Desde política hasta los dibujos animados, para las serias reflexiones y el relajo que tranquiliza la conciencia, va como dice el dicho, "de tocho morocho"
Seguramente, como en muchos días de su cumpleaños, Doña Gloria se bañó, se puso algún vestido de flores, se peinó pacientemente (habrá pensado que ya era momento de hacerse otro permanente), tomó su monedero, agarró una bolsa de hilos plásticos, la dobló para que no le estorbara tanto y salió a algún mercado.
Se habrá topado a alguna conocida o hizo amistad con otra señora e intercambiarían plática, qué no pudo lavar porque estuvo lloviendo, que que feo está todo el tomate o que hay un gentío que no deja caminar por los pasillos.
Quizás buscó algo en tres o cuatro puestos y regresó al primero porque era el que tenía o mejor calidad o precio y así haría con varias de sus compras, habrá pensado lo que ha pensado por décadas en este país de crisis permanente, "todo está muy caro", pero pues son cosas que hay que comprar y así seguiría a la caza de ofertas hasta que la bolsa de hilos se llene y regrese a continuar con unas tareas que nunca tienen agenda ni fin, "las cosas tienen que hacerse"...
Y tan absorta estaría en esas "cosas" que llegada la tarde, ya cuando podría ver un rato de TV y dormitar a la vez, vencida por el cansancio, olvidaría que hoy es su cumpleaños sin darse cuenta que ya no es necesario hacerlas en un lugar que no le exige trabajo, ni esfuerzo.
Entonces alguna figura celestial, un ángel o un representante de algo etéreo se la habrá acercado para decirle "Doña Gloria, usted ya no necesita hacer todo esto, usted ya descansa y si le gusta hacer esas cosas, está bien, hágalas, pero ya no es necesario que las haga... pero bueno, solo vengo a desearle un feliz cumpleaños y a decirle que hay personas que la siguen queriendo, la extrañan y se acuerdan mucho de usted, sobre todo hoy que es su primer cumpleaños que pasa por acá, por cierto, por ahí viene Don Venancio, no tarda en llegar"...
“Hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos”, diría “Cantinflas” a propósito de los tres minutos de la película “Soy Charro de Levita” (Gilberto Martínez Solares, 1949) donde el genial Germán Valdés “Tintán” interpreta “Ojos Tapatíos”.
Tintán, emulando al Charro Cantor en Ojos Tapatíos.
Y aunque Mario Moreno no creo que hubiera usado su frase para una referencia tintanesca, realmente esos tres minutos son dignos de guardarse entre algodones para disfrutarlos, como tantos otros del Pachuco, aunque estos son realmente excepcionales.
Adelantado a su tiempo, incluso a su rutina de ‘asatelitar’ sus canciones (usar varios ritmos de diferentes países), “Tintán” canta con tal talento que es un momento brillante de la época de oro del cine mexicano y en el caso de la pieza musical, quizás forme parte de una de sus mejores interpretaciones, si no es que la mejor.
Escrita por el zamorano Fernando Méndez Velázquez, músico y poeta cuya vida transcurrió entre 1882 y 1916, el tema requiere bastante habilidad vocal para interpretarse y fluye en la voz de "Tintán" como si se tratara de un paseo dominical por una soleada alameda (cualquiera de cualquier ciudad).
Famosa inicialmente en la voz de Jorge Negrete, “Ojos Tapatíos” fue escrita por ahí de 1900 y grabada por “El Charro Cantor” alrededor de 1947, aunque también fue registrada en la voz de Pedro Infante, Los Calaveras, varias rondallas, entre otros.
Pero qué tenores, ni que barítonos ni que bajos, aquí, a la manera del Presidente López Obrador, decretamos que la mejor interpretación de Ojos Tapatíos es la del Pachuco de Oro.
En la película, ante una pizpireta, avispada y muy romántica Rosita (Rosita Quintana), bajo la luz de la Luna, guitarra en mano y espiado por el pequeño Pepito (Ismael Pérez), el otrora Topillo Tapas se arranca tras un primer acorde con la frase inicial “No hay ojos más lindos” y durante un minuto parodia la engolada voz de Negrete.
Bajo la dirección y fondos musicales de Federico Ruiz y Rosalío Ramírez, "Tintán" deja extasiada a Rosita quien no deja de coquetear enamorada del trompudo y deja atrás por siglos la vergüenza estereotipada de la campesina que se esconde tras el rebozo.
Ella no, ella da la cara y se deja enamorar y enamora mientras "Tintán" llega al minuto de la canción para volverse el Pachuco comenzando a cantar a su estilacho mientras Rosita se pasea frente a él.
En un ataque de espontaneidad y al grito de “Y al ver esos ojos”, Tin Tan le hace un pase natural a Rosita y “Ojos Tapatíos” se vuelve ritmo y pasos de tango que le permiten continuar su cortejo mientras Rosita sigue paseando frente al cirquero que en automático manda la canción al boogie woogie estadounidense.
Rosita Quintana merece arieles, diosas de plata, osos de Berlín, palmas de Cannes y óscares en el momento que el enamorado del cute, el tando y la chaina se aloca con la pieza y ella toda enamorada tiene que resistir estoica el embate tintanesco de un “catoin cata toin cata toin toin toin”.
En este momento reflexiono y no alcanzo a comprender cómo acordaron esa escena, partiendo de qué o a quién se le ocurrió convertir la sublime “Ojos Tapatíos” en una pieza disparatada donde se transforma todo lo musical y la letra que pasearon por un rancho mexicano, la llevaron a barrios bonoarenses, la hicieron volar a las calles de Los Angeles y la regresaron a tierras mexicanas, pero no a Rosita que sigue estoica en el papel de musa enamorada.
El caso es que la canción termina con final feliz y que gracias a un charpazo de Pepito, Tintán termina en brazos de la Quintana que ya rendida a los encantos de "Tintán" ingenuamente pregunta “y todo eso me lo cantó a mi”.
Luego de un trompazo del Pachuco, la escena se registra para la posteridad, “¡Corte y queda!” habrá gritado Martínez Solares feliz mientras todo el set finalmente desata las carcajadas al haber sido testigos de un momento verdaderamente momentáneo y trascendente del cine mexicano.
¿Será que después de más de 10 años de éxito contínuo un servicio como Netflix pierda la hegemonía y comience a formar parte de los saldos que comienzan a abundar en la canasta de los productos streaming?
A finales de los 90s, descubrimos con asombro bondades secundarias de internet (la primera sin duda es la libre forma de difundir, compartir información y comunicarnos sin fronteras) pero llegábamos a maravillas inconcebibles para esos tiempos como compartir documentos, textos, audios, videos, etc en una incipiente nube que crecía y formaba una tormenta que gradualmente siguió moviéndose como la gran mancha de Júpiter.
Luego, voilá, todo se domesticó y la música pudo volverse archivo y cuando creíamos que la piratería había llegado a la cúspide en la clonación de cds, hijo reciente de los casets piratas que podían duplicarse a altas velocidades, alguien nos enseñó un archivo con extensión .mp3 que había llegado quién sabe de dónde…
Ya era el tiempo de decir "esto no lo va a parar nadie", "la culpa es de internet"... vino Napster, vino la clonación casera de discos compactos y dvds… en efecto, ya nadie lo iba a parar.
Luego vinieron los servicios y aprender a consumir pagando, viable y hasta justo desde el punto de vista del usuario, no sé bien desde el del artista.
El caso es que muchos que hemos estado pegados a una computadora y sus derivados conectados a la red, vimos encantadores servicios que si bien en México llegaron pixelados por los pésimos servicios de conexión, llegaban y así comenzaron a funcionar y a llamar la atención mientras los medios convencionales seguían en su absurda necedad de mantenerse fuera de la evolución.
Hasta que les llegó Netflix y basta de contexto.
