de los niños blancos en los años 40s para evitar que lo golpearan y se volvió golpeador profesional con el balón bajo el brazo en los años 60s. Pese a ser el primer jugador “de color” en obtener el trofeo Heisman y ser firmado por los Cleveland Browns su muerte por leucemia impidió que jugara un solo partido en la NFL.

El cáncer también evitó que Brian Píccolo interpretado por James Caan continuara su carrera en los Chicago Bears (The Brian song, 1971). En la cinta, Caan es acompañado de Billy Dee Williams, más famoso por su papel galáctico como Lando Calrissian). El rapero 50 Cent, como el talentoso corredor Deon del equipo colegial Lakers (All Things Fall Apart, 2011), también ve truncada su carrera de estrella por el cáncer.

Dennis Quaid pasa de los Tigres de Luisiana a los Pieles Rojas de Washington como Gavin "Gray Ghost" (Everybody's All American, 1988) en una cinta ambientada entre los 50s y 60s donde junto con Jessica Lange y John Goodman enfrentan una época racista entre juegos de futbol, conflictos económicos y el inevitable desgaste que deja el tiempo que los lleva a los Broncos de Denver.

Una mala jugada al corazón del coach Bob Ladouceur, interpretado por Jim Caviezel, es factor para que se interrumpa la racha de más de 150 triunfos de los Espartanos de Richmond, California (When the Game Stands Tall, 2014).

Pero ¿Qué peor tragedia puede ocurrir cuando cae el avión donde viaja el equipo, directivos y fans? Inspirada en el accidente ocurrido al Vuelo 932 de Southern Airways donde viajaban los Marshall Thundering Herd, el drama de la Universidad Marshall apenas se ve superado por un motivador Matthew McConaughey, como el coach Jack Lengyel, que rehace el equipo desde cero y revive el deporte en la institución ubicada en Virginia Occidental (We are Marshall, 2006).

El drama también lo viven los coach, todos los Coyotes de West Caan encabezado por James Van Der Beek (Jonathan “Mox” Moxon) renuncian a ser dirigidos por el dictatorial coach Jon Voight que insiste en seguir siendo leyenda. Ahí exhiben que en Texas, la única ley es el futbol (Varsity blues 1999).
Pero, las tragedias en el americano también son decisión personal.

Paul Aufiero es un encendido aficionado de los Gigantes de Nueva York, tanto que se topa con la encrucijada de demandar a una de las estrellas de su equipo luego que está le propinara una golpiza que lo manda al hospital (Big Fan, 2009). Es obtener millones de dólares o que los Giants vean disminuido su juego y sus aspiraciones a playoffs.

Pero, las tragedias en el americano también son decisión personal.

Una película que sirve de homenaje a la vida de Knute Rockne (Knute Rockne, All American, 1940) muestra con algunos toques religiosos a la estrella de la Universidad de Notre Dame, que transforma a principios del Siglo XX las estrategias y formas del futbol americano. Brevemente se toca la vida de la leyenda George Gipp, interpretado por Ronald Reagan, que fuera entrenado por Rockne.

También en los albores del deporte profesional, el indio Jim Thorpe rompe todos los esquemas en el atletismo, el beisbol, pero particularmente en el futbol americano donde consigue hacer brillar a los Indios de Carlise, pero el tiempo le cobra la factura (Jim Thorpe - All American, 1951). Destaca el papel de Burt Lancaster.

El cine también muestra la vida y del estrella del fútbol Elroy "Crazylegs" Hirsch interpretada por él mismo (CrazyLegs, 1953). La biografía se concentra en sus días universitarios en Wisconsin y Michigan aunque más tarde se enroló con Los Angeles Rams con quien fue campeón en 1951.

Emotiva es la película biográfica para la TV de la carrera de John Cappelletti, quien alcanza las mieles de la gloria universitaria al conseguir el Trofeo Heisman (Something for Joey, 1977). El corredor de Penn State se inspira en su hermano menor Joseph, quien padece leucemia. Cappelletti triunfó también en la NFL con los Rams de Los Angeles y los desaparecidos Chargers de San Diego. 