El encanto de la empresa con sede en Los Gatos, California, sólo lo puedo comparar con mi primer contacto con la videocasetera. ¿Cómo era posible ver películas en HD y con un catálogo que nos ponía como hambrientos en un buffete?…
Así duramos años desde su llegada a México por ahí de septiembre del 2011 hasta que ocurrió el milagro de la multiplicación de las plataformas, uno pensaría que no había forma de competir con algo tan poderoso como Netflix, pero pocos contaron con la astucia de los derechos intelectuales de las empresas y los catálogos que podían hacerse exclusivos.
Uno de los primeros golpes para los que añoran aún la TV del antier, fue cuando Netflix perdía por ahí del 2016 a El Chavo del Ocho y Televisa se hacía de una disminuida aunque sí atractiva Blim.
Para esos tiempos la lógica era pensar por qué todas esas televisoras y productoras no se hacían de su propia plataforma desde años antes, quizás era esa tara de los medios por insistir en ordeñar la vaca hasta que muriera deshidratada mientras Netflix no sólo le robaba ojos a los ratones, sino que comenzaba a generar su propio material, en su mayoría con una calidad cuestionable, pero brincaba de vendedor de contenido a creador de contenido en masa.
Finalmente la lógica de pasar de TV a plataforma llegó y tanto productoras de Hollywood como grandes televisoras del mundo dieron el saltito para tener cada quien su material exclusivo (Paramount, Universal, HBO, CBS, ABC, Fox, etc), no sin antes ver nacer a Amazon Prime y claro, una de las estrellas más esperada como es Disney y sus tropiezos y por supuesto, los sistemas satelitales también abrieron su frente desde Dish, Sky y un montón de cableros. (Yo sigo esperando que el Gobierno mexicano tenga su propia plataforma con contenido del Canal 13 e Imevisión)
Súmenle, Mubi, Starz, Hulu, Apple TV… hasta los equipos de futbol lo hicieron no con tanto éxito (lo de Chivas fue un desastre), no así las grandes ligas deportivas que hoy en sí son una enorme producción de distractores para el consumidor de goles, touchdowns, hoyos en uno, jonrones y pole positions.
¿Sigues ahí Netflix? Sí, sigue ahí haciendo llegar tarde a todo mundo, quemando frijoles y camisas y modificando los hábitos de sueño de miles, pero, no tan robusta como antes.
Después de 10 años, el poderoso encanto de Netflix se comienza a desvanecer por múltiples razones, sin embargo no deja de ser el líder del mercado.
Hoy, 200 mil de sus 220 millones de usuarios se le han ido entre su salida del mercado ruso, la competencia y su sangría de más de 100 mil familias que comparten cuentas en diferentes hogares (a mí qué, no me vean).
No sé bien si esto signifique la caída del monstruo que nos ha distraído por casi una década, pero como en todas las manifestaciones culturales (las tradicionales y las nuevas) que se han metido a internet, seguramente Netflix pasará a atomizarse entre el mar de plataformas y será una opción más. ¿Beneficiará esto al usuario? Por supuesto, siempre la competencia aportará el principal motivo para tener mejores tarifas y contenidos.
En el intro “tradicional” de radio de La Tremenda Corte hay tres personajes que aparecen en voz y en mención que son protagonistas “ocultos” del programa y que merecen, al menos, una mención para redescubrir su existencia en el legendario programa humorístico.
Se trata del locutor Manolo Iglesias, que muchos escuchamos en el arranque y final del programa y dos de los directores y productores de la CMQ, Miguel Llao y Paco Lara.
Manolo Iglesias
“Escuche el siguiente programa de La Tremanda Corte con Leopoldo Fernández, Mimí Cal y Aníbal de Mar por esta emisora, hasta entonces, Manolo Iglesias que les habla les dice ¡Muy buena suerte amigos!”
Esta era la rúbrica de Manolo Iglesias, un locutor y animador nacido en Ciego de Ávila.
Iglesias es la primera voz que se escucha en el programa de La Tremenda Corte en la mayor parte de los programas que conocemos de la versión radial que fueron grabados en 1958.
Algunas versiones dicen que la hizo de Secretario, es posible, pero en lo particular, no recuerdo que además Julito Díaz y el actor Wilfredo Fernández que muchos identificarán como el emotivo poeta Perico Jovellanos y Campoflorido.
Iglesias debutó profesionalmente en CMCA como locutor de Laboratorios Gravi S.A. después laboró para CMCQ y CMJI.
Comentó la Serie Mundial de 1941 en Radio Salas de La Habana desempeñó funciones de locutor en diversos programas de noticias como El noticiero Mil Diez.
Miguel Llao
Fue productor de La Tremenda Corte, muchas veces anunciado por Manolo Iglesias, pero antes de eso, fue actor de teatro y después de radio.
Fue director de radio novelas desde la primera generación de actores radiales en Cuba.
Nació un 5 de mayo de 1905 y tuvo un largo historial de labores dentro de la radio cubana, incluida Radiodifusión O’Shea y CMQ, en 1959 fungió de director radial y primer actor en el Circuito de esta última emisora.
Fue uno de los productores de La Tremenda Corte a finales de los años 50s.
Paco Lara
Francisco Álvarez de Lara mejor conocido simplemente como “Paco Lara” fue un actor, productor y director cubano.
En su paso por el cine, Paco Lara fue la figura estelar del filme “El rescate del brigadier Sanguily” en 1916, del director Enrique Díaz Quesada.
Tuvo un largo historial teatral y de radio entre los años 20s y 30s incursionando también en cine.
En la radio, integró el dueto cómico vernáculo “Los dos sordos”, con Emilio Medrano Espinal.
Fue varias veces director y productor de emisiones del programa La Tremenda Corte.
Fue esposo de la famosa actriz Rita Montaner.
En su paso por CMQ Radio, participó en varios programas donde tambiénn fue protagonista.
Durante la decada de 1950 actuó en el programa televisivo “Cabaret Regalías” que transmitía CMQ Canal 6.
Para Doña Gloria, que siempre se alegra al verme…*
Nunca se le escuchó aunque fue uno de los personajes con presencia constante en el programa de radio La Tremenda Corte. Era consentidora, solapadora, cómplice y jefa de unos de los delincuentes más queridos del entretenimiento en el continente americano, el genial José Candelario Tres Patines.
Para quienes hemos admirado por décadas el humor cubano de La Tremenda Corte, recordamos a la Mamita de Tres Patines (Leopoldo Fernández) por la descripción que él mismo da: una señora de unos 70 años (en un momento dice que son 72), llenita, morena, que usa vestidos floreados y pícara, que igual daba consejos para reformarse que para conseguir algunos pesos de forma ilegal.
Todo lo que sabemos de Mamita es por Tres Patines, él habla por ella, explica la vida de la vieja, sus gustos, su afecto, sus malestares, sus palabras, la recurrente necesidad de hacerle los mandados y la preocupación maternal a que el “descarado sujeto” se supere, hasta le recomienda libros de literatura porque ella lo consideraba “muy bruto” y le ha dado consejos de vida que sigue al pie de la letra, uno de ellos fue “hijito, sé ‘síncero’ en la vida y di siempre la verdad cuando no te perjudique”, otro lo contó: “Mamita me tiene dicho que nunca apueste con dinero mío; Mamita siempre me da buenos consejos.”
Un día, Tres Patines le hizo una tierna adivinanza a los brazos de su madre que dice: “Dos ramas gorditas, cada rama con cinco ramitas, que tienen yemas y tienen hojitas, ¿qué cosa es?”. Aunque nadie podía adivinarla porque a José Candelario se le olvidó que esa hojitas eran billetes de lotería.
Su biografía es confusa, está llena de vericuetos, edades que van y vienen, relaciones parentales disparatadas, comportamientos absurdos, pero eso sí, hay un amor casi enfermizo de “El niño mimado de Mamita” por Mima, la vieja.
La familia Tres Patines
En los capítulos del programa radial se dejan ver tres versiones de la razón de su existencia, es decir, de cómo Mamita dio a luz al famoso delincuente que a veces se declara ser originario de los municipios matanceros de Jagüey Grande y otras de Calimete.