Nick Nolte, en el papel de Phil Elliott es un rebelde en el equipo North Dallas Bulls en el norte de Texas (North Dallas Forty, 1979). La perdición del jugador es la mariguana, las pastillas y una adicción a los analgésicos, un poco como le ocurre a David Morse, un atormentado entrenador de “six man football”, una variante del juego que pone en la cancha sólo a seis hombres, donde Ryan Gosling no ayuda mucho entre problemas familiares, alcoholismo, una actitud que lo trae siempre con moretones en la cara y viviendo en ambientes regularmente nevados del inexistente poblado de Blue Springs (The Slaughter rule, 2002).

También la historia del corredor de los Acereros de Pittsburgh Rocky Bleier es llevada a la pantalla interpretado por Robert Urich, se plasma en (Fighting Back, 1980). El jugador interrumpe su carrera con los Steelers para reclutarse en el Ejército e ir a Vietnam donde es herido de bala y con esquirlas de granada en una pierna. Pese al pronóstico de no volver a caminar, regresa apoyado por su familia y equipo para ganar cuatro Super Tazones.

Dos ejemplos de que la esperanza muere al último lo dan Brian Presley y Robin Williams.

Presley es Scott Murphy, un estrella local que no supera su vida tras una fractura que le impidió seguir jugando, pero que en un intento de suicidio revive lo que debió ser su vida en Cold Water, Ohio (Touchback, 2002), mientras que sin sueño de por medio, Robin Williams, como Jack Dundee, desea superar un pase incompleto que lo marcó de por vida en su pueblito de Taft, California en un drama coloreado con mucho humor (The best of times, 1986). En estas dos últimas juegan rol importante las interpretaciones de Kurt Russell.

Aunque de pasadita, un juego futbol americano es un buen lugar para salir de los problemas, como Will Smith que intenta vender un producto financiero a un empresario mientras observan un juego entre los Gigantes de Nueva York y los 49ers de San Francisco (The pursuit of happiness, 2006).

La victoria es lo único

Apelando a aquella frase casi bíblica de Vince Lombardi, que dice que Ganar no es lo importante, sino lo único, no pueden faltar los héroes de final feliz en las cintas de futbol americano, muchos de ellos, llevados a la pantalla desde la realidad.

Sean Astin, salió al emparrillado con problemas de talla (Rudy, 1993), sin embargo,  hace hasta lo imposible por conseguir un espacio en el equipo de la Universidad de Notre Dame.

La tragica historia de Brandon Burlsworth (Greater, 2016) refleja a un chico con sobrepeso y tímido que hace todo lo posible por llegar a los Razorbacks de Arkansas y no solo lo consigue mediante una beca, sino que alcanza la NFL con los Indianápolis Colts. Un accidente de carretera trunca la carrera del defensivo.


La vida de Joe Paterno también se ve en una cinta de HBO (Paterno, 2018). Son
 los últimos meses de vida del coach de Penn State University, que había conseguido 403 victorias para su equipo, pero que se ve involucrado indirectamente en un escándalo de pedofilia contra más de 40 niños. Al Pacino estelariza la cinta de en una historia real que valió un Premio Pulitzer para la periodista Sara Ganim del The Patriot News de Harrisburgh, Pennsilvanya.

Una dramática cinta autobiográfica muestra al estrella y héroe de los Santos de Nueva Orleans Stephen Gleason mientras sufre el deterioro de sus condiciones debido a la esclerosis (Gleason, 2018). El defensivo, cuyas expectativas de vida son escasas, ha quedado gradualmente inmóvil, documenta la historia y filma un diario para su hijo Rivers.

Los sueños juveniles de Brian Banks, estrella del Politécnico de Long Beach, California, se ven truncados por una falsa acusación de violación (Brian Banks, 2019). En la biografía cinematográfica, el atleta lucha por todos los medios para recuperar su libertad y carrera deportiva que tiene como objetivo jugar para un equipo de la NFL.

Dulcificada al estilo Disney, la biografía de Ray McElrathbey (Safety, 2020) pasea entre cursi y motivadora. Ray escapa a un conflictivo entorno familiar y social para alcanzar una beca con los Tigres de Clamson, salvar a su hermano y en el esfuerzo de conseguir sus objetivos, enfrenta a la poderosa liga universitaria National Collegiate Athletic Association (NCAA). 