En el capítulo Mueblicidio se cuenta que tuvo a Tres Patines no como cualquier mamá, sino que José Candelarito, como lo llama muchas veces el señor Juez (Aníbal de Mar), llegó a la vida a través de una maquina de monedas, como las vending machines de refrescos, durante un viaje de “Mima” a los Estados Unidos “porque allá todo se saca de una maquinita”.
Con un centavo, contó Tres Patines, esas máquinas garantizaban niños de primera calidad y sin defecto, buenos, nobles, honrados, decentes y trabajadores, pero como bien lo cuestiona el Juez “¿Entonces cómo usted salió malo, bandolero, vago, sinvergüenza y estafador?”, por la sencilla razón de que Mamita metió una moneda falsa a la dispensadora de bebés.
Otra versión es el parto natural, que según Tres Patines le permite sin problemas de consciencia jurar por la madre que lo vio nacer, porque él siempre piensa en una vendedora de frutas y verduras que la hizo de partera el día de su nacimiento. Fue ella quien lo vio nacer y no Mamita.
Una versión más es que, como todos, Pepecito llegó desde París, pero hace notar que entre los clásicos antojos prematernales de Mamita, uno de ellos lo tuvo 15 días antes del nacimiento, fue de fideos, por ello es que nació y siguió flaco toda su vida. Además de que vivían en la Calle Juan Delgado.
Pero, hay datos importantes aunque vagos de Mima. Se sabe que hay dos medios hermanos más, aunque no hubo matrimonio de por medio antes que llegara Papito, fueron como lo calificó Tres Patines, exceso de equipaje. Pero José Candelario siempre duda que sus medios hermanos sean del mismo padre, incluso que sean de la misma madre.
Siendo así, se justifica que Tres Patines se sepa como el más pequeño y querido de sus hijos, porque es hijo único.
Meterse en las profundidades de las fechas siempre es confuso entre Mamita y Tres Patines porque resulta que José Candelario nació tres años después de la muerte de su padre, además saber las edades en la familia es un tanto complicado, porque cuando se hacen las cuentas, todo empieza bien, pero al final resulta que el hijo le lleva varios años de ventaja a Mamita. Parte del problema es el caótico manejo de las matemáticas de Trespatinitos.
Y es que la familia no es común, menos con el matriarcado de Mima, que tiene un generoso corazón. Muchos de sus integrantes son medios hermanos de la vieja y ella los ha adoptado sin titubear, la historia de todos esos parientes casi siempre es la misma, no se sabe cómo llegaron a la familia, un día llegaron gritaron “¡Mi familia!¿Quieres que te haga un cake?” y se quedaron a vivir en casa de Mamita. Son tantos (llegaron a ser 17) que cuando Mima estornuda siempre sale alguien volando por la ventana.
Mamá creativa
Aunque todos sospechan que Tres Patines es el enemigo número 1, él lo desmiente, porque sabe que en realidad ese “mérito” es de Mamita, que es algo como una Kate “Ma” Baker cubana.
Se puede decir que Mamita (que según un capítulo de La Tremenda Corte en televisión titulado “Hermanicidio” se llama Leocadia) es el gran cerebro delictivo tras Tres Patines, incluso, ella le prohíbe robar carteras… ese negocio es de ella. ¿Será esto real o Tres Patines lo usa para justificar sus actos? Solo Cástor Vispo, el principal escritor de La Tremenda Corte, lo sabría.
El caso es que preocupada en la felicidad de su hijo, Mamita lee en los periódicos la crónica social para enterarse qué familias se van de vacaciones para avisarle a Tres Patines “dejaron la casa sola, date una vueltecita por allá a ver si traes algo que valga la pena”.
Su imaginación la lleva a hacer operaciones insospechadas para conseguir una pieza de pollo, un bistecito o una buena comida en una fonda.
Si quieren evitarse huir a toda carrera, Mamita siempre lleva un frasco con hormigas en su bolso para echarle a la comida del restaurante y reclamar airadamente, lo que trae como consecuencia que la fonda, no solo le perdone la cuenta, sino hasta que terminen dándole disculpas.
Incluso, la señora Tres Patines puede poner en riesgo a su hijo con tal de salirse con la suya. Cuando Mamita y José Candelario van a una fonda, se sientan por separado y al terminar de comer, la señora llama al mesero y le advierte señalando a su hijo: “cuidado que ese se quiere ir sin pagar”, cuando eso ocurre, Tres Patines huye y el mesero va tras él lo que permite a Mamita salir tranquilamente del restaurant picándose los dientes con un palillo.
Hay otras estrategias tremendas de Mima. En casa, si tiene una visita incómoda para evitar que se queden a comer, siempre grita desde la cocina “¡Se me cayó el jabón y el estropajo a la sopa!” y en ese momento no hay quien quiera comer ahí.
Todo lo hace por su hijito. En un tiempo, ella misma puso un juzgado particular para llevar los casos de su hijo y le hizo competencia al Tremendo Juez poniendo sólo multas de 50 centavos, “precios” mucho más accesibles que los 100 pesos o los 180 días de cárcel que aplica el Magistrado a través de su Secretario.
Un día, Tres Patines robó 14 cochinos de un rancho de Luz María Nananina (incluido un cerdo sordo que era zurdo) y esto llenó de felicidad a Mamita cuando los vio en casa, a los grandes los llevó al matadero y a los pequeños les abrió una rendija en el lomo y los vendió como alcancía.
La salud de Mamita
Mamita, tiene una relación muy cercana con el Señor Juez a través de Tres Patines, por ejemplo, pide que nunca se peleen y sus males artríticos los tiene controlados gracias a una oración mágica que dice: “Bobo de Batabanó, que ayudas a la vejez, las reumas que tengo yo, que le caigan al Señor Juez”.
Pero los males de Mima, no sólo son la artritis, consecuencia de sus siete décadas, por ejemplo, sus dientes son postizos y para evitar que se le caigan los se los pega en el paladar (o “cielo de la boca”, como lo llama Tres Patines) con dulce de ajonjolí.
Carta de Mamita, interpretada por Pototo (Leopoldo Fernández) y Filomeno (Aníbal de Mar) donde Mima cuenta sus males.
Mamita también a veces se confunde, o como dicen los cubanos, “tiene guayabitos a la azotea”. Un día tomó un bat y un guante de beisbol y al toparse con Tres Patines le dijo que iba a misa. Para verificar que su madre estaba bien, el buen bandolero le preguntó "¿Quién soy yo?" a lo que Mamita le contestó "Napoleón Bonaparte"... Tres Patines no tuvo más remedio que salir a buscar su caballo blanco.
A veces la salud de Mamita se muestra con algún contagio, frecuente en tiempos que no había las vacunas suficientes, un día los síntomas indicaban, según el Juez, que la vieja tenía rubeola, a lo que Tres Patines corrigió dada el tono de piel de su mamá, que su contagio era de “trigueñola”. Quizás esto se deba a que la temperatura normal de Mamita es de 28 grados centígrados y no 36 como todo mundo, incluso, le puede bajar hasta los 22, pero si tiene 31, ya es fiebre.
Otro mal tiene que ver con angina en la garganta. Tres Patines tuvo que explicarle al Juez de qué trataba: “Hay la angina de la garganta y hay la angina de pecho. La de la garganta, que yo se lo pregunté a un médico, se llama 'angina catarral' y la de pecho se llama an'Gina Lollobrigida”.
Los "negocios"
Las iniciativas de Mamita no siempre son exitosa, casi todas le acarrean problemas que termina pagando Tres Patines con multas o temporadas en la cárcel.
Un día comenzó a vender garrafones de agua mineral bajo la marca “Mamita”, un producto que se promovía como “agua mineral vitaminada, sulfatada, bicarbonatada y bofetada”, esto último porque se le agregaba un poco de bofe para darle sabor, además de que los garrafones solo eran rellenados en tiempo de lluvia, cuando el agua caía del techo y se filtraba a la habitación de Mima. Otra vez vendió agua de coco, cocos que era rellenados con agua de la pila (pileta).