Burt Reynold como Paul Crewe (The Longest Yard, 1974) escapa de los vicios gracias a ovoide, pero no de la cárcel. El bigotón, a quien le quitan el mostacho al ingresar al penal arma un equipo, los Mean Machine para servir de sparring al equipo de custodios de la Prisión Estatal de Citrus, Florida. La historia fue copiada para una versión de soccer en 2001 y la versión de Adam Sandler (The Longest Yard, 2005) que fue una calca, donde también participó Reynolds ahora como el interno Nate Scarborough.

De la cadena ESPN tenemos dos cintas sobre futbol americano: The Junction Boys (2002) y Code Breakers (2005).
La primera, La temporada del Oso, aborda a los sobrevivientes del campamento de Verano con el entrenador Paul “El Oso” Bryant que llevó al límite a una centena de jugadores de los cuales 38 alcanzarían un lugar para el equipo de la Universidad Texas A&M en los años 50s.

La segunda, de 2005, presenta el escándalo de unos 90 cadetes, entre ellos 37 jugadores del equipo de futbol del Ejército, involucrados en trampas y en romper el código de honor del Ejército. La cinta refleja hechos ocurridos en 1951.

La cárcel también fue el escenario donde Dwayne "The Rock" Johnson es custodio de una prisión juvenil de Los Angeles (Gridiron Gang, 2006), ahí, "La Roca" aplica el futbol para aplacar la agresividad de los internos ya integrados en el equipo Kilpatrick Mustangs que llegan a la final de una liga californiana.

En México, la realidad de la cárcel también se exhibe (La 4ta Compañía, 2016). Inspirada en hechos reales ocurridos en los 70s, la cinta se concentra en Los Perros del penal de Santa Marta Acatitla, que además de reos, son las estrellas de futbol americano de la cárcel, pero también el equipo que sale por las noches a delinquir para los jefes policiacos, entre ellos el tristemente célebre Arturo “El Negro” Durazo.

Otros héroes renacen. Como Quinton Aaron en el papel de Michael Oher, un discreto y tímido joven de Memphis con capacidades fisicoatléticas para el futbol americano (The blind side, 2009). El gigante de color es adoptado por una familia "blanca" que lo lleva al estrellato estudiantil en la Universidad de Mississippi. La película no cuenta que Oher juegó para los Cuervos de Baltimore y las Panteras de Carolina. Multicandidateada para varios premios y con un Oscar para Sandra Bullock.

Igual ocurre con la historia de Vince Papale, protagonizada por Mark Wahlberg (The invincible, 2006). Papale se vuelve la insignia de unas decaídas Philadelphia Eagles en una historia real y pasa de ser un desempleado que a veces ayuda en un bar a el corredor estrellas de un equipo con una racha perdedora.

Dramática resulta la historia de Travis Freeman, una promesa del futbol americano que en pleno ascenso en Corbin, Kentucky, sufre un ataque de meningitis que lo deja ciego (23 Blast, 2014). Pese a ello, Freeman, protagonizado por Mark Hapka, acompaña a su equipo y es incluído en algunos partidos desempeñando la posición de centro.

James Caan vuelve al emparrillado ahora encarnando al coach Sam Winters de la inexistente ESU Timberwolves para dirigirlos a un campeonato en medio de egos, fracturas y abuso de anfetaminas (The program, 1993), la historia de éxito se repite con Keanu Reeves que encabeza a un grupo de jugadores sustitutos (The replacements, 2000) Gene Hackman entra al quite como coach de los inexistentes Washington Sentinenls para que superen una huelga, que sí fue real en la NFL en 1987, para ello, contrata a un grupo de jugadores en transición, encabezados por Reeves.

Cuba Gooding Jr también tiene su historia de éxito (Radio, 2003) en compañía de Ed Harris en el papel del coach Harold Jones. El entrenador adopta a James "Radio" Kennedy, un chico con discapacidad cuya vida se transforma con el futbol de un vagabundo que sufría bullyng a un activo personaje del Instituto T.L. Hanna High School de Anderson, Carolina del Sur.