Quizás sus males han obligado a Mamita a inventar medicamentos, un día puso a la venta una medicina muy buena para la gripe, era tan buena para el catarro que este no se quita... en otra ocasión, en un estado alterado inventó una medicina que curaba todas las enfermedades, “Lo cura todo”, anunciaba, y aunque en la Corte denunciaron fraude, Tres Patines no solo reportó que su mamá estaba loca y la defendió diciendo que no era una estafa porque esto se avisaba en los frascos, que para variar tenían un conveniente error tipográfico, porque debía decir “locura todo” y no “lo cura todo”.
Se dedicó a falsificar monedas, lo intentó con centavos de dólar, pero sin mucha suerte porque eran muy fácilmente detectarlos ya que los hacía cuadrados y tuvo cierto éxito falsificando billetes de 10 pesos, hasta en una colecta se le ocurrió dar una muestra de generosidad regalando uno, el problema es que esa muestra era la original con la que falsificaba los demás y se acabó el negocio.
Y Mamita tiene su carácter, se enoja y pelea con quienes le dan monedas falsas, sobretodo si son las que ella fábrica...
También se dedicó a vender vino moscatel, empeñada en que era muy fácil conseguirlo simplemente mezclando agua con moscas y a sus 70, cargó con una cocina completa para venderla como hierro viejo y ayudó a su hijo a vender carbón que sacaban de una mina que encontraron al abrir una de las paredes de su casa, claro, sin decirle a nadie que junto estaba la carbonería de Leoncio Garrotín a quien le vendían el carbón que “extraían”.
Uno de los más locuaces negocios de Mima fue el estacionamiento vertical, donde para ahorrar espacio ponía los automóviles uno encima de otro, pero nada supera su su incursión en el contrabando. Mima intentó traficar con elefantes haciéndolos pasar en la aduana ¡Como tranvías!. Para conseguirlo los pintaba de amarillo. Cuando no los conseguía ingresar los aventaba con paracaídas a una finca.
Puro amor a la madre
Ah, Mamita, hay tanto qué escribir de ella en el imaginario universo de La Tremenda Corte… pese a todo, está más que visto que José Candelario le tiene un enorme amor a la señora Tres Patines y aunque en la vida real, hay datos perdidos en la historia del comediante Leopoldo Fernández y doña María Salgado Prieto, su madre real, no se sabe bien si la volvió a ver después de que el actor saliera de Cuba a principios de los años sesenta, tampoco sabemos a ciencia cierta el fin de esa relación entrañable que terminó con la muerte de la mamá del actor, al parecer en 1966, cuando Leopoldo comenzó a triunfar con su humor por toda América.
Tal amor entre Mamita y Tres Patines enternece a más de uno, incluso al mismo Señor Juez que se conmovió tanto para liberar al delincuente. Un día Mamita vio frustradas sus ansias de robarse unas gallinas porque en un asalto nocturno a un gallinero, se golpeó la cabeza y tuvo que soltar el botín, sin embargo, José Candelario imploró al magistrado, un día de las madres, que por favor no lo encarcelara para llevarle esas aves a su mima. El abogado complaciente lo perdonó con esta sentencia:
"Aunque es usted un bandolero,
usted quiere a su mamá
y yo que también la quiero,
hoy lo dejo en libertad.
En honor a las mamitas
tengo que prevaricar,
llévele las gallinitas
que no me voy a enterar".
* Tardé tanto en escribir este artículo, años, que, en realidad la dedicatoria debe ir en pasado, ya que mi mamita murió el 2 de febrero de 2022, entonces corrijo:
Para Doña Gloria, que siempre se alegraba al verme…
No acostumbro hacer pronósticos sobre premios de películas porque la valoración es completamente conceptual o los juicios y prejuicios personales pueden variar tanto como el número de entrega de trofeos de las 40 mil instancias existentes alrededor del mundo.
Hay quienes celebran el guión, otros la trama, otros los efectos especiales, otros la fotografía y otros el tema y el mensaje.
Sin embargo, creo que para subir el rating de este blog ;) vamos a hacer un repaso, valoración y pronóstico a las nominadas a Mejor Película en la entrega del Oscar 2021.
Alerta, algunas de las consideraciones que a continuación se enumeran pueden ser spoilers para algunos, así que ya advertidos, continúen:
Dirigida por Florian Zeller, The Father está muy bien llevada, pero se cae al final.
El factor de la confusión de repente tiene un despunte que sacude al observador, pero no lo supieron manejar al final o fue simple casualidad.
Anthony Hopkins para su edad, representa perfecta y naturalmente al protagonista homónimo, merece el Oscar al mejor actor, pero la cinta se quedó en el altiplano sin llegar a un clímax total. Es muy buena película.
Esta es otra muy buena biografía llevada al cine con excelente fotografía. La película dirigida por David Fincher tiene sus altibajos que no terminan por convencer como anunciar los flashback.
Extraida como un tipo de spin off de la película El Ciudadano Kane de Orson Welles, Mank aborda la biografía un tanto tormentosa de Herman J. Mankiewicz que debe entregar el script de la legendaria cinta.
El blanco y negro le da un plus, aunque el encanto de una cinta no siempre es estético y Gary Oldman hace un muy buen papel del escritor y sus demonios. Excelentes diálogos. Le daría fotografía, no sé si a la Mejor Película.
Dirigida por Shaka King, el película de Las Panteras Negras no se complica mucho con flashbacks o prospecciones pese a tener documentos reales.
Las actuaciones de Daniel Kaluuya y LaKeith Stanfield son intensas por la lógica y naturaleza de los discursos y polémicas.
Es de esas películas que lucen por estar muy bien ambientada.
Qué "debilitan" a Judas y el Mesías Negro, posiblemente la temática racista que da el toque político en un año en el cual Estados Unidos se recupera del tortuoso paso de Donald Trump por la Presidencia, alguien pensará que esto le da el plus.
Al igual que la anterior, el tema del racismo son el factor dominante que mete ruido intenso a su nominación, pero bueno, siempre ocurre.
El Juicio de los 7 de Chicago tiene todo para llevarse el Oscar como mejor película.
Quizás el director Aaron Sorkin forzó la situación, pero el juicio no aburre pese a ser un recurso difícil para mantener en el interés del espectador, por el contrario, tiene momentos intensos y consigue emociones a favor y en contra de los personajes.
El despliegue actoral tiene muy buenos duelos con diálogos inteligentes y oportunos. Muy buena ambientación.
Aunque la historia es plana, la sola idea de abandono y búsqueda constante la hace seguir de principio a fin.
La actuación de Frances McDormand es excelente, refleja ese perfil de libertad que pocos entenderían en un adulto. Podría llevarse mejor actriz y mejor película.
La película de Chloé Zhao tiene una carga de feminismo, sí, será política su participación, también, pero esto no resta un peso muy fuerte para que sea premiada.
Al igual que la anterior, esta cinta muestra que el feminismo está en su apogeo.
Este thriller dirigido por Emerald Fennell debe verse sí o sí.
Una joven prometedora o Dulce Venganza es una cinta que se ve como un todo, porque sus elementos no son tan fuertes. El papel de Susan, interpretada por Carey Mulligan, podría amarse u odiarse, pero queda volando sin desarrollarse del todo, sin embargo, es una interesante propuesta de denuncia bien resuelta dentro del toque radical.
Sin duda es una fuerte competidora al Oscar por la mejor película, podría ser el tema político de la noche.
La historia dirigida por Darius Marder pudo ser mejor y más intensa.
Había muchos factores para disparar el drama; basta imaginar a un hombre, en este caso el baterista Rubén, interpretado por Riz Ahmed, que se queda sordo cuando vive de la música y el ritmo.
El clímax quedó muy mal ubicado; con todo y la falta de fuerza, el desenlace es grato y poético.
A mi parecer, no sé el de los expertos de la Academia, los candidatos fuertes para el Oscar a la Mejor Película son The Trial of the Chicago 7, Promising Young Woman o Nomadland.