Triunfadores también los Manassas Tigers de Memphis que son mostrados en un documental como un equipo con poco presupuesto que puede tener grandes alcances (Undefeated, 2011).

Ëxito el de Tom Cruise, un estudiante preparatoriano con muy mala actitud, pero con la ambición de salir de su pueblecito de Pensylvania (All the right moves, 1983). Su comportamiento opaca su talento en el emparrillado que lo margina del equipo Ampipe Bulldogs, donde todo huele a Acereros de Pittsburgh.

Pero el mejor homenaje que puede verse en la pantalla grande es que hace todo el equipo de los Buffalo Bills dirigidos por Jon Voight como el coach Chuck Dichter (Second string, 2002). El entrenador consigue en un momento crítico a un nuevo QB, Dan Heller, interpretado por Gil Bellows, con él, los Bills consiguen el Super Bowl en el Super Dome… pero en la realidad es un homenaje a lo que no han hecho, los Bills nunca han ganado el campeonato de la NFL, pese a haber llegado cuatro veces al "súper domingo".

De pasadita, un héroe en toda la extensión de la palabra es Tom Hanks (Forrest Gump, 1994) que se vuelve un corredor imparable para el equipo universitario de Alabama. 

La 90 no es una película, sino el archivo filmográfico de la National Football League (NFL Films) que se encarga desde 1962 de tener puntualmente cintas de los juegos, además de programas de televisión y documentales sobre lo que ocurre alrededor de este espectacular deporte. NFL Films ha ganado 112 Premios Emmy.

Vale recordar que hoy, las plataformas también tienen material en serie que alcanza niveles cinematográficos. 

En la lista podemos incluir en Netflix a Roll Red Roll, En la mente de Aarón Hernández, QB1, Coach Snoopy, Last Chance U, y Somos los Brooklyn Saints; El Estado de juego; cultura de choque en HBO y All or Nothing con varios equipos de la NFL en Amazon Prime.

Regresando al principio

Y de  vuelta a ese cliché donde el clímax de la película se concentra en una jugada vez, pero en cámara lenta ¿Cómo termina la escena del final?

Al finalizar la jugada, los oficiales ven que el balón está dentro de la zona de anotación, levantan los brazos y dan el silbatazo final mientras el corredor se incorpora con la cara llena de cal y un poco de pasto en el casco… los héroes abrazan a sus novias, los papás de los héroes lloran y el coach regresa con su ex esposa...

Publicado en Diario El Mundo los días 5 y 6 de febrero de 2015, previo al Super Bowl 50 entre las Panteras de Carolina y los Broncos de Denver.


sábado, agosto 22, 2015

Adiós al bobo de la tribu

>> Daniel Rabinovich era musico, humorista, actor y el bigote más distinguido de esos elegantes payasos que forman Les Luthiers 

Siempre que se va un grande del humor, queda un vacío complicado. Uno recuerda una y otra vez las actuaciones que nos doblaron de la risa, pero ese espacio consume todas las carcajadas como un gran hoyo negro y nos deja al final aplastados, deprimidos, casi llorando por la nueva ausencia.

Con Daniel Rabinovich pasa eso.

Era un prodigio con esos instrumentos poco convencionales de Les Luthiers, era un extraordinario humorista, pero sobretodo, era el mejor actor del grupo.

Era el "bobo de la tribu", no sólo por su disparatada participación en "Cartas de color" y pese a ello, era el más listo del, primero sexteto y luego quinteto de los "lutieres".

Era el único que le robaba escenario a Marcos Mundstock en la presentación de los números aunque no supiera leer las sinopsis de las obras ficción de ese enorme músico ficción que es Johan Sebastian Mastropiero (¿O eran de Günther Frager?).

Rabinovich aporta mucho de ese humor que pese a ser rebuscado, es fácil de asimilar cuando uno se deja sorprender. Pasa con el también desaparecido Roberto "El Negro" Fontanarrosa, también un grande del humor argentino y colaborador de Les Luthiers y en menor grado con Jorge Porcel, literalmente, un gigante que aportaba más humor de situación y picardía.

Quienes gustamos de Les Luthiers vamos a extrañar nuevas obras donde Daniel aporte el uso de su mirada para rematar un chiste, se extrañará su disparatado uso del lenguaje para enredarse inteligentemente en un juego de palabras que no es cantinflería, sino ingenio amalgamado con chispas culturales e ingenuidad infantil.

Se extrañará la laxitud y rigidez para cantarle a Ernesto Acher "La gallina dijo Eureka", su enorme aportación al bolero bufo y el toque histriónico que aportaba al quinteto de humoristas que aprovechaban la pose de pingüino para engañarnos que eran solemnes, cuando siempre han sido unos payasos geniales.

Se extrañaran sus notas graves de "bass-pipe a vara", un enorme trombón que para tocarlo requiere de llantitas, de su ritmo en la batería mientras se anuncia la llegada de Warren Sánchez y las notas de su latín, ese violín cuya caja de sonido es una lata de jamón.

Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, que era su verdadero nombre, puede ser el alumno más adelantado de Mastropiero, porque no alcanza la talla de concertista de Carlos Núñez Cortés al piano, la limpieza al violín de Carlos López Puccio o la virtuosidad de Jorge Maronna en la guitarra. Más era el elemento indispensable del chiste, la cara de risa, el negrito en el arroz, el bigote más distinguido del grupo, desde sus inicios en 1967 hasta hoy, cuando Rabinovich disfrutaba sus 71 años y padecía ya un par de infartos previos al desenlace.

Quedan al menos cuatro luthiers (quizás siete si contamos un ex y dos suplentes) y millones de fans en el desamparo, con la risa arrastrando esa mueca que la invierte y transforma en llanto.

Pero, como diría el propio Rabinovich: "Pero el tema todavía da para más. Esto es, todo esto... todo esto es ... todo es... Esto es, todo... todo, esto, ese, todo eso es. Éste todo, ¡Oh!, ¿qué es esto?, éste se, éste se, todo eso se, eso se tostó, se... ese seto es dos, dos tes, dos, eso es sed, esto es tos, tose tose toto, o se destetó teté o est ... ¡Ahh! ¡Esto es todo!".


@jccortes

jueves, septiembre 04, 2014

Cerati; el final del sueño

Pocos músicos han causado conmoción de sentidos como lo hicieron a mediados de los 80s Gustavo Cerati y sus compañeros de Soda Stereo ("Zeta" Bosio y Charly Alberti) y pocos mantienen al público con una expectativa tan prolongada por una situación de salud como la que padeció el músico argentino que murió hoy en Buenos Aires.


Recuerdo la tarde-noche que llegó a mis manos un cassette "mezclado", que por aquellos años causaban furor entre los jóvenes, casi siempre, uno de la marca Sony de 60 minutos que tenía rotulado a manera de grafiti con un marcador indeleble algo así como "Rock en español" o "Rock en tu idioma".

La pieza con la que arrancaba el lado A aquel arcaico dispositivo de almacenamiento era "Nada personal".

El riff de la guitarra era apenas un marco para lo que representaba la voz de Cerati en una pieza hoy icónica de la música en español.

"Yo te prefiero, fuera de foco", iniciaba el cantante nacido en Buenos Aires, Argentina, un 11 de agosto de 1959. La increíble voz de roquero tenor fluía vaciándose por ocasiones en leves falsetes al final de algunas palabras. No era un rock común, no era la música que inundaba la radio de aquellos tiempos, la frase de inicio era poesía, era una metáfora, una invitación a imaginar envuelta de un rock profundo.


Muchos entenderán con artistas de esta talla lo que es el "amor a primera vista". Soda Stereo no sólo era la fuerza musical tan necesaria para aquel momento en el que reinaba el pop fresa con piezas melosas, baladas cada vez más suaves y una promoción que mantenía hipnotizada a la población que gustábamos escuchar la radio. México y América Latina sucumbían ante ese mainstream.

Soda Stereo fue el parteaguas junto con muchos grupos que se quitaron la cáscara de la música fácil y entraron al reino del rock complicado, aprendizaje que evolucionó casi 20 años después del boom en los 60s. No es de extrañarse que las influencias de Soda Stereo sean de la prolongada ola británica: The Beatles, The Police, The Cure, Queen y Pink Floyd, entre otros.