Ahora, la De Tocho Academy Awards le da el Oscar indiscutible a El Juicio de los 7 de Chicago y háganle como quieran.
Viernes relajado en una jornada de trabajo normal en la redacción... de repente, todos corren hacia la explanada interior del edificio del diario Reforma, algunos desarman la edición del día y buscan en particular una sección, la deportiva.
El rumor es: "entrevistaron a Maradona y ya se va" y mientras otros llevaban planas enteras, yo tomé una hoja de papel bond. Eran cerca de las 6 de la tarde del 9 de junio del 2000 y el astro argentino visitaba la Ciudad de México para ver a su amado Boca Juniors enfrentar al Cruz Azul en la final de la Libertadores.
La publicación de la entrevista a Diego en Reforma el 10 de junio del 2000.
Pero Diego no pudo llegar al estadio dos días antes para ver el juego, solo se quedó; el día 8 visitó el Azteca que casi 14 años atrás había sido el escenario de su máxima gloria y cascareó en el llamado Centro Rayo para luego tener una larga fiesta y al día siguiente dar la entrevista a Reforma aquella tarde de viernes.
Todo mundo bajó con la intención de toparse al hombre que había hecho campeón a la selección de Argentina con el pie y "mano de Dios" zurdos, el que había llevado al Scudetto al Nápoles, el que le mentó la madre a los fans detractores en el Estadio de San Siro, el que luego de tocar el cielo se desplomó a los infiernos de la droga y los excesos.
Era el Maradona del 86 con varios kilos de más, ese que metió cuatro goles fantásticos en el Mundial de México y otro que marcó perfectamente lo que era el argentino en la vida, muy talentoso, enorme, pero sin poder evitar hacer trampa.
La TV nos había permitido ver en aquella Copa como a Italia le metió un gol sin ángulo en Puebla, a Jean Marie Pfaff en el Azteca le hizo dos de hechura muy similar entrando por lado izquierdo del área dejando belgas en el terreno, el tramposo gol con la mano y el que hizo como gacela perseguida por un león inglés que nunca lo alcanzó en Santa Úrsula.
Luego de pasar por España y llegar al Calcio italiano, en los ochentas, frente a un televisor aún con 256 líneas en blanco y negro, los domingos era obligado poner muy temprano el Canal 7 de Imevisión, la extinta cadena de Gobierno, para ver un poco de magia de varios cracks, no sólo del argentino.
Si teníamos suerte, casi siempre en la voz de Carlos Alberto o Raúl Orvañanos, podríamos escuchar y ver las faenas de Platiní con Juventus, de Matthaeus con Inter, de Elkjaer con Verona, de Gullit-Rijkaard-Van Basten con Milan y claro, de Maradona en Nápoles.
Muchas veces pudimos ver la emocionante salida de Diego ante el alarido a una sola voz del estadio de San Paolo. Y luego Maradona metiendo gol tocadita a un lado de un portero inmóvil, haciendo un efecto endemoniado de tiro libre, girando como Nureyev, triangulándolo con Careca, hilvanando fino en el área chica entre un montón de defensas enloquecidos, muchas veces.
Maradona, en la gloria del México 86, en gráfica de AP.
Tacconi, Gali, Zenga y otro montón de porteros de aquel tiempo fueron víctimas del endemoniado talento que Maradona desbordaba en las canchas del Calcio.
Luego vino el, para muchos, insípido Mundial del 90, el drama del 94, el fin de las canchas en activo y las caídas y rebotes.
De regreso a aquella tarde del 2002, en lugar de seguir a la turba que buscaba al Pelusa, la lógica me dijo que iba a ser muy difícil llegar a verlo, así que en lugar de seguir a los entusiasmados reporteros, diseñadores y editores mi destino fue el estacionamiento bajo el edificio.
Abriéndose la puerta del elevador me topé con un silencio que duró apenas unos seguidos cuando de algún lado distinguí a Maradona rodeado por un séquito que lo cuidaba de un enjambre de hombres gritando "a mí, a mí, Diego, Diego a mí".
Michelle curioseando sobre el autógrafo de "El 10".
Me bastaron un par de pasos para acercarme a Maradona, extenderle el cuadrito de papel entre sábanas de periódico que buscaban el autógrafo y ahí, "la mano de Dios" garabateó una M seguida de un rayón que parece que dice Diego o Diez.
No necesité más y vi como en dibujos animados, una turba escandalosa se alejaba teniendo en su centro a Diego Armando Maradona. "¡A mí Diego, a mí!"... yo me quedé viendo el papel como si tuviera cierto encanto... aunque en realidad no decía nada... es un garabato sin forma que me había firmado ese hombre regordete que emanaba un aroma extraño, quizás perfume, pero en exceso.
Fue triste ver lo que le deparaban los años "al" Diego. Subió y bajó de peso, recayó en las drogas, regresó a los escándalos y hasta vino a México a dirigir a un equipo sin trayectoria.
Finalmente, el 25 de noviembre de 2020, consecuencia de muchos excesos, Diego murió.
Me quedo con todo lo que nos despertó desde las canchas. Si era de izquierda, fan de comunistas, rebelde que enfrentó al poder de la FIFA y un adicto a las drogas, la comida y las malas compañías, qué, eso no resta valor al talento que en muchos llegó a causar odio.
Difícil que el futbol vuelva a tener a una figura de esa envergadura, pueden muchos jugar maravillosamente, pero no hay forma de alcanzar a un personaje que sustentaba sus carencias en el momento que tenía un balón en sus pies, sus piernas, su pecho, su cabeza o su mano izquierda, la que me firmo un papel blanco.
Pasadas las 20 horas del miércoles 12 de noviembre de 1958, los radioescuchas de la estación CMQ de La Habana escuchaba el siguiente diálogo en La Tremenda Corte:
“Señor Juez - ¿No me pregunta cómo me siento hoy?
Secretario - No hace falta Señor Juez, aunque todos haremos lo posible por disimularlo, sé de sobra que usted tiene que sentirse exactamente igual, a como nos sentimos todos. ¿Tengo que ponerme alguna multa por eso?
Señor Juez - No Secretario, porque no ha dicho usted más que la verdad, pero usted sabe que la justicia debe seguir su curso.”
Todo hace suponer que el diálogo entre los actores Aníbal de Mar (Sr. Juez) y Miguel Angel Herrera (El Secretario) en el capítulo “Señoricidio” era una reacción a la muerte de dos personajes de la entrañable “La Tremenda Corte” que había ocurrido dos días antes en momentos y circunstancias diferentes, pero con una coincidencia increíble que tuvo, de algún modo, como fuente una amistad de años. Un hecho que estuvo a punto de hacer desaparecer la legendaria serie.
Con el paso del tiempo, los nombres de Adolfo Otero y Julito Díaz se han ido desvaneciendo y sólo son identificados por los aficionados a la veterana serie radial cubana.
En América Latina, a los fans del viejo humor cubano también les queda la marca de nombres como Rudecindo Caldeiro y Escobiña o identifican a un viejito mordaz que era ese otro Secretario que sustituía a Herrera, aunque para la cultura popular cubana, estos nombres se relacionan con una larga trayectoria de éxitos en el teatro costumbrista de la isla, el cine, la radio y la incipiente televisión antillana.
Ambos, tanto Otero como Díaz, son referencia de esa época que se fue y si bien tienen una trayectoria de vida extraordinaria, su historia de muerte lo es más.
Por años, la búsqueda de datos del genial gallego Rudecindo, que igual era bodeguero, fondista, astillero o chofer de guagua, era infructuosa, simplemente no los había y si algo se colaba a la web fue información difusa, tanto como esos actores secundarios y esporádicos de la Corte encabezada por el Tremendo Juez.
El cáncer se llevó a Julito
Julito Díaz en 1947.
Tres meses antes de ese lunes fatal, Julio Antonio Díaz Otero, un multifacético hombre que incluso tomó las armas en la Revolución Mexicana en 1917, reportaba que su estado de salud había mejorado. El mismo Adolfo, su amigo Rudecindo, exclamó: “Ese viejo es como yo. ¡Duro de pelar!”. (1)
Era alrededor de la una de la tarde del 10 de noviembre del 58 cuando la noticia de que Julito Díaz había muerto sacudió a los fans de la radio, teatro y la TV cubana.
A Díaz le minó la vida el cáncer a los 68 años (2).
Aunque no tan mayor, nacido el 11 de septiembre de 1880 (3), él mismo jugaba con su edad en La Tremenda Corte: Un día el juez, en el episodio Pasquinicidio, lo “multó” por contar un chiste viejo y el Secretario se sacudió diciendo que a sus años qué tipo de chistes quería que hiciera. Esto le libró de la “sanción" económica.
Díaz Otero (sin parentesco alguno con su amigo) (4), era un personaje menudo, de voz cansada en el programa de la CMQ, era más igualado con El Señor Juez que el otro Secretario sin nombre que encarnaba Herrera.
Los fans de la televisión cubana han rescatado fragmentos de sus actuaciones no sólo en la pantalla chica, sino también en las películas en las que participó.
Pero, lejos de su apariencia, “pequeño y endeble” (5), diría Adolfo Otero, Díaz había sido incluso un defensor de la causa para la Revolución Mexicana.
Contestó Otero sobre la estancia de ambos en México “Sí”, a la pregunta de la prensa sobre si Julito había sido general de la Revolución Mexicana. “Eso y muchas cosas más” y no dio más detalle mientras comenzaba a contar otras anécdotas (6).
Mimí Cal, Julito Díaz y Leopoldo Fernández en un sketch en la TV Cubana.
Díaz había empezado su carrera, igual que Otero al iniciar el siglo XX, en 1907 con la compañía de teatro de Arquímedes Pous y junto con él habían estado en varias compañías (7). Juntos hicieron cine en películas como “Hitler soy yo” (1944) y “Siete muertes a plazo fijo” (1950). Fue también el primer presidente de la Asociación Cubana de Artistas en 1933.
En los inicios del cine cubano silente fue actor con el director Enrique Díaz Quesada en la película de 1917, La hija del policía o El poder de los ñáñigos. (38)
“Inclusive grabó discos como cantante para la entonces Victor, 1928.” (37)
En sus últimos años, hacía viejos de bajo perfil. Bajito, canoso, de lentes, pero pícaro, había sido el esposo de Mimí Cal en varios sketches, incluso en películas casi perdidas en los catálogos del cine cubano.
El cáncer ya le había avisado de los riesgos el 15 de febrero de aquel 58 cuando durante la transmisión del programa de TV “Mi familia” sufrió “el primero golpe que se lo llevó” (8)..
Dicen los que estaban junto a él (al morir) que no puso dolor ni protesta en sus palabras postreras. Se diría que estaba contento al decirlas. ‘Esto terminó”. (9)
“Qué dolor me ha dado”
Adolfo Otero
Horas después de la muerte de Julito Díaz, decenas de personas, varias de ellas estrellas del momento, asistieron a una funeraria del entonces distinguido Vedado en La Habana para darle el último adiós.
Ahí acudió Adolfo Otero vestido de guayabera blanca y “espejuelos de cristal montados al aire” (10), quien pese a encarnar perfectamente a personajes españoles de la época, como fueron comerciantes, fonderos y tenderos, no era ni gallego, ni español y nunca visitó la “Madre Patria”, era más cubano que el arroz con frijoles (11).
De madre cubana, Otero había nacido en La Habana en 1893, pero sus venas corría sangre española de su padre gallego don Rosendo Otero.
Aquella noche, en el ambiente flotaba una anécdota que se contaba entre telones: se dice que tanto Otero como Díaz bromeaban sobre quién moriría primero y fue Adolfo el que apostó a que sería Julito quien se iría primero, tal cual fue (26).
Para Otero había sido un día de trabajo común, antes de asistir al velorio de su amigo; había estudiado, ensayado y actuado en la edición de La Tremenda Corte del 10 de noviembre.
El actor tenía una larga trayectoria en el cine y había recorrido una parte de América con su trabajo,
Su labor había iniciado en el teatro Molino Rojo y en 1913 pasó a la Compañía de Francisco Soto. Sus primeros papeles habían sido serios, pero conforme pasó el tiempo explotó el papel de gallego.
“Tenía vis cómica. Tenía una innata gracia y un ingenio maravilloso. Nunca había estado en España, pero en escena era un gallego simpático” (12).
“Otero fue el primer ‘gallego’ clasificado de moderno. Estuvo representando su gallego en el Teatro Alhambra desde 1900 hasta 1935”. (35)
En 1927, en sus comienzos de la radio, su autor fue el, sí español Cástor Vispo, el guionista estelar de La Tremenda Corte y el más conocido entre los fans de la serie radial (13).
Con Vispo, Otero participó no solo en ese juzgado de risa, antes habían realizado para la radio Colócame Roque, La Verdad Desnuda, Pepe Cortao, La Pandilla y Ramón y Ramona, pero particularmente al investigador Rudy Rod, apócope de Rudecindo Rodríguez.
Este personaje tuvo mucho éxito en los años 30 en la CMK de Radiodifusión O’Shea de Cuba. El investigador tenía toda la pinta de inglés, pero era de Santa Marta de Ortigueira, Provincia de La Coruña (14).
Adolfo Otero en su papel del investigador Rudy Rod.
“Sus mayores logros los obtuvo con libretos escritos por Castor Vispo para La Tremenda Corte, que por años diseminó por radio RHC Cadena Azul. En ella actuó de Juez, del Señor Rudesindo Caldeiro y Escobiña, y otros tantos gallegos. ACRI lo designó por su personaje Rudesindo, Mejor Actor Cómico del Año 1944”. (36)
Sobre su trabajo de actor, Otero contó dos anécdotas sobre su trabajo en México durante el funeral de Díaz; una de ellas, que al finalizar la obra en la capital mexicana Julito terminó en tremenda trifulca llena de “galletas” (golpes) y botellazos que los hizo terminar en la “comisaría”.
“Esto fue en 17 (1917). Fuimos allá por primera vez a hacer temporada con la compañía de Raúl del Monte”, contó Otero (15).
También que en Veracruz, previo a su estreno en el Teatro Eslava, se vieron involucrados en una trifulca llena de “piñazos” donde hora y media después de llegar al Puerto ya estaban detenidos.
Detalló Otero que ingresaron a un café y un compañero a quien identificó como “El Baby’ ’“parece que le cayó bien a una de las meseras (...) uno de los músicos tenía algo que ver con la muchacha y al darse cuenta de lo que estaba pasando le fue para arriba a ‘El Baby’. Julito y yo salimos en defensa del compañero, se metieron los otros músicos y enseguida la bronca alcanzó enormes proporciones”. (16)
Presumió Otero que entre los que a él tocó llevar al suelo encima de una mesa fue ni más ni menos que al mismo alcalde de Veracruz, que de acuerdo con el año citado, fue José Mercado Alarcón que estuvo en la gestión del puerto entre 1915 y 1917.
La libertad la alcanzaron gracias a que “el jefe de la guarnición era un cubano, el teniente coronel Sosa Jurado”, que fue el encargado de liberarlos y llegar sin inconvenientes al estreno.
Adolfo Otero y Julito Díaz en un fotograma de la película "Yo soy Hitler".
En su papel de Rudecindo Caldeiro y Escobiña, Adolfo era un personaje querido por su simpatía, desenfado, versatilidad y descaro ante el poder del “Tremendo Juez”.
“Hazme justicia, pero que sea justicia de la buena, no la basura de justicia que me das”, le reclamaba al Juez. A veces le ordenaba ponerle multas a Tres Patines, al juez y a sí mismo si no le satisfacían los resultados, casi siempre ante los fraudes, robos y engaños que le hacía sufrir José Candelario Trespatines.
Incluso se atrevió a pedir cadena perpetua para el Juez, por no verse favorecido.