Pero, a distancia, de todos esos grupos en español, incluídos los llegados de España que trataban de prolongar la llamada "Movida", el único que parecía realmente marcar distancia sin copias, era Soda Stereo, aunque más de uno escuche en la música del grupo argentino ecos de los británicos Tears for fears con quienes compartieron alguna vez escenario.

A Gustavo Cerati y Soda Stereo se le debe un remanso para las preocupaciones de los países latinos que sucumbían a las crisis, en particular en Argentina, donde la política se revolvía para pasar de la dictadura a un régimen democrático sin tantas ataduras, pero también por el conflicto internacional que vivían en la disputa con Inglaterra por las Islas Malvinas.

En México, sacudido por sesenta años de priismo, la población afecta a la música escuchó en Soda Stereo y la ola del rock en español una ligera puerta de manifestación. A la ola se montaron El Tri que tuvo que subirse al giro comercial; Rockdrigo González que le puso sello a su blues-rock con los lamentos de la urbanidad, Botellita de Jerez y Jaime López que le dieron un toque de desmadre al rock mexicano y otras agrupaciones que se permitieron gritar algunas preocupaciones sociales en su música.

Con poco de ese bordado de lo social, Cerati tejía rock y poesía en un arte que había comenzado en 1980, sumemos a esto, las características de la voz de Cerati, tema que merece atención de los expertos.

Parte del éxito de Soda Stereo es que no era la música fácil, temática chistosa, amorosa o versitos sencillos. No, por la voz de Cerati fluyó una poesía poco convencional que hacía imaginar habitaciones oscuras donde la luz de la tarde se filtraba entre ventanas con las cortinas cerradas.

Hacía imaginar noches en colectivo donde un personaje se escapaba a la soledad de su interior para reflexionar al centro de una discoteca o extensos páramos donde había una pizca de preocupación social.

Había en la música y voz de Cerati, hombres alados, mujeres durmiendo al calor de las masas, lugares donde reventaban las estrellas, comunicación sin emoción, temor, vergüenza, signos, prisioneros de un ritmo cruel, todo siempre al borde de la cornisa.

Con la muerte de Cerati, la generación invadida por la música de Soda Stereo en esas mezclas grabadas en cassettes llenas de rock fácil de los 80s y pop disfrazado de música subversiva lamenta la pérdida de uno de los más significativos músicos latinos de los últimos 30 años.


Gustavo Cerati, la potente voz de Soda Stereo, finalmente concluyó la expectativa de su despertar y dejó secar uno de los pocos oasis de la música en español concluyendo así cuatro años de sueño.

Y ahora, mi favorita de Soda Stereo

domingo, abril 20, 2014

García Márquez y Los Beatles

Murió Gabriel García Márquez… poco qué agregar a los millones de bytes escritos sobre él… quienes lo leímos lo lamentamos profundamente… sólo añado que pocos escritores llegan a causar una emoción, y el colombiano lo consiguió, no con literatura fácil, no… no olvidaré el desaire inmisericorde que le hizo Fermina Daza a Florentino Ariza con aquel "No por favor, olvídelo"… pero, basta… no es este post para hablar de los libros de Gabo… sólo para rescatar este texto publicado por Proceso y otros medios el 15 de diciembre de 1980 donde el premiado periodista escribe sobre Los Beatles a propósito del entonces reciente asesinato de John Lennon…

Ojalá que García Márquez encuentre a todos sus personajes y arme una tertulia en un pueblo caluroso e imaginario...

Aquí el texto:
Por favor, no pregunten, por supuesto que es un fake, en la foto original es Ed Sullivan.