La Tremenda Corte en la RHC; en primer plano Adolfo Otero haciéndola del Sr. Juez, junto a él el secretario Mario Barral y al fondo Leopoldo Fernández disfrazado de negrito.
Rudecindo al momento de morir tenía 65 años y también participaba en “El Show del Mediodía” donde desempeñaba diversos papeles (17).
El intérprete de Rudy Rod estaba siendo entrevistado en la funeraria del Vedado por Francisco Vergara, explicando sus anécdotas en México diciendo: “Ahora viene lo de Julito como general de la Revolución Mexicana. Una noche faltó a la función y…(18) “
Redactó el reportero de Bohemia: “Aquí Otero interrumpió la narración. Se puso de pie, se llevó una mano al bajo vientre y dijo:
- Caramba, qué dolor me ha dado…
Luego, se sentó. Su cuerpo cayó hacia adelante; después, durante unos segundos, fue presa de extrañas convulsiones. Los que lo rodeaban se lanzaron sobre él gritando angustiados:
- ¡Un médico! ¡Si hay un médico que venga pronto!
Alguien cargó con el cuerpo ya desmadejado que se había tornado tan blanco como la tela de su guayabera criolla.
Apresuradamente, enfiló hacia la escalera que descendía a la calle mientras los que lo seguían le indicaban:
- ¡Vamos a llevarlo a la clínica más cercana!
Todo era en vano, ya Otero iba muerto.
Había ganado la ‘apuesta”.
La misma revista reportó en la edición del 16 de noviembre del 58: “A las ocho de la noche su esposa lo estaba oyendo por radio. A las nueve, cuando fue ella a la funeraria a consolar a la viuda de Julito Díaz, se encontró a Otero muerto” (19).
Fue un “colapso cardíaco” y falleció en cuestión de minutos (20).
La versión de El Secretario
Cuarenta y dos años después, El Secretario, Miguel Angel Herrera, dio su versión para el programa Hablemos de Arte en una televisora latina de Florida.
El Secretario de La Tremenda Corte Miguel Angel Herrera.
Contó Herrera: “La noche que murió Julito Díaz, cuando terminamos de hacer La Tremenda Corte, eran las ocho y media, todos fuimos a la funeraria que estaba enfrente, ahí por supuesto, iba Otero, iba Mimí, Aníbal y claro, Leopoldo y yo”.
El Secretario relató que Otero se manifestó ocurrente, aunque consideró que “no estaban de acuerdo con el lugar donde estábamos, porque ese era su carácter, él quería a Julito Díaz, habían sido compañeros, habían trabajado juntos en Nueva York por muchísimos años y Leopoldo, también con ellos”.
Agregó que Aníbal le llamó la atención en una ocasión luego que Otero recostara su cabeza en el hombro y que en una segunda ocasión, tras volver a decirle “Viejo, estate tranquilo, por Dios”, notaron que Rudecindo estaba blanco “como la cera”.
Tras la sorpresa, Herrera contó: “entre todos lo entramos en un ‘pisa y corre’ que le decíamos en Cuba o station wagon como le dicen aquí (Miami) que tenía Leopoldo para llevarlo a la clínica de los artistas que estaba en la Calle 21.
“Lo llevó y desdichadamente en el camino Aníbal que iba detrás aguantando a Adolfo Otero, le dijo a Leopoldo ‘ya’, desdichadamente en el camino murió. Al día siguiente en la misma funeraria estaban tendidos los dos, Julito Díaz y Adolfo Otero”.
Las notas del luto
La columna de Alberto Giré “Radiovisión” en Diario de la Marina, publicó el 12 de noviembre que “la misma noche del lunes, tan pronto se conoció la triste nueva del repentino deceso de Adolfo Otero, todos los programas que en ese momento se estaban transmitiendo rindieron su póstumo homenaje al compañero desaparecido uniéndolo así al que tributaron horas antes otros espacios a Julito Díaz” (21).
Al martes siguiente, los medios cubanos dieron amplia cobertura al deceso de las dos estrellas cubanas.
El mismo periódico, decano de la prensa en Cuba, tituló en nota de primera plana, abajo a dos columnas ilustrada por dos fotos de estudio de los artistas: Mueren Julio Díaz y A. Otero, figuras del teatro cubano” y con el sumario: “El segundo fallece por el impacto emotivo en el velorio del primero. Duelo popular” (22).
La nota de la muerte de Otero y Díaz en la primera plana del Diario de la marina del 11 de noviembre de 1958.
En la nota, el diario informa: “Dos de sus figuras tradicionales acaba de desaparecer y sus muertes han quedado enlazadas como enlazadas estuvieron sus vidas”.
“(Otero) había acudido a la funeraria para rendir postrer tributo al amigo y al ‘confrere’ de toda una existencia, pero su corazón ya resentido por los años y por la brega, no sobrevivió al impacto emotivo”.
Las muertes incidieron fuertemente en la programación de la radio en aquel momento. Publicó Giré en su columna dos días después de los decesos: “La misma noche del lunes, tan pronto se conoció la triste nueva del repentino deceso de Adolfo Otero, todos los programas que en ese momento se estaban transmitiendo rindieron su póstumo homenaje al compañero desaparecido uniéndolo así al que tributaron horas antes otros espacios a Julito Díaz” (23).
El cuerpo de Julito Díaz, en foto publicada por la Revista Bohemia.
Ese miércoles el Diario de la Marina incluyó fotografías del funeral donde aparecen las carrozas de ambos actores rodeados de una multitud y de sus familiares, así como compañeros de trabajo (25).
Sol Pinelli comentaba entrevistado por los medios entre la muchedumbre que acudió al velorio de Julito: “De las aventuras de Julito en México, quien puede hablar mucho es Otero, que está por ahí. Por cierto, que él y Julito siempre que se encontraban, bromeaban sobre cuál de los dos moriría primero. Una vez oí que Adolfo ‘apostó’ que él moriría después que éste”.
Adolfo Otero en la llamada "última morada". Foto Revista Bohemia
En la misma anuncian: “Dispuesto su entierro para hoy martes, a las 4:30 p.m., los que suscriben, su viuda, hijos políticos, nietos, hermanos y hermanas políticos, en su nombre y en el de los demás familiares, ruegan a las personas de su amistad ese sirvan concurrir a la Funeraria Caballero Apartamento D 2do piso en 23 y M. Vedado para desde allí acompañar el cadáver hasta el Cementerio de Colón, favor que agradecerán. La Habana 11 de Noviembre de 1958” y decenas de rúbricas.
La profecía de las Siete Muertes
En el imaginario de los fans de la nota curiosa de aquellos años quedó grabada la coincidencia de siete muertes que incluían las de Otero y Díaz.
En 1950 la cinta “Siete muertes a plazo fijo”, dirigida y producida por Manolo Alonso, anunciaba la predicción de una serie de decesos que incluían a siete personajes.
“Película maldita”, rezaba el antetítulo de la Revista Bohemia dos semanas después de los fallecimientos de Otero y Díaz, con la cabeza “Y se cumplieron las profecías” firmada por Francisco Vegara.
“Según las profecías de un astrólogo (‘Crisantemus’ interpretado por Ernesto de Gali), siete de los que en él participaban en la película debían morir. Sólo tres de ellos morían en la cinta. Pero en la realidad el vaticinio resultaba exacto” (32).
Se trataba de seis personas y un loro, que efectivamente fallecieron entre 1950 y 1958.
El astrólogo de la cinta advertía que morirían los personajes que interpretaban Pedro Segarra, Eduardo Casado y un Loro, que fallecieron. Sin embargo, los cuatro condenados restantes de acuerdo a las predicciones de “Crisantemus’ seguirían vivos: Alejandro Lugo, Maritza Rosales, Hugo Monster y José Juan. Martínez Casado (33).