Sí: la nostalgia sigue siendo igual que antes  

  • Gabriel García Márquez


PARIS.- Ha sido una victoria mundial de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre los que pegan más fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y la mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteósis de los que nunca ganan.
Durante 48 horas no se habló de otra cosa. Tres generaciones –la nuestra, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos mayores– teníamos por primera vez la impresión de estar viviendo una catástrofe común, y por las mismas razones. Los reporteros de la televisión le preguntaron en la calle a una señora de ochenta años cuál era la canción de John Lennon que le gustaba más, y ella contestó como si tuviera quince: La felicidad es una pistola caliente. Un chico que estaba viendo el programa, dijo: "A mí me gustan todas". Mi hijo menor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó como si tuviera ochenta años: "Porque el mundo se está acabando".
Así es: La única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de Los Beatles. Cada quién por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía.
Yo no olvidaré nunca aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de Los Beatles. A partir de entonces, descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Angel, donde apenas si teníamos dónde sentarnos, había sólo dos discos: una selección de preludios de Debussy, y el primer disco de Los Beatles. Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres: Help, I need somebody. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bozart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla en favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es "un oiseau de malheur", es decir, un pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé desde entonces en incluir a Los Beatles. Emilio García Rivera, que estaba de acuerdo conmigo, y que es un crítico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: "Oigo a Los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida". Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de Los Beatles a todo volumen.
Como sucede siempre, pensábamos entonces, que estábamos muy lejos de ser felices, y ahora pensamos lo contrario. Es la trampa de la nostalgia, que quita de su lugar a los momentos amargos, y los pinta de otro color, y los vuelve a poner donde ya no duelen. Como en los retratos antiguos, que parecen iluminados por el resplandor ilusorio de la felicidad, y en donde sólo vemos con sombro cómo éramos de jóvenes cuando éramos jóvenes, y no sólo los que estábamos allí, sino también la casa y los árboles del fondo, y hasta las sillas en que estábamos sentados. El Che Guevara, conversando con sus hombres alrededor del fuego en las noches vacías de la guerra, dijo alguna vez que la nostalgia empieza por la comida. Es cierto, pero sólo cuando se tiene hambre.
En cambio, siempre empieza por la música. En realidad, nuestro pasado personal se aleja de nosotros desde el momento en que nacemos, pero sólo lo sentimos pasar cuando se acaba un disco.
Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con más de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni qué carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que Los Beatles empezaron a cantar. Todo cambió entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inició la liberación del sexo y de las drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres y los hijos, el principio de un nuevo diálogo entre ellos, que había parecido imposible durante siglos.
El símbolo de todo eso –al frente de Los Beatles– era John Lennon. Su muerte absurda nos deja un mundo distinto poblado de imágenes hermosas. En Lucy in the Sky, una de sus canciones más bellas, queda un caballo de papel periódico con una corbata de espejos. En Eleanor Rigby –con un bajo obstinado de chelos barrocos– queda una muchacha desolada que recoge el arroz en el atrio de una iglesia donde acaba de celebrarse una boda. "¿De dónde vienen los solitarios?", se pregunta sin respuesta.

Queda también el padre Mackenzie escribiendo un sermón que nadie ha de oír, lavándose las manos sobre las tumbas, y una muchacha que se quita el rostro antes de entrar en su casa y lo deja en un frasco junto a la puerta para ponérselo otra vez cuando vuelve a salir. Estas criaturas han hecho decir que John Lennon era un surrealista, que es algo que se dice con demasiada facilidad de todo lo que parece raro, como suelen decirlo de Kafka quienes no lo han sabido leer. Para otros es el visionario de un mundo mejor. Alguien que nos hizo comprender que los viejos no somos los que tenemos muchos años, sino los que no se subieron a tiempo en el tren de sus hijos.

martes, diciembre 17, 2013

Las posadas que me tocaron...

"Niños pidiendo posadas", mural de Diego Rivera (1953).
Por estos días, hace uno 35 años, no había forma de escaparse a una tradición bastante arraigada en Poza Rica, Veracruz, como lo eran las posadas, cuya forma de festejarse nada tenía que ver con las celebraciones que se hacían en el centro de la República o con el paseo de "La Rama" jarocha.

Se cantaba casa por casa la búsqueda de asilo para "la virgen" María (perdón por el entrecomillado, pero no puedo evitar apelar a la ciencia que reclama contacto sexual para cualquier embarazo) y no era precisamente una fiesta diaria como sí lo es o era en otros lugares.

De niño me divertía mucho, por no decir muchísimo al llegar estas fechas.

Entre amigos y primos nos organizábamos, improvisábamos lámparas con una vela dentro de bote de
Lámpara para pedir posada en PR.
leche Nido agujerado y un alambre galvanizado (ver gráfico) y con cualquier caja de zapatos, un poco de heno y las figuras rotas de hace muchas navidades hacíamos el Nacimiento, que invariablemente tendría como destino ser un tipo de caja registradora.

Así, llegando el día 16 de diciembre y hasta el 23, la parvada de chamacos salíamos pasaditas las 18:30 o 19:00 si se nos hacía tarde, a cantar una curiosa letanía que mezclaba a los de afuera con los de adentro y tropicalizaba plegarias para José y su respetable familia.

El fin era ir casa por casa para hacer un tipo de colecta para acumular fondos para una fiesta previa a la Navidad que no siempre se realizaba.

Por las calles de Poza Rica y bajo ese cielo naranja iluminado por al menos una decena de quemadores distribuidos por la ciudad gracias a Pemex (QEPD), pequeños grupos de niños paseaban cante y cante iluminados por velas en una breve serenata ambulante llena de sonrisas y el deseo de juntar mucha morralla para comprar dulces en el mejor de los casos.

En Poza Rica el canto estaba estandarizado, era la letanía de los peregrinos y un poco, sólo un poco de la versión jarocha de "La Rama".

Empezábamos con la letanía de "los de afuera":

En el nombre del cielo,
os pido posada,
pues no puede andar
mi esposa amada...

Venimos rendidos
desde Nazareth,
yo soy carpintero
de nombre José...

Mi esposa es María,
la reina del cielo
y madre va a ser
del divino verbo...

No seas inhumano
denos caridad
que el rey de los cielos
se los premiará...

(Aquí el mismo grupo cantaba ¡lo que le correspondía a los de adentro!)

Entren santos
péregrinos, péregrinos,
reciban este rincón
que aunque es pobre
la morada, la morada
se las doy de corazón
cantemos con
alegría, alegría,
todos al considerar
que Jesús, José
y María, y María
nos vinieron a honrar...

(Llegando a esta estrofa se tropicalizaba la cosa y comenzábamos a cantar parte de "La Rama"...

Naranjas y limas,
limas y limones,
más linda es la virgen
que todas las flores...

En un jacalito
de cal y arena
nació Jesucristo
por la Nochebuena...

En un jacalito
de cal y basura
nació Jesucristo
por la noche oscura...

(Y al final nos poníamos pediches y chantajistas)

Denos denos denos
si nos han de dar
que la noche es corta
y tenemos que andar...

Y ya, nos callábamos a esperar que abrieran la puerta y nos dieran una moneda que se perdería en el heno del nacimiento... si esto no sucedía, de cualquier manera cantábamos una despedida que decía..

Ya se va la virgen
muy agradecida,
porque en esta casa
fue bien recibida...

A alguien se le ocurrió una despedida muy mala leche que decía:

Ya se va la virgen
llena de calambres,
porque en esta casa
están muertos de hambre...

Y, recuerdo alguna vez, que alguno de nosotros (juro por todas las esferas que rompí que no fui yo y tampoco fui yo el que le quemó el cabello a una prima) al ver que nos daban una moneda de 10 centavos, mezcló las dos despedidas, cosa que nos hacía salir corriendo:

Ya se va la virgen
muy agradecida,
porque en esta casa
están muertos de hambre...
Posadas muy diferentes a las que me tocó ver en la ciudad de México, donde niños y adultos salían en grandes grupos cargando los peregrinos a una casa previamente determinada y ahí intercambiaban cantos para que al terminar, se realizara la fiesta incluídos una piñata, la cena, ponche, buñuelos y la borrachera consecuente.

Hoy, no sé cómo son las posadas en Poza Rica, quizás ya nadie haga esas lámparas con botes de leche o simplemente, el tráfico impida que a los niños les den permiso de salir o peor, que ya nadie salga en la psicosis con razones reales y ficticias del robo de chamacos y los riesgos de la violencia organizada, salir de noche es inseguro hasta para los adultos.

Para estas alturas, es fácil pensar que si se trata de cantar, todos lo hagan en un karaoke o que desde casa y vía Skype, los grupos paseen por espacios virtuales para ver si alguien les deposita vía Pay Pal o Bitcoin...