Segarra murió en el 51 víctima de un infarto, Casado se suicidó en el 53 y el loro murió electrocutado en 1958. (34)
Si bien los restantes cuatro no murieron en esa década, sus decesos fueron “cobradas” por otros personajes que participaron en la cinta: el actor Víctor Manuel Martínez Casado falleció víctima de un infarto en el 54, el camarógrafo Ricardo Delgado falleció arrollado por un tranvía meses después de terminada la filmación, Julito Díaz y Adolfo Otero.
Casi el fin de La Tremenda Corte
Y mientras en los cines de La Habana daban “El Mago” de Cantinflas, Fuga de Cadenas de Tony Curtis y las últimas funciones de El Temerario de Paul Newman, el impacto por la muerte de los actores fue tal que la misma serie estuvo a punto de desaparecer (28).
Una muchedumbre rodea dos carrozas durante el funeral de Otero y Díaz el 11 de noviembre del 58. Foto Diario de la Marina
En un recuento de hechos, la sección Tele-Radiolandia de Bohemia publicó: “El mismo día que fueron inhumados los restos de Julito y Otero, los intérpretes y autor de “La Tremenda Corte” - Mimí Cal, Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar y Cástor Vispo- se presentaron a los rectores del Departamento de Programas de CMQ a quienes informaron que no querían ‘seguir haciendo’ dicho espectáculo”. (29)
Fernández (Trespatines) fue contundente: “Eso no puede seguir”, dijo. “Ente muchas razones por esta: ¿Hay alguien que pueda sustituir a Otero? Me luce que no”.
Nananina, Mimi Cal, también expuso un argumento similar: “Ya no podemos hacer gracia sabiendo que él no está con nosotros”.
De izquierda a derecha, Leopoldo Fernández, la actriz Sol Pinelli, una persona no identificada, el guionista de La Tremenda Corte Castor Vispo y Aníbal de Mar en el funeral de quienes fueron sus compañeros. Foto Revista Bohemia
Bohemia explica lo que pudo ser el inicio de aquel episodio del miercoles 12 de noviembre: “La primera noche que participaron en la transmisión sin la presencia del compañero desaparecido, las lágrimas afluyeron a los ojos de los intérpretes: los concurrentes al estudio también sintieron los efectos del clima de aflicción que lo invadía todo”.
Pese a que era un programa cómico, resultó lo más dramática de las transmisiones y esto se escucha en la voz del Secretario cuando interactúa con el Señor Juez y cuando llama a Nananina donde en ese capítulo del día 12 se le oye quebrar la voz.
No se puede confirmar del todo la referencia, aunque en el programa Tres Patines menciona en sus diálogos que ese día es miércoles, este autor tampoco pudo confirmar si al día siguiente de la muerte, el martes 11 de noviembre, La Tremenda Corte no se transmitió, aunque todo hace parecer que dado el luto generado en la CMQ, tanto en radio como en TV, el programa no fue transmitido al día siguiente de los decesos.
El elenco de La Tremenda Corte en un estudio de la CMQ. De izquierda a derecha: Erdwin Fernández (Simplicio), Mimí Cal (Nananina), Adolfo Otero (Rudecindo), Miguel Ángel Herrera (El Secretario), Aníbal de Mar (El Señor Juez) y Leopoldo Fernández (Tres Patines).
La tristeza de los integrantes del programa no era para menos, el grupo tenía mucho tiempo juntos, aún antes de la CMQ que se transmitía a los radioescuchas cubanos.
Las emisiones eran programas que ya se habían transmitido, ahora con algunas variantes que el mismo Vispo había escrito para la RHC Cadena Azul, cuando La Tremenda Corte “constituyó un éxito radial de enormes proporciones y el gallego Rudecindo, la víctima consuetudinaria de Tres Patines seguiría presente en los mismos”.
Continuó Bohemia: “Parecía (La Tremenda Corte” llamada a desaparecer del horario de CMQ, dejaría paso a otro espectáculo humorístico del propio CV (Cástor Vispo) que no les proporcionaría tan amargos recuerdos a los que habían sido, más de veinte años en dicha transmisión, compañeros inseparables del gallego Otero” (30).
La Tremenda Corte se había transmitido desde 1941 hasta el 47 y transitó de la RHC a la CMQ en 1955 de donde se extrajeron los capítulos más conocidos en América Latina, particularmente del año 1958, había tenido episodios complicados donde sus integrantes se habían dejado de hablar y la rebatiña entre las dos cadenas había llegado a una “guerra radial” por sus integrantes (31).
Pero, La Tremenda Corte no terminó, al menos en ese 58, año que Cuba cerró con un cambio radical con la llegada de Fidel Castro. El programa continuó hasta el 61 en la isla y sus integrantes tuvieron destinos distintos dentro y fuera del país antillano.
Más allá de Cuba y el 58, las voces de Adolfo Otero y Julito Díaz siguieron sonando en la radio de América Latina y hoy aún hacen sonreír a los fans de La Tremenda Corte que pueden escucharse fuera de las frecuencias hertzianas bien custodiadas en el ambiente digital.
Notas (1)
Resumen teatral del año 1958, Página 143, Revista Bohemia, 28 de diciembre de 1958, Año 50, No. 52
(2,18, 26)
“Qué dolor más fuerte tengo”, pág. 76, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, no 50, No. 46
(3)
Columna Radiovisión de Alberto Giré, Diario de la Marina, 11 de noviembre de 1958, Pág. 18-A
(4)
Julito Díaz y Adolfo Otero no pudieron separarse en el mutis postrero, Pág. 82, Don Galaor, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(5, 6, 10, 15, 16)
“Qué dolor más fuerte tengo”, pág. 96, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(7, 12)
Julito Díaz y Adolfo Otero no pudieron separarse en el mutis postrero, Pág. 98, Don Galaor, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(8)
Julito Díaz y Adolfo Otero no pudieron separarse en el mutis postrero, Pág. 79, Don Galaor, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(9)
Julito Díaz y Adolfo Otero no pudieron separarse en el mutis postrero, Pág. 96, Don Galaor, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(11, 13)
“Qué dolor más fuerte tengo”, pág. 98, Revista Bohemia, 16 de noviembre de 1958, Año 50, No. 46
(14)
Rudy Rod, detective, Don Galaor, Revista Bohemia, Pág. 14, 24 de octubre de 1937
(17, 21, 23)
Diario de la Marina, 12 de noviembre de 1958, Pág. 13-A, Columna Radiovisión, Alberto Giré
(19)
Galaor, Don; “Julito Díaz y Adolfo Otero no pudieron separarse en el mutis postrero”. Revista Bohemia, La Habana, Cuba; 16 de noviembre de 1958, pag. 81; Año 50, No. 46.
(20)
Sección Tele-Radiolandia, Pág. 89, Revista Bohemia, 28 de diciembre de 1958, Año 50, No. 5
(22)
Diario de la Marina, 11 de noviembre de 1958, Pág. 1-A
(24)
Diario de la Marina, 12 de noviembre de 1958, Pág. 4-A
(25)
Diario de la Marina, 12 de noviembre de 1958, Suplemento Página 1)
(27)
Diario de la Marina, 11 de noviembre de 1958, Pág. 12-A
(28, 29, 30)
Bohemia, 23 de noviembre de 1958, Sección Tele-Radiolandia, pág. 54
(31)
Sección Radiolandia, Revista Bohemia, Pag. 40, 29 de septiembre de 1946, año 38, No. 39
(32, 33)
(Pag. 72, “Se cumplieron las profecías de 7 muertes a plazo fijo”, Bohemia, 30 de Noviembre de 1958).
(34)
(Pág. 87, “Se cumplieron las profecías de 7 muertes a plazo fijo”, Bohemia, 30 de Noviembre de 1958).
(35)
Libro de la Farándula Cubana 1900-1962, Francisco Gutiérrez Barreto, pág. 24
(36)
Libro de la Farándula Cubana 1900-1962, Francisco Gutiérrez Barreto, pág. 24
(37)
Libro de la Farándula Cubana 1900-1962, Francisco Gutiérrez Barreto, pág. 113
(38)
Libro de la Farándula Cubana 1900-1962, Francisco Gutiérrez Barreto, pág. 113